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Estos españoles tienen la llave para predecir cuándo reventarán el bitcoin y otras ‘criptos’

Michael Mcloughlin

Multiverse, una ‘startup’ vasca de computación cuántica, levanta 10 millones de euros tras los buenos resultados con el BBVA, la Hacienda Foral vasca o el Banco Central de Canadá, con quien diseñan un ‘test de estrés’ para criptodivisas.

«Esto lo tiene que poder utilizar hasta mi abuela. Tiene que ser ridículamente sencillo de usar«, afirma Román Orús, cofundador de Multiverse. Con este nombre uno puede hacer una rápida y equivocada asociación de ideas. Se puede caer en el error de pensar que esta empresa vasca es, en realidad, una ‘startup’ que intenta meter un pie en el negocio del metaverso, una de esas revoluciones que prometen mover millones de euros en todo el mundo y que Facebook intenta abanderar con el fin de salvar su agrietado imperio. Ellos se dedican a otra de las grandes promesas tecnológicas: la computación cuántica, esa disciplina que promete desarrollar ordenadores capaces de resolver en mucho menor tiempo y con menor consumo energético los problemas que se le atragantan a las supercomputadoras, que supuestamente tienen más problemas a la hora de abordar ingentes cantidades de datos.

Un carro, el de la computación cuántica, al que ahora se quiere sumar el Gobierno español, que anunció esta semana una inversión de 22 millones de euros para desarrollar el primer equipo de esta naturaleza del sur de Europa, que podría estar listo para finales del próximo año. «Nosotros no estamos en esas. Lo nuestro es la parte del ‘software’. La del ‘hardware’, con los gigantes estadounidenses que hay metidos, es una carrera imposible», remata su compañero Enrique Lizaso, CEO de la firma.

Un ‘Excel’ cuántico

Su obsesión por hacer digerible algo tan denso como esta rama de la informática se deja ver en sus explicaciones, masticadas para ser asimiladas por el común de los mortales. Por supuesto, este empeño se nota y mucho en cómo empaquetan sus algoritmos cuánticos que pueden gobernarse desde una hoja de Excel sin tener el más mínimo conocimiento de la materia. «Diseñamos una extensión para las hojas de cálculo, que al final es lo que se utiliza en el sector financiero, donde están nuestros principales clientes. El consultor o el analista selecciona los valores que quiere y la simulación se realiza sin que ellos tengan que hacer nada más», explican. «Se habla mucho de la revolución cuántica, de que hay que prepararse con ingenieros y expertos… En realidad, lo que hay que hacer es hacerlo accesible para que esto se generalice».

Esta compañía, levantada en marzo de 2019 gracias a diversos programas de ayudas de las instituciones vascas, no construye estos ordenadores. Tampoco tiene los suyos propios. Se conecta a los de terceros. Lo que ofrecen, por así decirlo, es computación cuántica como servicio. «Nosotros tenemos acuerdos para acceder a prácticamente todas las plataformas destacables en el mundo con el fin de hacer correr nuestros sistemas», apunta Lizaso. ¿Por qué no apostar por tener una relación estrecha y sólida con un solo socio tecnológico? La primera razón, apunta el doctor Orús, es que no hay todavía «no hay un estándar definido a largo plazo» de cuál va a ser la solución de fabricación idónea.

Orús y Lizaso, cofundadores de Multiverse. (Cedida)

«Hay trampas de iones, superconductores, átomos neutros… Son métodos muy diferentes entre sí». Además, explica, dependiendo el problema que quieras abordar, te puedes encontrar rendimientos diferentes según la tecnología escogida. «Si lo que vas a correr es un algoritmo de optimización, el procesador de DWave funciona mejor. Si lo que buscas es optimizar soluciones de inteligencia artificial, la plataforma de IBM o IonQ son más finos».

10 millones: primera parada

A pesar de no haber cumplido todavía los tres años de vida, Multiverse ha conseguido cerrar una ronda de 10 millones de euros. Una financiación que se suma a los 1,5 millones conseguidos hace poco más de 12 meses y cuyo grueso ha sido desembolsado por el fondo español JME Ventures, aunque también han participado otros de los inversores que tenían en nómina anteriormente.

«Esta es una ronda intermedia. El año que viene trataremos de cerrar otra mayor, con la que terminar de pillar a nuestros principales competidores, que son Zapata, una empresa americana valorada en unos 200 millones tras sus últimos movimientos», anuncia el CEO.

El principal objetivo de este carro de billetes es poder expandir y consolidar su plataforma Singularity a otras industrias más allá de la financiera, como puede ser la energética. Entre las compañías con las que trabaja ya se encuentra Repsol. «No entramos a un mercado vertical nuevo si no hay un cliente. No solo porque hace falta alguien que pague, sino porque, al existir un cliente, hay un problema real que podemos solucionar, no es algo teórico o meramente académico», añade.

Asegura que el gremio energético tiene muchas posibilidades para la computación cuántica. «Piensa en cómo funcionan los mercados eléctricos y las subastas. Tienen que poner las ofertas sobre la mesa y estas dependen de muchos factores, tanto en el corto, en el medio como en el largo plazo. Número de centrales, condiciones meteorológicas… Tienen que manejar grandes cantidades de variables e información y eso puede presentar problemas de optimización», explican estos dos expertos. «El poder adelantarte, el saber si lo estás haciendo mejor o peor, puede suponer ahorros de miles de millones de euros a administraciones públicas, a las eléctricas…». «La base de nuestros algoritmos es universal», remacha Orús, quien recuerda que su mercado principal sigue y seguirá siendo el financiero. La compañía espera cerrar el 2021 con 21 patentes en su haber. Sobre las finanzas de la compañía se han propuesto facturar 100 millones para 2027.

Seguirle la pista al bitcoin

Fuera de nuestras fronteras, trabajan codo con codo con el Banco Central de Canadá, país donde también tienen una oficina e inversión loca. El regulador norteamericano les ha encargado construir un sistema que sirva para predecir la estabilidad de una determinada criptomoneda. «Se podría decir que lo que estamos probando son ‘test de estrés’ para este tipo de divisas. La preocupación que ellos tienen es que se meta mucho capital en una criptomoneda concreta, empiece a fluctuar y provoque desajustes en la economía«.

Foto: EFE.

La idea de este sistema surge de un estudio académico que realizaron para estudiar las interacciones en redes sociales. «Ahí nos dimos cuenta de que el sistema financiero también se puede representar como una red, viendo los activos de unos y de otros, mezclando variables, viendo si responde de forma estable o no, sabiendo cómo se mueven los recursos», cuenta Lizaso. «Desarrollado al máximo, te serviría para predecir si viene un ‘crash’ económico o no. Obviamente, para estudiar y controlar todo el sistema necesitas ordenadores cuánticos mucho más avanzados y eso queda lejos aún. Sin embargo, dependiendo la red financiera que mires, no hay tantos nodos como puede ser el sistema de bancos centrales o el de ciertas criptomonedas«.

Trabajan con el Banco Central de Canadá para predecir la evolución de las ‘criptos’

Actualmente, la computación cuántica no siempre tiene la capacidad, por así decirlo, para llevar a cabo por sí sola algunas tareas. La solución es utilizar un sistema mixto, con algoritmos de inspiración cuántica. «La computación tradicional también funciona muy bien«, bromea Orús. «En el futuro va a pasar eso. Habrá parte del código que se ejecute en un procesador cuántico por las necesidades concretas de turno y el grueso se haga en ordenadores tradicionales».

Estas fórmulas (conocidas en la jerga especializada por la expresión anglosajona ‘quantum inspire’) también han servido para experimentar, junto a la entidad gala Crédit Agricole, sistemas que sean capaces de anticipar el riesgo de ciertos productos como los que provocaron la crisis financiera de 2008. Otros fines que pueden tener sus desarrollos son aplicaciones para detectar el fraude o las anomalías gracias a técnicas de inteligencia artificial cuántica. Es en este ámbito donde han colaborado con la Hacienda vasca.

Un procesador cuántico de DWave. (Reuters)

Sin embargo, donde más han dado que hablar es en la optimización de las inversiones, un trabajo que han hecho para grandes bancos como Bankia o el BBVA. «En los sistemas tradicionales, el universo de potenciales activos que se pueden seleccionar es reducido. Escalaban muy rápido en complejidad en cuanto sumas nuevas referencias y las herramientas tienen un límite».

Multiverse publicó un trabajo elaborado en conjunto con la entidad dirigida por Onur Genç en el que demostraban cómo estas técnicas podían lograr una optimización de las carteras mucho mayor. El objetivo era encontrar la mejor selección para invertir tras analizar más de 10.000 posibles candidatos. Además, había que hacerlo en tiempo real y de forma dinámica, de manera que los pesos de cada valor variaban en función de las compras y las ventas que se producían en el mercado. ¿Qué ocurrió? Que el conjunto de algoritmos utilizados demostraron tener mucha más cintura. Según su investigación, eran capaces de realizar los cambios de manera inmediata, en cuestión de segundos. A un ordenador tradicional, fagocitar y asimilar esa montaña de información le llevaría en torno a dos días de análisis.

Cúbits patrios

Una de las preguntas más habituales es qué potencia necesita un ordenador cuántico para llevar a cabo cada tarea. Algo que se mide en cúbits o bits cuánticos. «Si quieres un ordenador capaz de romper códigos criptográficos, tienes que esperar muchos años. Nosotros intentamos darle valor a lo que haya y sacarle provecho comercial», explican.

En 2017, IBM lanzó su primera máquina comercial. Tenía un músculo 20 de cúbits. «Desde ahí han crecido y han ido pasando de 20 a 40 de 40 a 65. Las posibilidades van en aumento también». La industria señala que el punto de inflexión podría llegar en dos años, cuando se logre alcanzar los 1.021 cúbits. Lo importante, como explicaba la investigadora Carmen Recio en este artículo, es que sean cúbits de calidad, ya que estos elementos tienen la piel muy fina y necesitan unas condiciones muy especificas, como estar a menos 273 grados centígrados, para entrelazarse y poder desplegar todo su potencial. En el horizonte aparecen equipos con un millón, algo que Google pretende lanzar comercialmente en 2029. IBM, otrora mayor fabricante mundial de PC, lo ha anunciado para 2030.

Una ingeniera manipula un ordenador cuántico en EEUU. (Reuters)

Con este ritmo, ¿tiene sentido que la secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial haya comprometido 22 millones de los fondos de recuperación para intentar crear una máquina así además del entorno para su utilización y acceso remoto? Según los planes desvelados por la SEDIA esta misma semana, a finales del año que viene se espera poder producir un procesador de uno o dos cúbits. «No es algo difícil de conseguir. Con esa cantidad puedes hacer alguna cosa. Algún experimento académico o usarlo con fines educativos», augura Orús. La partida que ha reservado España para el proyecto Quantum Spain es minúscula si se compara por ejemplo con los 1.200 millones de dólares que destina EEUU a esta carrera que China asegura liderar. «Tiene sentido desarrollar algo así si luego pretendes escalarlo a 1.000 o más cúbits. Quedarse en uno o dos es quedarse en lo anecdótico».

Fecha de publicaciónoctubre 28, 2021

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