Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
 |
|
| |
 |
|
|
Bagdad bien vale una “misa”
La diplomacia
vaticana ante la reciente crisis de Irak.
Días antes de que se iniciaran las hostilidades de la coalición
internacional contra el régimen de Sadam Hussein, se me invitó por un
miembro del Consejo de Redacción de la revista “Crítica”, editada por el
Instituto Teresiano, a escribir un artículo en un número dedicado
exclusivamente a la guerra, o mejor dicho, “contra la guerra”. Lo fácil
hubiera sido apoyarme en la postura que en aquellos momentos estaba
manifestándose en el Vaticano y escribir que se debía insistir en el
diálogo, como única forma de preservar la paz.
Para recordar las escenas, el viceprimer ministro Tarik Azis,
cristiano del rito caldeo, Iglesia que al parecer había aceptado la
supremacía del Papa, visitó al Sumo Pontífice y le pedía que
intercediera ante la comunidad internacional para impedir que el rayo de
la guerra afectara a su atormentado país, ya de por sí bastante
destrozado por más de diez años de embargo económico. Simultáneamente a
aquella entrevista, la televisión oficial iraquí y otras que
conectaban con ella, nos mostraban los hospitales bagdadí, con niños
desnutridos, escasez de medicinas, médico desesperados por la falta
de medios y un largo etcétera, que hacía ver a cualquier conciencia
occidental y mucho más a una tan sensibilizada con el dolor ajeno, como
la del Vaticano, que había que poner el remedio posible, no solo para
impedir el ataque, sino para liberar a Irak del asedio económico fijado
por la ONU. Por supuesto las escenas de los cien palacios del
presidente, de los grifos de oro, del mármol fino, de la riqueza de los
magnates del régimen y la opulencia frente a la pobreza, vendrían
después, engañando de la forma más miserable a quién tiene por
misión difundir por todo el orbe el mensaje de paz de Jesus.
Sin querer rendirme ante lo fácil, opté por la postura del estudioso, es
decir el bucear en lo escrito por quién tenía obligación de hacerlo, el
Concilio Vaticano II, cuyos textos tendrán una vigencia de muchos
años, porque se adelantaron considerablemente a los acontecimientos.
Para situarnos, el Concilio de desarrolló durante los primeros años de
la década de los sesenta, en plena guerra fría y durante el cual se
levantó el muro de Berlín y se produjo la célebre crisis de los misiles
de Cuba, que pudo iniciar la tercera guerra mundial. Pues bien el
Concilio supo distanciarse de la situación del momento y tener una
visión prospectiva del futuro inmediato, con un mundo distinto, como así
ocurrió treinta años más tarde y ¿qué son treinta años para la historia
de la Humanidad?.
Para el Concilio la erradicación de la guerra no es posible, porque en
“la medida en que el hombre es pecador, amenaza y amenazará el
peligro de la guerra hasta el retorno de Cristo”.
Fuentes solapadas del Vaticano difundieron la posibilidad de
ex-comunión contra lo líderes mundiales que apoyaran la acción bélica.
En España, los periodistas solicitaron aclaración al cardenal Rouco, y
en su contestación simplemente demoraba el momento, empleando un
lenguaje enrevesado para decir si y no al mismo tiempo. Seguramente el
Vaticano estaba pensando en el horror de la guerra total: “Toda
acción bélica que tiene indiscriminadamente a la destrucción de ciudades
enteras o de extensas regiones junto con sus habitantes, es un crimen
cnttra Dios y la humanidad que hay que condenar con firmeza y sin
vacilaciones”. Tal vez en al entrevista de José María Aznar con
Juan Pablo II, le recordó ese párrafo y le advirtió del peligro, aunque
estoy seguro que en ningún plan de operaciones de Estado Unidos se haya
planteado este tipo de destrucción masificada.
¿Qué hablaron Aznar y el Papa?.
El Vaticano tenía obligatoriamente, porque sufre en sus carnes, de forma
permanente, el radicalismo islámico, acercar posturas al mundo árabe, de
hacer ver que la religión católica, puede convivir con la doctrina de
Mahoma e impedir que los fieles y sacerdotes que conviven en países
musulmanes se sientan atropellados y considerados ciudadanos de segunda.
En un principio se expuso que había habido puntos comunes entre el Papa
y Aznar, pero días más tarde se obviaron estas identidades y se
profundizaron en las diferencias. ¿Postura pactada de cara al mundo o
cambio en el punto de vista del Vaticano?.
Lo cierto es que tras aquellas declaraciones y las subsiguientes durante
el transcurso de las operaciones, cada vez más tibias y distantes, la
realidad es que en la actualidad, desde el Vaticano no se efectúa
ninguna declaración condenatoria, incluso parece que la nueva
encíclica, que para algunos es un retroceso en el espíritu del Concilio
Vaticano II, pueda ser una forma de alejar la controversia del mundo
cristiano, por el caso de Irak.
La diplomacia de la Iglesia es demasiada profunda, no en balde lleva
bandeando entre aguas turbulentas desde hace dos mil años y hasta la
nueva llegada de Cristo lo seguirán haciendo.
Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es