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El Bushido, como el estilo militar occidental, es algo más que una doctrina o una moral,
es una forma integral de vida. Es un camino que se fundamenta en la internalización
de valores a través de largos procesos.
La palabra “valor” deriva del latín valere, que significa literalmente, “ser fuerte.” Son los principios morales que regulan el comportamiento mediante la concepción de lo deseable; influyen en la selección de medios y fines.
Son creencias jerarquizadas sobre estilos de vida. Valores, comportamientos y actitudes constituyen un todointegral. Un célebre desiderátum de Calderón identifica plenamente los valores militares.
“Aquí la más principal / hazaña es obedecer, / y el modo cómo ha de ser / es ni pedir ni rehusar. / Aquí, en fin, la cortesía, / el buen trato, la verdad, / la firmeza, la lealtad, / el honor, la bizarría, / el crédito, la opinión, / la constancia, la paciencia, / la humildad y la obediencia, / fama, honor y vida son / caudal de pobres soldados; / que en buena o mala fortuna / la milicia no es más que una / religión de hombres honrados.”
Los términos meiyi, chuugi, gi, yu, jin, rei, makoto señalan los valores preconizados por el Bushido. Estamos hablando de honor, lealtad, rectitud, valor, benevolencia, cortesía y honestidad. El modelo heroico de los samuráis se ha extendido a la humanidad, a sus imaginarios.
Los jedis de La Guerra de las Galaxias, se inspiran en él. Puede verse que todas estas palabras se encuentran incluidas en el desiderátum de Calderón. Así, podemos hablar de una comunidad de valores a escala nacional, internacional o incluso de civilización: todas las civilizaciones utilizan prendas militares occidentales, convirtiendo lo militar en un puente entre culturas. Estamos también ante un ideal ético; es el “viejo código”, un código que en realidad nunca ha existido. Identifica nuestros imaginarios y es válido para la sociedad civil.
El ‘bushido’ como cultura militarLa expresión chino-japonesa de bu-ke o bu-shi, significa caballeros: shi, nobleza; guerreros, bu. Bushido es literalmente “militar-caballero-camino” o “el camino (do) del guerrero (bushi)”. Supone una ética una práctica específica de la casta samurái, una ideología estructurada y centrada sobre el comportamiento moral. Incorpora pensamiento, carácter y acción, lo físico y lo espiritual: “saber y obrar son la misma cosa”. Mantiene múltiples espacios comunes con el ideal militar occidental.
No estamos propiamente ante un código escrito sino ante un conjunto de máximas, dichos y escritos de un guerrero famoso o sabio ilustre que sirven como principios inspiradores y objeto de reflexión:
“No se trata de mostrar lo que se encuentra en el interior de uno, 68 Federico Aznar Fernández-Montesinos porque ese interior se muestra con las acciones cotidianas”. No está en los grandes actos, que se asumen, sino en el incesante perfeccionamiento de los pequeños.
El do japonés es un método, una forma de aprendizaje, ligado a las artes y llamado a ser ejercido para su propia realización. Es pensamiento, entrenamiento e interiorización, una suerte de convencimiento reposado e interior. El proceso referido se ha popularizado parcialmente mediante las llamadas “artes marciales”, artes concebidas para el adiestramiento físico de estos guerreros y que contribuía a reforzar su dimensión espiritual, que hacen de paciencia y constancia virtudes clásicas del samurái.
El do japonés viene a ser la forma en la que el espíritu es utilizado en la propia ejecución del arte. Se trata de internalizar unos principios, a través de mente y cuerpo –al igual que se hace en el régimen militar– para combinarlos posteriormente con la realidad y que el producto obtenido salga del interior del samurái, de su ser, como una prolongación de sí mismo.
Según el padre Arrupe –general de la orden Jesuita, durante mucho tiempo misionero en Japón y hasta prisionero del kempeitai durante la Segunda Guerra Mundial– “para un occidental, la escritura no tiene más fin que la utilidad; las flores, el adorno; la esgrima, la diversión;
la lucha, el ejercicio; el tiro con arco, un entretenimiento; y el té, la tertulia que origina. No vemos en todo ello medios que conducen a nada, sino fines, que por el hecho de ser más bien intrascendentes, nos parece absurdo calificar con el rimbombante nombre de ejercicios
y menos aún de ceremonias. Sin embargo para un japonés… no da valor ninguno a la materialidad de la obra que está realizando, sino al espíritu con que la hace, que es un camino, un do que le conduce a la refinación, hacia el autodominio, hacia la educación de esos valores
internos, que tiene ya desarrollados y que hacen del Japón uno de lospueblos con mayor autoridad sobre sus pasiones”.
El bushido ha ido adquiriendo su sentido con el paso del tiempo.
Si bien sus orígenes datan del periodo medieval, su definitiva consolidación se produce en los albores del período Tokuwaga (1603) El ‘Bushido’ y los valores militares 69 cuando, fruto de un proceso de racionalización, el honor quedó más ligado a una cultura de la autodisciplina que a la violencia.
El honor samurái tiene una identificación social tácita y evolutiva en tanto que objeto de reinterpretación en cada período histórico, por más que no se encuentre codificado literalmente. Es el código específico de una clase social, propiamente de una casta de militares y hacendados. Y es que la institucionalización y encuadramiento de los samuráis a partir del siglo xvii supuso su atemperamiento y sometimiento a un sistema. La identidad cultural de una clase guerrera dio paso a un sentido de la violencia honorable y, con ello a su contención

