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Viernes 25 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Los Inspectores de la ONU

¿Es necesaria la certificación de los Inspectores de la ONU para la destrucción de las armas prohibidas en Irak? ¿Es una mera presión de determinados países sobre la alianza que ha derrocado a Sadam Hussein?.

Una de las condiciones impuestas por determinados países para levantar las sanciones contra Bagdad es que vuelvan los inspectores de la ONU, comandados por Hans Blix, para que sigan buscando armas de destrucción masiva y certifiquen su eliminación. Simultáneamente a todo este proceso, Blix ha acusado a EE.UU. y a su Secretario de Estado, Clin Powell, de falsear pruebas para atacar Irak.

Muchos medios de comunicación social se hacen eco de estas exigencias y estas acusaciones, y vuelven con su cruzada anti-Bush, con la ilegalidad de la guerra y con el eslogan de “No a la guerra”.

En realidad todo esto entra en el terreno de lo esperpentico. En primer lugar, el “gobernador general” de Irak –Administrador General-, es el norteamericano, general retirado, Jay Garner, que se apoya en un complejo gobierno constituido por iraquíes de distintas tendencias con el asesoramiento de militares, diplomáticos y políticos, americanos y británicos, por lo que este conjunto, al que se le han sumado en la normalización del país, parte del ejército y de la policía “depurados”, ellos conocerán antes que nadie la existencia de posibles escondrijos o depósitos de armas de destrucción masiva, siendo los más interesados en declararlos y a continuación destruirlos. El deambular por el territorio iraquí un grupo de inspectores internacionales, que tienen que recabar información de las autoridades constituidas, es decir las norteamericanas, para inspeccionar el lugar y posteriormente certificar sobre la existencia o no de armas, parece exclusivamente una excusa, para hacer ver a los vencedores del conflicto bélico, que el único que puede dar legalidad al hecho ante las Naciones Unidas y que éstas puedan levantar las sanciones.

Todo se reduce a un pulso entre la ONU. y EE.UU., y la primera tiene todos los visos de perderlo, lo mismo que perdió el derecho a iniciar en el momento que hubiera querido la acción bélica. Si este pulso se endurece y la ONU no cede, el golpe que los norteamericanos están pensando dar a la institución puede que se adelante. En su momento ya dijimos que un nuevo orden mundial está en ciernes, y que no solamente Norteamérica, sino un conjunto de entre veinte y treinta países, considera que la razón de existir de las Naciones Unidas ha dejado de ser con el espíritu de la Segunda Guerra Mundial.

Por otra parte, Hans Blix, acusando a Colin Powell de que se ha “estafado” a la opinión pública, causa un efecto como de fuera de lugar ¿porqué no lo ha hecho antes?. Este hecho se denunciaba en esta columna hace algún tiempo, y no solamente por parte de los aliados belicistas, sino también por los contrarios. Lo curioso es que ahora se vuelva sobre la legalidad de la guerra, insistiendo que ésta no debiera haberse producido, dándose con ello la paradoja, que si así hubiera sido, aún estaríamos soportando a Sadam Hussein y treinta y ocho millones de iraquíes estarían sufriendo bajo la suela del dictador, mientras él y sus inmediatos partidarios, se “forraban” a costa de sus conciudadanos.

Miramos al pasado cuando hay que mirar al futuro. Este pasa por restañar heridas; hacer próspero al pueblo iraquí; restablecer su infraestructura; impulsar su economía; propiciar la apertura política, dando entrada a todos los partidos políticos; crear el marco adecuado para sunnitas y chiítas puedan vivir en paz y manifestarse religiosamente según sus creencias, sin tener que estar amenazado de que unos dominen a los otros; etc; cuestiones todas ellas que deben iniciarse con el levantamiento de sanciones, acción que por otra parte no va a tener ninguna efectividad, excepto el protagonismo que quiere darle Bush a la ONU con ello, porque en caso de que el Consejo de Seguridad no se pronuncie, las sanciones serán levantadas de facto, al romper el bloqueo los países que han apoyado la acción bélica contra el régimen baasista.

Determinados políticos, incluidos algunos nacionales, pero otros muchos del entorno de las Naciones Unidas de los Estados que levantaron de bandera una opción derrotada, miran con añoranza al pasado y se aferran a él, sin comprender que hay inexorablemente que mirar al futuro, como dicen los gurús de la empresa, Prahalad y Hamel, el futuro hay que comprenderlo y quién no lo hace está predestinado al fracaso.

Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

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