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Lunes 7 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

El control del espacio aéreo

Las muertes de jóvenes soldados a causa del “fuego amigo” salta a los medios diariamente. Es fácil aducir que es causa de fallos garrafales en la coordinación de las operaciones entre los aliados, pero las cuestiones son mucho más complejas.

Diariamente saltan a los medios de comunicación social las muertes, los derribos de aviones y helicópteros y la destrucción de algún que otro vehículo a causa del “fuego amigo”, teniéndose que dar explicaciones, disculpas y condolencias cuando este fratricidio se produce entre los fuerzas de los ejércitos coaligados, Estados Unidos e Inglaterra.

Numerosos amigos me preguntan que cómo puede suceder esto y lo achacan a una mala coordinación en las operaciones entre las unidades terrestres y las aéreas y navales. La prensa también analiza el hecho y deduce los mismos resultados, es decir “fallos garrafales” entre los estados mayores aliados.

La verdad que el fratricidio ha sido uno de los problemas a resolver y no resuelto en la guerra moderna desde la Segunda Guerra Mundial, en donde se dieron casos flagrantes de ello, sin que nada se pudiera hacer salvo lamentarlo.

Las bajas propias por fuego amigo se producen generalmente en aire y tierra, porque una de las cuestiones más complicadas en una acción bélica es la coordinación del espacio aéreo. No hace falta más que recordar que para el vuelo de las aeronaves comerciales, se ha establecido una organización muy compleja, sobre la base de distribución de responsabilidades en el control del espacio aéreo, la existencia de controladores, radares de seguimiento, rutas aéreas a distintas alturas, planes de vuelo, traspondedores en los aviones que permiten una identificación automática desde tierra de todas las características de dicho vuelo, y un conjunto de normas operativas y técnicas, que proporcionan un alto grado de seguridad, sin que se descarten errores técnicos y humanos y choques de aviones en el aire. Pues bien si pensamos que el espacio aéreo de Irak está surcado por icontables aviones, procedentes de los cuatros puntos cardinales, por helicópteros de las divisiones terrestres (cada división tiene su unidad de helicóptero y gran parte, por ejemplo del Séptimo de Caballería, utiliza también este medio), por los misiles lanzados desde los barcos y plataformas aéreas, por los proyectiles y cohetes de la artillería y de los carros de combate (en España al tanque se le denomina de esa forma), etc., nos podemos hacer idea de su complejidad.

Esta complejidad se acrecentaría si el adversario dispusiera de alguna capacidad de detentar el espacio aéreo, en donde las tropas aliadas tendrían que hacer uso intensivo de sus medios antiaéreos, sobre la base de cañones y misiles de corto y medio alcance, y en donde se podría confundir un objeto volador propio como enemigo y se produciría su derribo, acción, desgraciadamente usual, y causa de la mayoría de los derribos, problema que se arrastra desde 1940.

En el ámbito terrestre la coordinación también tiene mucha complejidad. Las unidades terrestres se mueven por el terreno, siendo imposible determinar exactamente el lugar donde se encuentran, por lo que se pueden confundir el movimiento de unidades propias con las enemigas. Hay que tener en cuenta que lo visto en las películas de que el piloto observa visualmente la columna de vehículos y se apresta a atacarlo, no es como se desarrolla actualmente la acción, debido a que en el pasado los aviones volaban a 200 o 300 kilómetros por hora y ahora lo hacen a más de mil, precisamente para evadirse del fuego enemigo. La columna se detecta en el radar de a bordo, se comunica al elemento de control del espacio aéreo, y éste si no lo tiene identificado como amigo, ordena o no veta la acción de fuego.

Otra causa del “fuego amigo” es cuando se realiza “fuegos de apoyo” en beneficio de las tropas que avanzan en primera línea, constituyendo una barrera de fuego delante de las mismas para protegerla del enemigo. Se recomienda que esa barrera se produzca lo más próximo a las tropas propias, única forma de proporcionarle una eficaz protección, pero tiene como contrapartida que se pueden producir bajas propias cuando las unidades avanzan momentáneamente más rápido de los previsto y se produce una leve descoordinación.

El autor de esta líneas, ha realizado en su época militar el curso de apoyo aéreo y se ha encontrado en maniobras en situaciones de complejidad y de riesgo por estas causas, sin que el número de elementos que aprovechaban el espacio aéreo fuera especialmente abundante, por lo que en un espacio saturado, como es el iraquí, las situaciones de peligro se multiplican por mil y el fratricidio se produce desgraciadamente. Qué ello es un fallo tecnológico o humano, evidente, qué estoy seguro que cada vez que se produce se toman las medidas para subsanarlo en el futuro, desde luego, pero que volverán a repetirse, también desde luego, porque en una guerra, las situaciones son tan cambiantes y no puede decirse que una sea casi asimilable a otra.

Los que más sienten este hecho son los propios combatientes, tengamos comprensión por ello y nuestras condolencias.

Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

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