Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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El
Irak posible
La
reconstrucción de Irak quedaría incompleta si solamente se pensara en su
reconstrucción física. Hay que llevar a cabo la reconstrucción moral,
social y política. De su éxito o fracaso depende la futura convivencia
en Oriente Medio.
Hablar de Irak, cuando en la prensa se le dedica relativamente poco
espacio, más de carácter sensacionalista que de otra clase, parece que
agota el objetivo que se fijó Belt Ibérica, S.A., cuando en aras
de prestar un servicio a sus clientes, recogió en su Portal del
Conocimiento un especial sobre Irak, sobre el conflicto, su
desarrollo y consecuencias en el mercado mundial de la seguridad,
intentando transmitir una visión imparcial y fundamentalmente técnica.
Anteriormente dos noticias dieron pie a constituir una parcela del
Portal dedicada a las mismas, el atentado contra las Torres Gemelas del
11 de septiembre de 2001 y la crisis del Prestige de noviembre del 2002.
En el caso de la guerra de Irak se han inscritos artículos propios,
resaltando los emitidos desde EE.UU., cuando el director de
Relaciones con Clientes de Belt, asistía a un congreso dedicado al tema
de la seguridad internacional, convocado con anterioridad al conflicto,
pero que sirvió para radiografiar de forma certera los sentimientos
norteamericanos en su lucha contra el terrorismo internacional.
Otros artículos se han extraídos de la prensa nacional e internacional,
insertándose los que a juicio del comité creado al efecto por Belt,
mejor se ajustaban a la realidad y presentaban los hechos con menos
motivaciones de índole políticas.
Sin embargo parece que en todo este conjunto falta por hablar de cómo se
puede vislumbrar el futuro de Irak. En su organización política no se
darán pasos apresurados ni se tomarán decisiones rápidas, siempre
inciertas y teñidas del acaloramiento de más de treinta años de régimen
dictatorial y de un conflicto bélico, pero es seguro que el
administrador general, Jay Garner, tendrá como misión, aparte de la
reconstrucción del país, la de restañar las heridas entre los pueblos
árabes y los occidentales, haciéndoles comprender que comienza una nueva
era de convivencia, en donde las dos civilizaciones pueden relacionarse
en paz y armonía.
Irak tiene en si mismo un gran desafío, el de conciliar las
posturas de tres enemigos irreconciliables, los kurdos al norte, los
sunníes en el centro y los chiítas al sur, en donde los terceros
representan al 60% de la población, siendo algo más los sunníes que los
kurdos. Por supuestos los tres colectivos no son uniformes internamente
en sus planteamientos políticos, sino que se presentan con grandes
fracturas, una de ellas, la chií, cargada de una enorme carga de
islamismo. Por ello uno de los primeros planteamientos es hacer ver que
la religión debe quedar al margen de la política y que el nuevo
estado debe reflejar una convivencia laica, es decir su
constitución debe tener este carácter.
Estos grupos están radicados en territorios definidos, por lo que debe
pensarse en una república laica federal. Aunque cada colectividad
debe de sentirse administrativamente adscrita a uno de los estados
federados, debe intentar huirse de constituir solamente tres estados,
uno por colectividad, porque ello generaría tensiones y enfrentamientos
étnicos y religiosos, procurándose la existencia de varios estados
laicos en donde convivan preferentemente los chiítas, otros tantos los
sunnitas y los kurdos.
La descentralización política, judicial y administrativa debe ser lo
suficientemente amplia que cubra las máximas aspiraciones de cada
sociedad, manteniéndose en todo momento un poder central lo
suficientemente fuerte, en donde todos se sientan representados que
evite la disgregación nacional.
Con objeto de evitar que la mayoría chií imponga su mayoría en la
elección presidencial, debería establecerse un sistema de compromisarios
similar al existente en Estados Unidos. El poder legislativo sobre la
base de dos cámaras, una que represente a la población y la otra a los
estados federados.
Cuestión más complicada es la estructura militar, que debe
mantenerse en manos de la federación, no cayendo en el error de
asignar fuerzas militares a las distintas facciones, fuente permanente
de conflictos internos, debiendo controlar los estados federados
exclusivamente a sus propias policias.
El reto que tiene la comunidad internacional, liderada por EE.UU., es
impresionante, pero factible. De su éxito o fracaso depende una nueva
forma de convivencia pacífica en Oriente Medio. Esperemos que todo salga
según lo previsto.
Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es