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El destino de las fortificaciones abaluartadas

Jesús Cantera Montenegro. Universidad Complutense de Madrid. Academia de las Ciencias y las Artes Militares, Sección de Arte Militar.

Es un hecho constatado que las fortalezas, al cabo de un tiempo más o menos largo, quedan obsoletas por los cambios en el armamento y en el modelo de guerra, por lo que pierden su utilidad. Esto ha llevado a las autoridades militares y a las municipales a plantearse el destino de aquellas construcciones que, en principio, no sirven más que para lo que fueron construidas. Así, en unos casos han continuado hasta fechas recientes en manos militares, e incluso algunas aún continúan, prolongando su actividad normalmente como acuartelamientos. Otras no corrieron la misma suerte y han desaparecido, como es el caso del Baluarte de Rande, en el estrecho que da nombre a la conocida batalla naval y que tras quedar casi en ruina total sirviendo de cantera de materiales y levantarse en el lugar que ocupaba uno de los pilares del puente que cruza la ría de Vigo, hoy está siendo restaurado, englobando dentro de él el mencionado pilar.


Sin embargo, la mayoría, durante el siglo XX, y a tenor de su ineficacia desde un punto de vista militar, con el problema de tener que hacer cuantiosas inversiones para su mantenimiento por parte del Ejército, han ido siendo cedidas a las corporaciones municipales para que se convirtieran en espacios aprovechables por la población. El problema surge en el planteamiento de a qué dedicar aquellos monumentos que tienen un valor histórico indudable, que cuentan con una declaración oficial de monumentos históricos, pero que tienen pocas posibilidades de emplearlos para acoger dependencias municipales del tipo que sea por sus propias características tipológicas. Por cuestiones de espacio, sólo comentaremos brevemente unos casos significativos, donde incluso alguno ha sido premiado por la forma en que se ha mantenido y restaurado y por el uso que se le ha dado en aras a preservar el monumento.


La Ciudadela de Jaca, levantada a partir de 1595 por el ingeniero Tiburcio Spanochi, es un magnífico ejemplo de baluarte del siglo XVI, que incluso sirvió de modelo para algunas de las obras ejecutadas en la siguiente centuria en Flandes, como es el caso de Lieja. Estando activa durante la francesada, fue uno de los últimos bastiones en manos de los Imperiales en la Península, aunque ya para entonces demostró que estaba anticuada para el tipo de guerra del momento. Por esa razón, durante mucho tiempo fue utilizada como cuartel, siendo declarada monumento histórico-artístico en 1951 y restaurada en 1968 con una actuación que mereció el Premio «Europa Nostra». Posteriormente, el 3 de septiembre de 2003 fue declarada Bien de Interés Cultural por el Gobierno autonómico de Aragón, procediéndose en la siguiente década a realizar tareas de restauración.


El valor del edificio es incuestionable, pero uno de los problemas de este tipo de edificio es qué hacer con ellos y quién lo gestiona para evitar que al estar inutilizados acaben hundiéndose por sí mismos. En el caso que nos ocupa, se ha convertido en un conjunto que entra dentro de las visitas turísticas a la ciudad jaquense y, además, para dar uso a sus dependencias e incitar esas visitas, se ha instalado en su interior el Museo de Miniaturas Militares, con una primera procedencia de fondos de la colección de figuras de plomo de Carlos Royo-Vilanova, adquiridas por el Ayuntamiento de Jaca en 1984 y expuesta primeramente en el Fuerte Rapitán, siendo depositados en 2001 en la Ciudadela; procede resaltar el impresionante montaje museístico con el que ha sido planteado y que redunda en beneficio de la fortaleza. Para la formación del museo, el Ministerio de Defensa, propietario de la fortaleza, firmó en 1994 un acuerdo con el Ayuntamiento de Jaca para gestionar conjuntamente el edificio mediante un Patronato. En 2009, este Patronato fue sustituido por un Consorcio formado por el Ministerio de Defensa, la Diputación General de Aragón, la Diputación Provincial de Huesca y el Ayuntamiento de Jaca, para mantener el edificio y darlo a conocer facilitando y fomentando las visitas turísticas y las actividades culturales en su interior.


Otro ejemplo con un planteamiento diferente es el caso de la Ciudadela de Pamplona que, construida en el siglo XVI, dejó de tener carácter militar en 1964 al ser cedida a la ciudad, haciéndose efectiva la entrega en 1966. Ante la indefinición del destino del conjunto, en 1971 se llevó a cabo una consulta ciudadana con varias propuestas, resultando la más votada la de mantener la Ciudadela y los terrenos adyacentes como zona verde y proceder a la restauración de los edificios históricos. El valor histórico fue reforzado en 1973 cuando fue declarada Monumento Histórico Artístico Nacional y Bien de Interés Cultural.

Ciudadela de Pamplona (Navarra)

Hoy, la Ciudadela, junto con el paseo conocido como la «Vuelta del Castillo», conforman un espacio abierto, utilizándose las antiguas edificaciones de la fortaleza para actividades socio culturales. Por otra parte, este conjunto sirve también de ejemplo de las diferentes consideraciones que hacia la arquitectura militar se ha tenido a lo largo de los tiempos, pues cuando se llevó a cabo el primer ensanche de la ciudad, se procedió, en 1891, al derribo de dos de sus cinco baluartes, los de La Victoria y San Antón. Los restos de este último fueron descubiertos durante la construcción del Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra, los cuales, con un criterio conservacionista, se integraron en el nuevo edificio para mantener viva la memoria de su existencia. Precisamente, la acertada actuación en la conservación de la Ciudadela, hizo que en 2012 se le concediera el premio de Patrimonio Cultural de la Unión Europea «Europa Nostra» en la categoría de «Conservación», además del premio especial del público.


Un caso paradigmático es el de La Mola, construida en Mahón entre 1850 y 1875, y que, tras haber servido de acuartelamiento, en 1988 fue cedido por el Ministerio de Defensa al Consorcio del Museo Militar de Menorca, constituido por el Ministerio de Defensa, el Govern de las Islas Baleares, el Consell de Menorca y los ayuntamientos de Es Castell y de Mahón, con el fin de gestionar el espacio en aras a su conservación. En 2007 el Ministerio de Defensa cedía parte del conjunto, la Punta de Afuera, para su conversión en centro científico, procediéndose a su rehabilitación. Hoy, el conjunto, dado su gran valor histórico y monumental es explotado turísticamente por una empresa mallorquina.

Fortaleza de la Mola (Mahón-Menorca)

En el caso del Castro de Vigo, la tipología de la edificación y la forma en que ha llegado a nuestros días, muestra otra forma de actuar con los restos históricos. El recinto fortificado actual es del siglo XVII y tras funcionar durante muchos años como cuartel de Artillería, en 1934 la fortaleza y el monte en el que se asienta, fueron cedidos por el Ministerio de la Guerra a la ciudad de Vigo, determinando el Ayuntamiento su conversión en parque, para lo que se plantaron especies exóticas al tiempo que se procedía a hacer excavaciones en los restos arqueológicos del antiguo castro prerromano allí existente. Sin un verdadero criterio proteccionista de la fortaleza, se autorizó la construcción en los años 40 de un restaurante, llamado «El Castillo» por su decoración almenada que recreaba la condición militar del conjunto, pero que se levantó adosado a la fortaleza sin respeto histórico-artístico; tras no renovarse en 2005 su licencia, en el año 2013 el Ayuntamiento ordenó su demolición, con lo que los restos abaluartados afloraron y hoy han recobrado parte de su fisonomía.


En 1968, el conjunto había sido integrado en el Inventario del Patrimonio Cultural Europeo como Monumento de Arquitectura Militar, pero ello, tras sufrir un importante deterioro, como fue el traslado de la antigua capilla y el que se plantaran árboles que ocultaran las murallas al considerarlas como una imagen sobria y poco atractiva desde la ciudad.

Castro de Vigo (Pontevedra)


En la actualidad, el recinto de El Castro es ante todo un espacio arbóreo con monumentos escultóricos, restos arqueológicos del antiguo recinto castreño y, donde, como una parte más, está el antiguo recinto de la fortaleza del siglo XVII, oculto a la vista de la ciudad y de la ría por la arboleda. Sin embargo, habría que resaltar que, precisamente, el que esa zona haya permanecido en manos militares ha permitido la llegada a la actualidad del castro y de una amplia superficie de terreno donde erigir un parque forestal y de ocio que es uno de los espacios más importantes de la actual ciudad de Vigo.

Fuenteacami.es
Fecha de publicaciónabril, 2020

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