Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Invertir en Defensa
El
Gobierno español ha aprobado una importante inversión en armamento y
modernización de medios de las Fuerzas Armadas cifrada en 4.000 millones
de euros. Este desembolso, que dotará al Ejército de helicópteros de
ataque, de nuevos y más modernos submarinos, de un buque de proyección
estratégica y de nuevos vehículos de combate, está orientado a elevar el
nivel de eficacia de las Fuerzas Armadas, que aún así quedarán muy lejos
de sus necesidades reales y de los presupuestos de los países con los
que España comparte alianzas, valores y proyectos estratégicos. El plan,
que creará varios miles de puestos de trabajo, supondrá un
fortalecimiento de la industria europea de Defensa que acabará
repercutiendo en la vida civil y será un estímulo a sectores económicos
diversos, desde la electrónica a la industria pesada.
España es el país de la OTAN con menor inversión en Defensa en relación
con su capacidad económica. Nuestro país destina para gastos de Defensa
el 1,1 por ciento de su PIB, mientras que la media destinada a este
apartado en los socios de la OTAN es del 2,25 por ciento. Lo peor es que
estas cifras reflejan una tendencia constante en la última década. La
participación de los presupuestos de defensa en el PIB español creció
desde el 1,97 al 2,19 por ciento desde 1981 a 1985, fecha en la que se
impulsaron los últimos grandes programas de armamento -aviones F-18, el
portaaviones Príncipe de Asturias y las fragatas de la clase Santa
María- y se mantuvo por encima del 1,6 por ciento hasta los noventa. A
los gastos presupuestarios para Defensa hay que añadir los que se hacen
a través del Ministerio de Ciencia y Tecnología para programas de I+D,
lo que no varía de manera extraordinaria las partidas, que siguen
situándose muy por detrás de los países socios de la Alianza Atlántica.
España ha
ido aumentando su participación en misiones militares en el exterior
durante las últimas décadas. Ha habido o hay tropas españolas en
misiones humanitarias o de imposición y mantenimiento de la paz en
América Central, África, los Balcanes y Oriente Próximo. La
participación en misiones militares contribuye a una consolidación de la
estabilidad internacional imprescindible para todos, unas mejores
condiciones para el ejercicio de las libertades y los derechos humanos y
un mayor bienestar. Pero, además, crean un espacio de influencia
política, cultural y económica para el país que las desarrolla. Para
participar en las mismas no basta la voluntad política, sino que es
necesaria la capacidad estratégica, y esa capacidad depende de los
medios necesarios: unidades entrenadas y pagadas de manera conveniente,
la posibilidad de traslados en condiciones de seguridad a escenarios
lejanos y el armamento imprescindible para una labor disuasoria o para
hacer frente a una agresión si llega el caso. Al mismo tiempo no hay que
descuidar la Defensa en su sentido más estricto y tradicional, es decir,
la capacidad de hacer frente a una agresión desde el exterior, una
catástrofe interior o la asunción de un compromiso con los aliados.
Esa
creciente importancia de España en la escena internacional no se ha
visto acompañada por una inversión sostenida en Defensa, una
modernización de armamentos y medios, una mayor dedicación
presupuestaria a esos hombres y mujeres que arriesgan su vida en defensa
de la libertad y la legalidad internacional. Ése es el punto de
inflexión que ha marcado la reciente aprobación del programa de
armamentos por parte del Gobierno, aunque no acaba ahí.
Para
contribuir a los gastos, el Ministerio de Defensa ha decidido subastar
terrenos de su propiedad, un mecanismo que busca obtener la mayor
rentabilidad de su patrimonio con el objeto de atenuar el efecto
negativo que las inversiones en armamento habrán de tener en los
Presupuestos Generales del Estado.
Como
toda operación de liberación de suelo público, ésta puede repercutir
sobre el entorno urbano, el precio de la vivienda y la ordenación
urbanística, y como en toda operación de este tipo es imprescindible la
transparencia en la actuación. Ésa debe ser, más allá de discutibles
consideraciones éticas, la principal preocupación del Ministerio de
Defensa.
Fuente: ABC
10.09.03
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