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Viernes 11 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

¿Se acabó?

Desde Nueva York

El anuncio lo hizo el embajador iraquí ante la ONU: «It's over», se acabó, antes de encerrarse a cal y canto en su residencia. Las imágenes que llegaban de Bagdad, unas imágenes que Washington venía esperando desde que empezó la guerra, parecían confirmarlo: la estatua de Sadam derribada, la gente bailando por las calles, sonrisas, abrazos, banderas norteamericanas, dedos en forma de V, la Guardia Republicana evaporada, el régimen desintegrado, ningún ministro en su Ministerio y Sadam, ¿dónde está Sadam? Pues muerto o en su búnker, sin atreverse a salir. Todo en 24 horas. Los regímenes totalitarios desaparecen así, de la noche a la mañana, en cuanto la gente le pierde el miedo al dictador y se siente libre.

¿Se acabó realmente? No tan deprisa, no tan deprisa, nos advierte la Administración Bush, metida de repente a frenar optimismos exagerados. En el frente norte se lucha todavía. En Bagdad y Basora quedan focos de resistencia. Hay que restablecer el suministro de agua, de electricidad, de víveres. Quedan montones de cosas por hacer. La primera, restablecer el orden. Porque no se ha venido abajo sólo un régimen, se ha derrumbado el entero sistema de orden público y las ciudades iraquíes han pasado de campo de batalla a campo de Agramante, con barra libre para el vandalismo y el pillaje. Algo que puede hacer peligrar la entera operación.

El orden de Sadam era malo. Pero la falta absoluta de orden es todavía peor. Los norteamericanos han liberado Iraq de una dictadura, pero no pueden dejarlo en manos de la anarquía. A ellos les corresponde la responsabilidad de dotar al país de un orden más justo, más humano, más seguro. Lo que puede resultar bastante más difícil que ganar la guerra. Claro que sin ganar la guerra no podría establecerse un nuevo orden. Y la guerra, no hay duda, se ha ganado. De momento, eso es lo importante, que no ha sido otro Vietnam ni otro Stalingrado, como pronosticaban unos y temían otros. El suspiro de alivio ha debido oírse en Europa. Como se oyó aquí el desilusionado de los tres mosqueteros, Chirac, Schröder y Putin.

José María Carrascal
Periodista y Escritor.
Fuente: La Razón
11/04/03

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