Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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La resaca
Powell ha
reconocido públicamente lo que todos sabíamos, que la política seguida
por Francia en la cuestión iraquí tendría serias consecuencias en el
futuro de sus relaciones con EE.UU.. Atrás quedan los años de la Guerra
Fría en los que la amenaza soviética requería de unas alianzas
cohesionadas. Entonces Washington se veía obligada a consentir los
periódicos actos de afirmación francesa.
Hoy,
como Rumsfeld explicó en uno de sus viajes por Europa, frente a
amenazas cambiantes ya no son necesarias alianzas permanentes sino
«de voluntad», reuniones de estados «ad hoc» para campañas
específicas. Si Francia considera que el problema fundamental no es el
terrorismo internacional y la proliferación de armas de destrucción
masiva sino el poder hegemónico y global de Estados Unidos, está en
su derecho para tratar de organizar acciones de contrapoder, pero tendrá
que asumir los costes de su política.
Chirac
utilizó al Consejo de Seguridad para atar a Bush, impidiendo que la
crisis se resolviera en el marco de la ONU, con el consiguiente daño
para la institución; dividió a los europeos y humilló a los estados
candidatos, asumiendo una portavocía continental que nadie le había
otorgado y, además, dañó a la Alianza Atlántica al negarse a considerar
los requerimientos turcos.
La
clase política norteamericana ha decidido enfrentar al gobierno de París
con la realidad en toda su crudeza. Chirac ha hecho disfrutar a los
franceses jugando a gran potencia, mientras desoía a sus diplomáticos
cuando le recordaban dónde estaban los intereses nacionales. Ahora
Francia se verá ante las consecuencias de sus actos. Pronto
comprobaremos hasta dónde llega Bush en esta nueva política.
Florentino Portero
Analista del Grupo de Estudios Estratégicos
Fuente: ABC
24/04/2003