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El desencuentro con Rusia y las claves de su estrategia militar

José Pardo de Santayana. Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Resulta asombroso contemplar las grandes y bruscas transformaciones que se han producido en las relaciones estratégicas entre la OTAN y la Federación de Rusia y la capacidad que ha demostrado el Kremlin para afirmarse como gran potencia frente a la firme oposición de los Estados Unidos y sus aliados. Esto no habría sido posible sin los esfuerzos y la capacidad demostrados por el presidente Putin en el desarrollo de la estrategia militar rusa.

Tras el final de la Guerra Fría, el reencuentro este-oeste se produjo mucho más rápido de lo esperado, dando lugar a una constructiva luna de miel geopolítica entre los antiguos rivales. Tan estrecha llegó a ser la relación que la dimensión militar perdió pronto protagonismo en los asuntos internacionales, sufriendo las FF. AA. rusas un progresivo deterioro.

Progresivamente, el entendimiento se transformó en insatisfacción, desconfianza y resentimiento por parte rusa la doctrina Primakov[1] proponía los siguientes principios para la política exterior rusa:

  • Promover un mundo multipolar administrado por un concierto de grandes potencias que puedan contrarrestar el poder unilateral de Estados Unidos.
  • Insistir en su primacía en el espacio postsoviético y liderar la integración de esa región.
  •  Oposición a la expansión de la OTAN.

Por parte de Estados Unidos había el deseo de consolidar un buen entendimiento con la potencia euroasiática, pero esto exigía que el Kremlin aceptara del orden hegemónico norteamericano. Desde el final de la Guerra Fría, todos los presidentes se han comprometido a construir mejores relaciones con Rusia y cada uno ha visto cómo su visión se evaporaba. Los tres primeros —Clinton, Bush hijo y Obama— se propusieron integrar a Rusia en la comunidad euroatlántica y convertirla en un socio para construir un orden liberal global. Cada uno dejó el cargo con unas relaciones peores de las que había encontrado y con una Rusia cada vez más distante. El presidente Donald Trump prometió establecer una estrecha asociación con Vladimir Putin. Sin embargo, su Administración ha endurecido el enfoque de confrontación aún más que la de Obama tras la agresión de Rusia contra Ucrania en 2014[2].

Los planteamientos de ambas partes eran incompatibles. Washington se sentía capaz de imponer su punto de vista a Moscú. Rusia debía aceptar un rango de nación subordinada y confiar su futuro a la buena voluntad y el acierto del poder hegemónico.

No era de esperar que la Federación de Rusia lo fuera a aceptar. Por experiencia histórica y circunstancias geográficas Rusia es una nación desconfiada y victimista[3]. El sentimiento nacionalista y de grandeza patria está muy arraigado en su sociedad y, como recordaba el historiador Geoffrey Hosking, Rusia se interpreta a sí misma mucho más como una nación-imperio que como un Estado nación: «Gran Bretaña tuvo un imperio, pero Rusia fue un imperio y quizás lo siga siendo»[4]. Los imperios no aceptan ser sometidos a la jerarquía de otras entidades imperiales; si no dejarían de ser imperios.

No estando dispuesto el Kremlin a someterse al dictado de la Casa Blanca, la preparación militar volvió a ser una preocupación primordial para la dirección política rusa. Se emprendieron una serie de reformas que, combinadas con la experiencia adquirida en las sucesivas guerras y la determinación para emplearlas, han terminado por convertir a las FF. AA. rusas en un instrumento de poder formidable.

El programa de reformas, inicialmente diseñado por el ministro de Defensa, Serdyukov, tuvo como objetivo principal la transformación del Ejército al estilo de la Guerra Fría en una más reducida y ágil, capaz de desplegar fuerzas expedicionarias en el entorno ex soviético. Las antiguas divisiones mal dotadas se reorganizaron en brigadas que dependían en su mayor parte directamente de los cuarteles generales de nivel ejército. Dichas brigadas, con una desproporcionada capacidad de combate y gran autonomía logística, debían cumplir la función de elemento fundamental del despliegue operativo, capaz de actuar de forma independiente[5].

En paralelo, se inició un programa estatal masivo de armamento, asignando 1 100 billones de rublos en 10 años con el objetivo de alcanzar un 70 % de equipos nuevos o modernizados para 2020[6]. La modernización del armamento nuclear estratégico adquirió la mayor prioridad en el Programa de Armamento Estatal para 2020 aprobado en 2011[7].

A finales de 2012, el nuevo ministro de Defensa, el general Sergey Shoygu, fue puesto al frente del proyecto de modernización de las FF. AA. Rusas, manteniendo la esencia renovadora y centrando su punto de mira frente a la OTAN. Se reestablecieron de nuevo las estructuras de división y de cuerpo de ejército, devolviendo el protagonismo a las divisiones y recuperando la capacidad para desarrollar operaciones con un mayor volumen de fuerzas y un alto ritmo de batalla. Simultáneamente, se potenció la preparación de la fuerza para combatir en toda la dimensión del espectro desde una guerra local, el conflicto regional hasta el intercambio nuclear masivo, poniendo gran énfasis en la estrategia híbrida en la que la Federación de Rusia está demostrando gran habilidad y un modelo diferenciado.

Moscú ya no está construyendo unas FF. AA. que sean reflejo de la de sus rivales. Su concepción busca la asimetría, invirtiendo en áreas en las que disfruta de una ventaja comparativa. La doctrina Gerasimov ha facilitado la evolución en el pensamiento militar ruso de los tradicionales planteamientos de empleo masivo de fuerza de la era soviética a un enfoque más versátil y flexible que integra fuerzas, medios y procedimientos de naturaleza muy distinta.

En 2014, el ministro de Defensa, Sergey Shoygu defendió el establecimiento de una red global de bases aéreas y navales para extender la presencia militar global de Rusia. A pesar de los problemas conocidos de la Marina de guerra rusa, su renovación ha aumentado su capacidad de proyección naval, aérea y de defensa aérea[8].

Cuando, finalmente, la Federación de Rusia fue puesta a prueba en los conflictos de Crimea y Donbas (2014) y de Siria (desde 2015), el Gobierno articuló una estrategia arriesgada de pasos muy medidos y de empleo limitado de fuerzas, evitando ser arrastrada a una guerra sin salida como la de Afganistán (1979-1989).

En ambos conflictos, las FF. AA. rusas han puesto a prueba el armamento y los procedimientos y tanto estas como el Gobierno han demostrado una desconcertante capacidad de adaptación en los conflictos armados contemporáneos. El liderazgo ruso contó con la ventaja adicional de la sorpresa que dejó a sus rivales occidentales sin capacidad de respuesta. Además de una gran unidad de acción, determinación y pragmatismo en la dirección de la guerra, la nación rusa ha demostrado gran resiliencia.

La campaña militar rusa en Siria logró alcanzar los objetivos estratégicos a un coste razonable tanto en términos de bajas como económico, aplicando una estrategia “low cost”. Las operaciones y las tácticas rusas estuvieron además bien alineadas con dichos objetivos estratégicos y razonablemente sincronizadas con las iniciativas diplomáticas.

En 2019, el ministro Shoygu informó a la Duma de que las FF. AA. rusas podrían luchar en cualquier lugar del mundo. En Libia Moscú está poniendo en práctica un modelo operativo similar al empleado en Siria, pero con un menor grado de implicación y es todavía pronto para poder evaluar su eficacia. En Venezuela ha querido demostrar que no se debe actuar de espaldas a Rusia.

En los últimos años, Rusia y EE. UU. han desmontado el sistema de acuerdos que regulaba las cantidades y características de las armas nucleares en poder de ambas potencias, lo que ha devuelto protagonismo estratégico al arma nuclear. Este año, Putin ha firmado el decreto que hace efectivas Las Bases de la Política Estatal de la Federación Rusa sobre Disuasión Nuclear[9] que actualiza la estrategia nuclear rusa. Por otra parte, donde la potencia euroasiática está despuntando y demostrando determinación y eficacia es en el dominio cibernético. Su preparación para desplegar tales capacidades para operaciones ofensivas y la de asumir grandes riesgos, rompiendo las normas de un comportamiento aceptable en un dominio tan poco regulado internacionalmente, le ha convertido en un grave motivo de preocupación para la UE y la OTAN[10].

Podemos preguntarnos: ¿será Rusia capaz de sostener este enorme esfuerzo durante mucho más tiempo? De momento lo que sabemos es que los éxitos del Kremlin contrastan con las enormes dificultades y pobres resultados que Washington y sus aliados en los conflictos armados donde se han implicado desde el 11S; lo que ha devuelto a Rusia un gran perfil estratégico.


Referencias

[1] RUMER, Eugen. The Primakov (Not Gerasimov) Doctrine in Action, Carnegie Endowment for international Peace, junio de 2019, p. 1. Disponible en: https://carnegieendowment.org/files/Rumer_PrimakovDoctrine_final1.pdf

[2] GRAHAM, Thomas. “Let Russia be Russia. The case for a More Pragmatic Approach to Moscow”, Foreign Affairs, noviembre/diciembre de 2019, p. 134.

[3] PARDO DE SANTAYANA, José. Historia, identidad y estrategia en la Federación rusa, Documento de Análisis IEEE 16/2017. Disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2017/DIEEEA16- 2017_Federacion_Rusa_JMPSGO.pdf

[4] HOSKING, Geoffrey. “The Freudian Frontier”, Times Literary Supplement, 10 de marzo de 1995, p. 27.

[5] HARRIS, Catherine, KAGAN, Frederick W. “Russia’s military Posture: Ground Forces order of battle”, ISW, marzo de 2018.

[6] “Russia Military Power, building a military to support great power aspirations”, Defense Intelligence Agency, 2017.

[7] BAEV, Pavel. “Transformation of Russian Strategic Culture. Impacts from Local Wars and Global Confrontation”, Notes de l’Ifri, Russie.Nei.Visions 118, junio de 2020, p.7.

[8] BLANC, Stephen. “Improvisation and Adaptability in the Russian Military”, informe del CSIS, abril de 2020, p. 6. Disponible en: https://csis-website-prod.s3.amazonaws.com/s3fspublic/publication/200430_Mankoff_Russian%20Military_web_v3_UPDATED%20FINAL.pdf

[9] FELGENHAUER, Pavel. “Moscow Clarifies Its Nuclear Deterrence Policy”, Eurasia Daily Monitor, Volume: 17 Issue: 80, 4 de junio de 2020. Disponible en: https://jamestown.org/program/moscowclarifies-its-nuclear-deterrence-policy

[10] BAEV, Pavel. “Transformation of Russian Strategic Culture. Impacts from Local Wars and Global Confrontation”, Notes de l’Ifri, Russie.Nei.Visions 118, junio de 2020, p. 9.

Fecha de publicaciónjulio 10, 2020

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