Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Una pequeña iraquí,
primera víctima civil atendida en el buque Galicia
La primera entrega
de ayuda transportada por la flotilla española atracada en el puerto
iraquí tuvo que suspenderse en medio del tumulto provocado entre la
población

El
primer reparto de la ayuda humanitaria transportada por las tropas
españolas enviadas al puerto iraquí de Um Qasr tuvo que suspenderse ayer
en medio de las ya habituales escenas de caos que suelen acompañar desde
hace días a estos actos incluidos en la campaña para ganar «mentes y
corazones» -así lo denominan en el argot propio de su oficio- que
apadrinan los militares de la coalición anti Sadam.
Dos
camiones cargados con 5.000 litros de agua y 3.000 raciones de comida,
escoltados por infantes de marina del Primer Batallón de la Armada de
San Fernando (Cádiz), abandonaron el puerto en torno a las 11.30 de la
mañana (hora local). El jefe de la operación, el almirante Juan
Antonio Moreno Susanna, aclaró que ésta era la primera y única entrega
que se haría «directamente a la población».
Susanna precisó que «el resto se hará a través de la autoridad
local», aunque los únicos responsables ahora en ese enclave son los
uniformados británicos cuyos esfuerzos por distribuir la asistencia no
han sido más fructíferos.
En
un principio, los militares españoles consiguieron mantener un aparente
orden en la afluencia de residentes locales, pero el asunto pronto
derivó en tumulto. Cuando no se había entregado ni la mitad de la
carga, los jefes del operativo decidieron replegarse al puerto.
«He
decidido retirar a mis hombres ante el cariz que tomaban los
acontecimientos y para evitar males mayores», declaró el almirante
Moreno Susanna a la agencia Efe.
El
militar español reconoció que «las ONG deberían tener un mayor
protagonismo [en el reparto de la ayuda], pero hasta ahora los únicos
que estamos sobre el terreno somos los militares. Esperamos que vayan
llegando para ocupar su lugar».
Las ONG
no parecen dispuestas a trabajar bajo el control de los uniformados como
han repetido desde el inicio del conflicto. Un portavoz de la ONG
Save the Children, que se encontraba ayer en Um Qasr, no pudo por menos
que descalificar el desarrollo de la entrega apadrinada por los soldados
españoles.
Fuerzas
de ocupación
Una
portavoz de Cruz Roja Internacional, Antonella Notari, exigió también a
las «fuerzas de ocupación [sic]» que «faciliten el trabajo a la gente
que puede realizar las tareas humanitarias», en referencia a las
ONG.
La
lentitud en el restablecimiento de la normalidad en el sur iraquí
provocó incluso la crítica del líder local Ahmed Chalabi, apadrinado por
Estados Unidos, quien se cuestionaba ayer «¿dónde está el general
Garner [Jay Garner, el regente de facto del Irak post Sadam] en este
momento?».
«Aquí
en Nasiriya la gente tiene necesidad de ayuda. ¿Por qué no trabajan para
restaurar la electricidad? ¿Por qué están en Kuwait [Garner se aloja en
un exquisito hotel de lujo kuwaití] cuando la gente sufre? La gente
tiene hambre y sus provisiones se acaban», declaró Chalabi.
El
comandante Jeff Jurgensen, miembro de la oficina de Garner instalado ya
en Um Qasr, intentó justificar la demora ante los requisitos de la
«seguridad». «Cuanto más pronto se estabilice la seguridad más
pronto seremos capaces de extender nuestras operaciones».
Además de la ayuda humanitaria, la flotilla española transporta dos
hospitales completos, uno de ellos móvil, que será desplegado en Um Qasr
en los próximos dos días. Desde Qatar se alabó la contribución española
y especialmente el hecho de que el buque Galicia incluya un hospital de
campaña, «que constituye una contribución muy importante de la
coalición hacia el pueblo iraquí», en palabras del general Vincent
Brooks, subdirector de operaciones del mando aliado en Doha (Qatar).
El
almirante Moreno Susanna precisó que en la dotación bajo su mando hay
«más de 40 médicos de todas las especialidades que esperamos empiecen a
pasar consulta en pocos días. Además contamos con cuatro quirófanos, dos
de ellos de campaña».
De
hecho, ayer el Galicia recibió a su primera paciente, una pequeña de dos
años llamada Hani, herida en la cabeza tras la explosión de un misil
lanzado por las mismas tropas de la alianza que cayó en su domicilio.
Fuente: El Mundo
11/04/2003