Dionisio Salán: "Perdí mi juventud apagando fuegos"
Dionisio Salán es
un bombero jubilado del Ayuntamiento de Madrid condecorado con la Paloma
de Honor.
Sus
compañeros de toda la vida han querido rendirle un homenaje otorgándole
la Paloma de honor al mérito al trabajo.
Pregunta:
¿Por qué cree usted que le
han otorgado esta condecoración?
Respuesta:
Pues porque soy muy bueno,
o era (entre risas). Eso es lo que decían mis compañeros así que será
por eso por lo que me han dado el premio.
P: ¿Ha
sido uno de los momentos más emotivos de su vida?
R:
Hombre pues sí, quizá me
he emocionado más la entrega de la paloma que el día que me jubilé... y
ya es decir, ya que ese día fue muy importante para mí.
P:
¿Se arrepiente de haber
dedicado su vida al Cuerpo de Bomberos?
R:
Pues unas veces sí y otras
veces no. Perdí toda mi juventud apagando fuegos, pero también he pasado
momentos muy buenos. Una vez, apagando un fuego en el paseo de
Extremadura oí el llanto de un niño. Entré a por él y le saqué de allí
en cuanto pude. A la salida le entregué el pequeño a un policía. Fue un
momento muy especial.
P:
¿Y si alguno de sus hijos
le dijera que quiere dedicarse a lo mismo que usted?
R:
¡Les mato! Tengo tres
hijos, dos chicas y un chico. La verdad es que el chico nunca lo
planteó, le gustaba la informática y por ahí se decantó. Lo que sí que
tengo son varios sobrinos que son ahora bomberos.
P:
¿Era más fácil o más
difícil ser bombero en su época que ahora?
R:
Pues depende. Si nos
referimos a las pruebas que hay que hacer para entrar en el Cuerpo, está
claro que ahora es muchísimo más difícil. Pero en nuestra época, los
medios que teníamos eran muchísimo peores a los de ahora.
P:
¿Cuál ha sido el momento
de toda su carrera en este Cuerpo en el que más miedo ha pasado?
R:
Pues hubo una vez que
acudimos a un fuego en un bar de la plaza del Carmen. Un compañero mío
se equivocó y golpeó con una herramienta algo que no debía. Hubo una
explosión tremenda y yo me quemé las manos porque de aquella no
llevábamos ni guantes ni nada. Aún tengo las marcas.
P:
Y en los últimos años de
su carrera, ¿seguía pasando miedo?
R:
Pues la verdad es que no.
Únicamente pasaba algo de pánico antes de ir hacia el fuego, pues no
sabes lo que te vas a encontrar. Una vez que estas allí, sabes que es tu
trabajo y que lo tienes que hacer. Y lo haces.
P:
¿Recuerda el incendio de
los almacenes Arias?
R: Sí,
claro que lo recuerdo. Yo estuve allí refrescando el lugar. En esa
ocasión murieron tres jefes y siete bomberos. Pero es que los jefes se
equivocaron. Mandaron entrar a los bomberos más jóvenes. Si nos hubieran
mandado a nosotros seguro que las cosas hubieran ido de otra forma.
P:
¿La experiencia es muy
importante para un bomberos?
R:
Sí, mucho. Con los años empiezas a conocer al fuego. Sabes por dónde
puedes ir y por dónde no. El lugar adecuado para atacarle, etc. Los
jóvenes están mejor preparados físicamente, pero hay otra serie de cosas
muy importantes que las hacen mejor los que llevan más años trabajando.
P:
¿Y cómo terminaron sus
años como bombero?
R:
Pues en el año 1997 sufrí
un infarto cerebral. Estuve bastantes meses de baja y luego me
reincorporé en el museo de los Bomberos. Allí cuidaba de la exposición
junto a otros cinco compañeros, también bomberos. A los pocos años me
jubilé.
P:
¿Y ahora tiene algún tipo
de contacto con el Cuerpo?
R:
Sí. Desde que me jubilé
-el 17 abril hará cinco años- me llaman todos los años para participar
en la cabalgata de reyes. Me pongo mi uniforme de gala y reparto
caramelos a los niños, es muy divertido.