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Jueves, 10 de marzo de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Mujer y Ejército, una relación sin complejos

En 1988 se producía el ingreso de la primera mujer en las Fuerzas Armadas, Patricia Ortega, hoy comandante del Cuerpo de Ingenieros Politécnicos con destino en la Dirección General de Infraestructuras del Ministerio de Defensa.

 

España quebraba así uno de los sistemas organizativos más tradicionales y anquilosados de su estructura, el Ejército, que en el mundo occidental había funcionado asignando dos papeles prototípicos: al hombre, el de guerrero; a la mujer, el de madre. Se hacía algo tarde -Francia inició la admisión en la Segunda Guerra Mundial y Gran Bretaña tenía ya en 1941 reclutamiento femenino-, pero con una particularidad: sin complejos.

Si en países como Holanda una mujer no puede servir en un submarino, y en Estados Unidos tiene prohibido por ley tomar parte activa en el combate, en España una militar no tiene fronteras: puede acceder a cualquier unidad. Sin límites. Sólo 17 años después de que se abriera la posibilidad a aquello de los «Ejércitos mixtos», las mujeres mantienen helicópteros, tanques, pilotan aviones, están en la Legión, son asesoras jurídicas militares, o han patrullado a bordo de los blindados por Irak. De hecho, sólo existen dos cuerpos militares de carrera en los que ellas no han entrado -la escala de oficiales de especialistas del Ejército de Tierra y la escala superior de Músicas Militares- pero lo harán pronto, porque ningún obstáculo legal se lo impide.

A fecha 1 de marzo de 2005, el número de mujeres incorporadas a las filas de las Fuerzas Armadas españolas ascendía a 12.695. Un 11 por ciento del total, al que no han llegado siquiera otros países que fueron avanzadilla en este ámbito. Un ejemplo: Canadá reguló formalmente el acceso en 1941 y sesenta años después, en 2000, la proporción respecto a los compañeros varones era del 8,6 por ciento: 90.000 miembros en activo, de los que 7.740 eran mujeres. Estas cifras han convertido a España en el país de la OTAN con el ritmo más destacado en lo que afecta a la incorporación de féminas.

Otra cosa son los cuadros de mando. En España, el empleo más alto al que han llegado las mujeres en la jerarquía militar es el de comandante. Hoy suman 49. La primera de ellas que ascienda a teniente coronel lo hará en torno a 2010, y habrá que esperar a 2016 para saber el nombre de la primera general, que con toda seguridad pertenecerá a los Cuerpos Comunes del Ejército -Sanidad, Intervención y Jurídico-, donde la promoción es más rápida que en el Cuerpo General.

No obstante, sólo una suerte de ignorancia acerca de los tiempos que rigen la promoción militar puede desembocar en afirmaciones como las que recriminan una baja presencia de mujeres en la cúpula del Ejército, como si esto fuera la empresa privada. La causa remite «pura y simplemente» a que a tales ascensos «no ha podido llegarse, hasta este momento». Son palabras del ministro de Defensa, José Bono, pronunciadas recientemente en el Senado, que explican que si la mujer no acumula galones hasta hoy, no puede imputarse a ninguna tendencia discriminatoria, sino a que los criterios de antigüedad son los que son, y en 17 años, a ellas se les ha aplicado el mismo ritmo que preside el rígido escalafón profesional de los hombres. Para el caso, las comandantes están donde el riguroso calendario militar prevé. Ni más ni menos.

Foto: ABC

Porque las mujeres militares no quieren ni oír hablar de privilegios. «No aceptarían una ventaja, les parece algo indigno. No pasarían por que se les regalara nada, porque alguien pensara ni por asomo que su ascenso se ha debido a su condición de mujer». Habla el director general de Reclutamiento y Enseñanza, Santos Castro, quien subraya que el interés de las aspirantes o de las integradas respecto a su vida profesional en las Fuerzas Armadas va por otro lado. «Hay incertidumbres y preguntas sobre cómo son las infraestructuras y los alojamientos en determinadas unidades donde hay limitaciones extremas de espacio, como los buques, o unidades tan operativas como las de montaña, si a la hora de prestar servicio en una unidad a flote van a contar con lugares propios. Y eso es todo».

Para el caso, la administración de Defensa ha correspondido a la permeabilidad de la mujer respecto al Ejército al menos con una sensibilidad. Que sea ejemplar o no es cuestión de experiencias en primera persona.

Está habiendo adaptaciones de barcos valoradas en millones de euros para habilitar áreas de vida «que no son un rincón», y que otros países han obviado, explica el director de Reclutamiento; políticas de promoción de guarderías para conciliar lo laboral con lo familiar o de reservas de destino para las que tengan por delante una baja por embarazo.

Pero hasta ahí: por no instalar en la calle una sensación de que el Ejército echa mano de cantos de sirena para reclutar mujeres, de forma deliberada, no se hace mención de las medidas disponibles en favor de la mujer en las campañas de captación para cubrir plazas. En las que, por cierto, no hay reserva específica alguna para las «candidatas», y sus baremos son idénticos a los de los competidores masculinos, con la salvedad de las pruebas físicas, que vienen marcadas ligeramente a la baja por las directrices del Consejo Superior de Deportes.

Hay un agradecimiento implícito a la respuesta de la mujer al llamamiento de los Ejércitos. Y no es para menos. El resultado de su incorporación está en las estadísticas, y también en el terreno, aunque es más difícil que alguien lo reconozca de viva voz. «La mujer ha resuelto en gran parte el problema de reclutamiento que se presentó con la profesionalización -relata una fuente muy consciente de la transformación-, y es más, ha provocado en todos los ámbitos de la institución un cambio necesario: de actitud por parte de todos, de frescura, en el estilo de mando, una renovación que era imprescindible en las Fuerzas Armadas».

Mujeres por empleo y ejército

  Comandante Capitán Teniente Alferez Sargento

Cabo Primero

Cabo Soldado Marinero TOTAL
Tierra 2 39 52 54 86 252 145 5996 - 7940
Armada - 14 8 32 12 146 381 296 992 1881
Aire - 27 37 57 55 54 545 1538 - 2313
C. Común 47 236 215 54 9 - - - - 561
TOTAL 49 316 312 197 162 452 2385 7830 992 12695

Fuente: ABC

Pero que nadie se engañe, no es oro todo lo que reluce. A lo largo de más de tres lustros, ha habido en los tribunales oportunidad de dar más de una vuelta a la disposición del Código Penal Militar que condena hasta con cinco años cualquier «trato degradante».

No han faltado episodios sórdidos de acoso y de abuso de autoridad, y ahí está la cifra: entre 1996 y 2000, 1.072 mujeres uniformadas solicitaron baja por depresión. «No es una peculiaridad del Ejército: es exactamente lo mismo que ocurre en otros ámbitos de la sociedad», retrata sin ningún ánimo de disculpa, pero tampoco de tremendismo, la comandante Patricia Ortega.

Lejos de todo triunfalismo, el binomio Fuerzas Armadas- mujer en España no ha hecho más que empezar. A la vuelta de la esquina, ya hay oficiales cuyo ascenso en pocos años dependerá de valoraciones subjetivas de sus méritos, más allá del criterio matemático de antigüedad que hasta ahora ha presidido su escalada en la carrera militar. El camino todavía por andar de la toma de posiciones en las altas cúpulas militares: acopian, es sabido, las mejores calificaciones, pero entra en juego por primera vez la opinión de los «compañeros de armas».

Ser uno (a) más

A las primeras convocatorias de las Fuerzas Armadas españolas abiertas para la mujer se presentaron 31 candidatas. Sólo seis lograron ingresar. Hoy son ya 12.695 y su experiencia contradice a los detractores que vaticinaron un fracaso en su incorporación por aquello de la exigencia-demasiado duro-o de las consecuencias-demasiados cambios-. Ni lo uno ni lo otro han sido un obstáculo, y hoy las militares sirven en el Ejército con la naturalidad de quien desempeña otro trabajo ¿mejorable?, claro que sí. Como todo.
Patricia Ortega
Comandante del Cuerpo de Ingenieros Politécnico
 Yolanda Gassó
Teniente del Ejército del Aire
Es la primera mujer que ingresó en las Fuerzas Armadas españolas en 1988 y de las primeras que ascendió al empleo de comandantes. En contra de lo que pudiera parecer, huye sin disimulos de la etiqueta de "pionera" y resta cualquier viso de leyenda a su experiencia única: la "más absoluta normalidad" ha caracterizado su presencia en una institución que, hasta su entrada, era sólo para hombres.
"El trato entre compañeros es un tema de educación, no de que se sea mujer o se deje de serlo. Eso es secundario. En mi caso, el día a día es de lo más natural: ni he tenido privilegios, que sería como poco absurdo, ni lo contrario. Soy una más".
"El Ejército, se ratifica, no es algo particular: no es ni más ni menos que una parte de la sociedad, y lo que pasa dentro de él es lo mismo que sucede en la sociedad"
"A mis superiores les dije que si a mis compañeros les llamaban por su nombre, a mí por el nombre, y que si utilizaban en apellido, también lo hicieran para dirigirse a mi". Pilota un avión de transporte 295. De hecho, fue la primera mujer en España que se puso a los mandos de una aeronave militar, y en todos sus destinos ha sido "la única" hasta que el verano pasado se incorporaron a su unidad, el Ala 35 en Getafe (Madrid), otras dos compañeras.
Tomó aquella iniciativa de aclarar lo del tratamiento "porque ellos tampoco sabían cómo actuar" y reconoce que, al principio, tocó "demostrar que vales, pero no por ser mujer, enfatiza, sino igual que cuando uno llega a cualquier sitio: hay que hacer ver que eres idónea y capaz". ¿El día a día hoy?. "Muy bien, como uno más".

Leticia Prieto

Nilsa Maiz y Luz Gamboa
No hay que bajar la guardia, hay que estar atentos porque es fácil reproducir discriminación de otros ámbitos". Habla una de las primeras mujeres que alcanzó categoría de oficial en el Cuerpo Jurídico Militar, desde donde una afirmación como la suya, "en el Ejército existe una igualdad legal y total", cobra toda la autoridad. Como parte interesada que es, también una advertencia: "El objetivo no está cumplido: en la realidad, esa igualdad existe en un alto porcentaje, pero con resquicios", que rehúsa explicar. Talantes de "ciertas personas", "paternalismos".
"Hasta ahora, la mujer ha ascendido en el Ejército por antigüedad, muchas veces con los mejores números de la promoción. Pero no sé que va a pasar en adelante, cuando toque ascender a otros empleos superiores ya por selección o elección... En la sociedad civil no están siendo "seleccionadas", aun teniendo méritos. Por eso hay que estar bien atentos para no reproducir esos errores
Mujeres y extrajeras. La soldado Maiz de Paraguay, la soldado Gamboa de Colombia. Ingresaron en las Brigada Paracaidista cuando las unidades abiertas a los aspirantes extranjeros se contaba con los dedos de una mano, y apostaron por una opción vinculada como pocas en el imaginario social al género masculino. Ahora que se ha ampliado el abanico, la soldado Gamboa asegura que no se cambiaría. "Estoy muy bien donde estoy".
"En una unidad operativa, donde hay un importante componente de esfuerzo físico, "nos exigen lo mismo a todos; a la hora de hacer deporte soy un poco más lenta que otras que corren más, y entonces hay broncas sobre las mujeres...", explica Maiz, sin un asomo de acritud, "que no haya confusión", si no con el mensaje por delante de que "hay mucho compañerismo, nos respetan mucho, ¡pero hay alguno que otro que hace bromas!.
Y añade, "Estoy en Artillería, pero también hay mujeres en piezas, que son los obuses... no son tareas que no podamos hacer. Eso sí, cuando una chica se embaraza, un mando sale a verlo y la manda a una oficina, para que no esté tirando barrigazos por ahí". De momento, la soldado no tiene hijos, "pero cuando lo decida, mi profesión no será impedimento.

 

EE.UU prohíbe la primera línea de fuego; Holanda, servir en submarinos

En el Ejército más avanzado del planeta, el de los Estados Unidos, las mujeres no pueden integrar las unidades de combate directo, o lo que es lo mismo, no tienen cabida en la primera línea de fuego. En la Armada y la Fuerza Aérea, por ley. En Tierra, de hecho. A sus 210.000 enroladas les está vedada, entre otras cosas, la participación en las operaciones especiales o en las trapas de asalto. "Una cuestión de márketing-apunta una fuente cualificada. un miedo a tener bajas de mujeres..." En España, las limitaciones son cero: la mujer puede acceder a cualquier unidad, en cualquier destino. No hay límites que pongan fronteras en el peligro, ni en el esfuerzo, ni en la dureza de la tarea a desempeñar. Muy por delante no sólo de la concepción norteamericana, sino de la de otros países europeos que han sido pioneros en el reconocimiento de los derechos de la mujer, con una dilatadísima "tradición feminista". 

Dos ejemplos: Holanda no permite que sus mujeres militares trabajen en Operaciones Especiales ni en submarinos. El Ejército del Reino Unido tiene regulada otra barrera, esta vez en el ingreso en la Royal Marines, semejante a la Infantería de Marina española.

 

Fuente: ABC
06.03.05

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