Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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La hora de Jay Garner
Tras la batalla de
las armas, llega la batalla del poder. La posguerra en Irak viene
cargada de incógnitas, no tanto sobre la naturaleza de la autoridad de
transición, sino sobre sus actividades y repercusiones. Han sido
numerosas las declaraciones de políticos europeos a favor de una
administración de Naciones Unidad en Irak, pero desde hace tiempo Donald
Rumsfeld había acuñado un eslogan muy diferente: "UN role, yes, UN rule,
no".
La ONU tendrá un papel en
Irak, sobre todo humanitario, pero no gobernará el país. Quienes se
sienten liberadores del país, minimizan el papel de una organización que
no pudo o no quiso frenar el desafío de Sadam Husein. En el mejor de los
casas, quizás se asigne a la ONU un papel posterior, cuando haya que
elaborar una Constitución y convocar elecciones. Por lo demás, a
diferencia de la guerra de 1991, Washington no se siente obligado con
los árabes, que tan sólo le han prestado una cooperación pasiva. El
diseño post-Sadam es, por tanto, uni-lateral. No vemos en Bagdad a un
administrador civil, designado por el Consejo de seguridad como en
Bosnia y Kosovo, sino a un hombre de confianza del Pentágono: Jay Garner,
un general retirado y presidente de una empresa de armamento que fabrica
los misiles Patriot.
En su historial militar
está la operación Provide Comfort, una tarea de asistencia humanitaria a
la población kurda. Sin embargo, algunos medios árabes le reprochan ser
tanto o más pro-israelí que Cheny Rumsfeld o Wolfowitz.
A Garner le
califican de "virrey", "gobernador" o "sheriff",
pero su cargo es el de presidente de la Oficina para Reconstrucción y
Asistencia Humanitaria del Pentágono. No pretende que le juzguen por sus
antecedentes, sino por su labro de distribución de alimentos y medicinas
de reconstrucción de infraestructuras o de recuperación del aparto
administrativo.
Quiere ser juzgado por su
eficacia pero también habrá de serlo por su habilidad y prudencia en el
complicado mosaico iraquí. Además la administración del Irak post-Sadam
cuenta con una mujer: Barbara Bodine, antigua embajadora en Yemen y
experta en asuntos de la península arábiga. Se diría que se pretende
recordar la figura de Gertrude Bell, aquella orientalista amiga de
Churchill y T.E. Lawrence, que fue asesora de los británicos en la
Mesopotamia colonial de 1920. Pero Bodine es la única diplomática en un
organigrama encabezado por militares retirados o en activo. La
principal preocupación de Washington en Irak es, en definitiva, la
seguridad.
Antonio R. Rubio
Historiador y Jurista
Fuente: La Gaceta de los Negocios.
23/04/2003