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Justicia para las víctimas de Bhopal
Juan López de Uralde
Director de Greenpeace España y ex responsable de Tóxicos de la ONG a nivel mundial
Mientras la ciudad dormía, la fábrica de pesticidas de Union Carbide liberó 40 toneladas de gases letales. Las cifras de la catástrofe son espeluznantes. Al horror de la tragedia, sin embargo, ha seguido el escarnio de la indiferencia por parte de la multinacional Union Carbide (ahora Dow Chemical, desde que esta corporación la comprara en 1999) responsable de la catástrofe. A día de hoy, el agua de la ciudad sigue contaminada. Muestras de agua potable tomadas recientemente siguen mostrando niveles de sustancias tóxicas 500 veces superiores a los límites máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, unas 20.000 toneladas de residuos continúan almacenadas en el edificio de la planta, sin que se haya acometido su retirada.
Ayer, finalmente, y ante la pasividad de Dow Chemical, que se ha negado a asumir cualquier responsabilidad en la catástrofe, el Gobierno indio ha anunciado que adoptará medidas para hacer frente a la herencia de la catástrofe. A día de hoy, los responsables de la empresa siguen eludiendo de manera efectiva el tener que responder ante los tribunales por lo ocurrido. El proceso penal sigue bloqueado 17 años después de presentada la demanda. El principal acusado, el ex director de Union Carbide en India, Warren Anderson, nunca ha comparecido ante la Justicia india a pesar de la orden de arresto por homicidio dictada en su contra en 2002; la demanda de extradición de 2003, fue rechazada por Washington.
El sufrimiento de las víctimas de Union Carbide es largo y doloroso.Las cifras no pueden dar una idea de la magnitud de una catástrofe relatada de manera brillante por los escritores Dominique Lapierre y el español Javier Moro en su libro Era medianoche en Bhopal.
El desastre ilustra, más que cualquier otro, el impacto de una globalización en la que es legítimo exportar las actividades industriales más peligrosas para los ciudadanos y el medio ambiente, pero no la seguridad ambiental o social. Cada vez más, los Estados están renunciando a su deber de proteger el bienestar público, frente al creciente poder de las corporaciones. Por eso la voz de las víctimas de Bhopal es la de todos aquellos que nos negamos a vivir en un mundo gobernado por las multinacionales, y exigimos a nuestros gobiernos que defiendan con firmeza el derecho de todos a un medio ambiente limpio.
Más allá de las palabras y los gestos, la responsabilidad de las empresas ante catástrofes como ésta sigue pendiente. Cierto es que se han inciado procesos como el de la llamada Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Pero no es más que una llamada voluntaria y, desde nuestro punto de vista, insuficiente. En la Cumbre de Johanesburgo, desde Greenpeace planteamos la necesidad de un Convenio Internacional que estableciera las reglas de la responsabilidad de las empresas en el marco de Naciones Unidas, para evitar que sucesos como el de Bhopal volvieran a ocurrir. Sin embargo, dos años después el proyecto continúa en el cajón del olvido de un mundo que no parece querer hacer frente con responsabilidad a sus propias pesadillas. En el 20º aniversario de la matanza de Bhopal exigimos, al menos, que a las víctimas se les haga justicia.
Fuente: El Mundo
Fecha: 03/12/04