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Jueves 24 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

La hora de Jay Garner

Tras la batalla de las armas, llega la batalla del poder. La posguerra en Irak viene cargada de incógnitas, no tanto sobre la naturaleza de la autoridad de transición, sino sobre sus actividades y repercusiones. Han sido numerosas las declaraciones de políticos europeos a favor de una administración de Naciones Unidad en Irak, pero desde hace tiempo Donald Rumsfeld había acuñado un eslogan muy diferente: "UN role, yes, UN rule, no".

 

La ONU tendrá un papel en Irak, sobre todo humanitario, pero no gobernará el país. Quienes se sienten liberadores del país, minimizan el papel de una organización que no pudo o no quiso frenar el desafío de Sadam Husein. En el mejor de los casas, quizás se asigne a la ONU un papel posterior, cuando haya que elaborar una Constitución y convocar elecciones. Por lo demás, a diferencia de la guerra de 1991, Washington no se siente obligado con los árabes, que tan sólo le han prestado una cooperación pasiva. El diseño post-Sadam es, por tanto, uni-lateral. No vemos en Bagdad a un administrador civil, designado por el Consejo de seguridad como en Bosnia y Kosovo, sino a un hombre de confianza del Pentágono: Jay Garner, un general retirado y presidente de una empresa de armamento que fabrica los misiles Patriot.

En su historial militar está la operación Provide Comfort, una tarea de asistencia humanitaria a la población kurda. Sin embargo, algunos medios árabes le reprochan ser tanto o más pro-israelí que Cheny Rumsfeld o Wolfowitz.

A Garner le califican de "virrey", "gobernador" o "sheriff", pero su cargo es el de presidente de la Oficina para Reconstrucción y Asistencia Humanitaria del Pentágono. No pretende que le juzguen por sus antecedentes, sino por su labro de distribución de alimentos y medicinas de reconstrucción de infraestructuras o de recuperación del aparto administrativo.

Quiere ser juzgado por su eficacia pero también habrá de serlo por su habilidad y prudencia en el complicado mosaico iraquí. Además la administración del Irak post-Sadam cuenta con una mujer: Barbara Bodine, antigua embajadora en Yemen y experta en asuntos de la península arábiga. Se diría que se pretende recordar la figura de Gertrude Bell, aquella orientalista amiga de Churchill y T.E. Lawrence, que fue asesora de los británicos en la Mesopotamia colonial de 1920. Pero Bodine es la única diplomática en un organigrama encabezado por militares retirados o en activo. La principal preocupación de Washington en Irak es, en definitiva, la seguridad.

Antonio R. Rubio
Historiador y Jurista
Fuente: La Gaceta de los Negocios.
23/04/2003

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