Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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¿Se acabó?
Desde Nueva York
El anuncio lo hizo el embajador
iraquí ante la ONU: «It's over», se acabó, antes de encerrarse a
cal y canto en su residencia. Las imágenes que llegaban de
Bagdad, unas imágenes que Washington venía esperando desde que
empezó la guerra, parecían confirmarlo: la estatua de Sadam
derribada, la gente bailando por las calles, sonrisas, abrazos,
banderas norteamericanas, dedos en forma de V, la Guardia
Republicana evaporada, el régimen desintegrado, ningún ministro
en su Ministerio y Sadam, ¿dónde está Sadam? Pues muerto o en su
búnker, sin atreverse a salir. Todo en 24 horas. Los regímenes
totalitarios desaparecen así, de la noche a la mañana, en cuanto
la gente le pierde el miedo al dictador y se siente libre.
¿Se acabó realmente? No tan deprisa, no tan deprisa, nos
advierte la Administración Bush, metida de repente a frenar
optimismos exagerados. En el frente norte se lucha todavía. En
Bagdad y Basora quedan focos de resistencia. Hay que restablecer
el suministro de agua, de electricidad, de víveres. Quedan
montones de cosas por hacer. La primera, restablecer el orden.
Porque no se ha venido abajo sólo un régimen, se ha derrumbado
el entero sistema de orden público y las ciudades iraquíes han
pasado de campo de batalla a campo de Agramante, con barra libre
para el vandalismo y el pillaje. Algo que puede hacer peligrar
la entera operación.
El orden de Sadam era malo. Pero la falta
absoluta de orden es todavía peor. Los norteamericanos han
liberado Iraq de una dictadura, pero no pueden dejarlo en manos
de la anarquía. A ellos les corresponde la responsabilidad de
dotar al país de un orden más justo, más humano, más seguro. Lo
que puede resultar bastante más difícil que ganar la guerra.
Claro que sin ganar la guerra no podría establecerse un nuevo
orden. Y la guerra, no hay duda, se ha ganado. De momento, eso
es lo importante, que no ha sido otro Vietnam ni otro
Stalingrado, como pronosticaban unos y temían otros. El suspiro
de alivio ha debido oírse en Europa. Como se oyó aquí el
desilusionado de los tres mosqueteros, Chirac, Schröder y Putin.
José María Carrascal
Periodista y Escritor.
Fuente: La Razón
11/04/03