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‘Historia de un desafío

Manuel Sánchez y Manuela Simón. Publicado: año 2017. Editorial: Península. Páginas: 1344. Precio: 57 €.

NO VOY A DECIR QUE LA SOCIEDAD VASCA SEA CÓMPLICE DE ETA… PERO CASI

El niño de cinco años que, asustado, oyó un tumulto en su calle cuando asesinaron a un comisario de Policía en Irún, era el mismo hombre que entró en una nave industrial de Mondragón para liberar de una muerte segura a quien llevaba 532 días secuestrado en un zulo. De Melitón Manzanas hasta Ortega Lara transcurren los treinta años en los que Manuel Sánchez Corbí (Valladolid, 1963), hijo y nieto de guardias civiles, decide ingresar en el Cuerpo y dedicarse a la lucha contra la mayor lacra terrorista que ha sufrido España en su historia, la de la banda criminal ETA.

Ahora, diez años después del último asesinato etarra, los recuerdos de medio siglo de horror comienzan a fluir como un despertar amargo, lenta y tardíamente, pero con la misma intensidad, el mismo dolor y la misma satisfacción de haber doblegado aquel inmenso chantaje de sangre. Para que nada se olvidara, Manuel Corbí, coronel de la Guardia Civil, escribió un libro junto a una de las primeras mujeres que ingresaron en el cuerpo, Manuela Simón. El libro, ‘Historia de un desafío’, se ha convertido ahora en serie televisiva (Amazon Prime Video) y, juntos los dos, hurgan en la memoria y gritan contra el olvido, como aquellas manos blancas que un día dijeron ‘Basta ya’. Pero luchar contra el olvido de ETA puede ser tan complicado como explicar el comportamiento de la sociedad vasca ante ETA. Una de las víctimas dice en la serie: “Qué sociedad puede aplaudir al ver a una persona que está muerta en el suelo porque acaban de asesinarla”.

¿Quién puede entender algo así?

Es que eso es muy difícil de entender y yo creo que es la gran asignatura pendiente… No voy a decir que una sociedad sea cómplice del asesino por su silencio, pero casi. La sociedad vasca sólo levantó la voz con el asesinato de Miguel Ángel Blanco; aquella fue la primera vez. Antes había iniciativas, gente que daba la cara, pero la sociedad como tal, en un número apreciable de gente, no surgió hasta entonces, y aquello fue en julio de 1997. Fue una protesta masiva que, con el paso de los meses, se fue apagando mientras que ETA volvió a matar. No sé… No podría afirmar que la actitud de la sociedad vasca contribuyó a que ETA durase más tiempo pero sí, desde luego, a que ETA tuviera una existencia más plácida.

Ilustración de una de las manifestaciones por el asesinato de Miguel Ángel Blanco

Ilustración de una de las manifestaciones por el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

¿La legitimación social de ETA proviene de sus orígenes antifranquistas? ¿Es eso lo que le da una pátina internacional de ‘luchadores románticos por la liberación’ de un pueblo?

Eso tendría una cierta lógica hasta que muere Franco, se celebran elecciones libres y se aprueba la Constitución. Hasta ahí, la simpatía de la sociedad podría tener una cierta justificación, pero deja de tenerla absolutamente cuando llega la democracia y todo el mundo puede defender libremente sus ideas. Ese era el momento en el que ETA tendría que haber dejado la lucha armada, pero no lo hizo. Y la sociedad se tendría que haber rebelado contra los que seguían matando, pero tampoco lo hizo. Hubo incluso una amnistía, una amnistía muy cruel, en la que fueron liberados todos los presos etarras, pero no surgió esa voz de la calle que le dijera a ETA que no tenía sitio en el País Vasco.

¿Por qué dice que fue una ‘amnistía muy cruel’, se refiere a que quedaron en libertad terroristas como Josu Zabarte, ‘el Carnicero de Mondragón’?

La amnistía fue muy cruel porque la democracia española fue generosa, muy generosa, con ETA. Se quiso hacer borrón y cuenta nueva, empezar de cero, y todos los presos de ETA salieron de la cárcel en 1977 y, algunos, incluso en 1978. ¿Y sabe lo que ocurrió? Que se puso en libertad a cientos de terroristas y se pusieron a matar otra vez. De hecho, lo que se conoce como ‘los años de plomo’, los más sangrientos, son, justamente, los años posteriores a la amnistía, desde 1978 hasta 1980. Como ‘el carnicero de Mondragón’ hubo cuarenta o cincuenta más, lo que pasa que ese suena por el nombre. En fin, que cuando hoy oímos que hay que ser generosos con ETA, yo lo que digo es que ya lo fuimos: se les concedió la amnistía y volvieron a las calles a matar para tumbar la democracia. Ochenta y hasta cien asesinatos al año.

Más inexplicable aún que el comportamiento de una parte de la sociedad es la conexión y el amparo que la Iglesia vasca le presta a los etarras. Podría entenderse que haya curas y obispos filo terroristas, pero que ni la Iglesia española ni el Vaticano interviniese nunca es más difícil de explicar…

También en el origen de eso está el franquismo, porque hay quien mantiene que, como la Iglesia apoyó la dictadura, en el País Vasco surgió un movimiento de contestación dentro de la propia Iglesia. En todo caso, es imposible de explicar. Los asesinos del primer muerto de ETA, el guardia civil Pardínez, se refugiaron en la Iglesia. A partir de ahí, lo sucedido no es cosa de un cura o dos, no; la Iglesia vasca siempre estuvo del lado de los verdugos y nunca de las víctimas. Ese es un hecho, como ese obispo famoso que justificaba a los asesinos con sus pastorales. Lo de la Iglesia vasca con ETA no tiene perdón de Dios.

¿Tuvo oportunidad de hablar alguna vez con ese monseñor que citaba, José María Setién?

No, no… No tuve esa suerte ni él tampoco.

Ese ambiente de rechazo social y de miedo, crea lo que se denominó el ‘síndrome del norte’ para policías, guardias civiles y militares. ¿Puede darse como hecho cierto que el acoso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad lo que perseguía era un Golpe de Estado en España, como aquel de Tejero?

El objetivo primero de todo grupo terrorista, con una estrategia de acción, represión, acción, es el de descomponer el Estado contra el que lucha. Lo que ETA pretendía era reventar la democracia en España, mediante un Golpe de Estado, para poder demostrar al mundo que tenían razón, que luchaban contra fuerzas reaccionarias. Sí, ese siempre fue el objetivo de ETA y lo consiguieron en 1981, justo después de aquellos ‘años de plomo’ y el estado de terror e inseguridad que crearon.

“Lo que ETA pretendía era reventar la democracia en España, mediante un Golpe de Estado, y lo consiguió en 1981”

Pero fíjese la paradoja, un grupo terrorista, con esa pátina de lucha antifranquista, y que lo que busca, realmente, es un golpe militar. ¿Esa contradicción no provocó nada en el mundo etarra?

Sí, y de hecho, tras el Golpe de Estado, hubo una asamblea en la que un sector se desgaja y renuncia a la lucha armada. ETA político-militar, que era la rama más intelectual de la banda terrorista, decidió disolverse en 1982, un año más tarde del Golpe de Estado de Tejero, mientras que ETA militar salió fortalecida en sus planteamientos más violentos. Ahí comienza, además, una huida hacia delante, cada vez más sangrienta, y empieza a matar también a los que llamaban ‘chivatos’, pero que en realidad sólo eran vecinos de guardias civiles o gente que eran del mismo pueblo que un guardia civil destinado en el País Vasco. Internamente, por supuesto, la disidencia se pagaba con la muerte. Como le ocurrió a Yoyes y a otros miembros de ETA de los que todavía ni siquiera se sabe dónde está su cadáver. Piense que la banda terrorista, en su evolución, pasa de los primeros miembros, que tenían un cierto nivel intelectual, a los posteriores que cada vez son más radicales y más salvajes. Con lo cual, entre ellos, cuando ya no podían debatir sobre ideas, lo que les quedaba era sólo el tiro en la nuca. La única parte buena que tuvo ese terror dentro de la propia organización fue que muchos miembros de ETA, que no se atrevían a disentir internamente, comenzaron a colaborar, a escondidas, con la Guardia Civil.

Manuel Corbí, coautor junto con Manuela Simón del libro ‘Historia de un desafío’

Manuel Corbí, coautor junto con Manuela Simón del libro ‘Historia de un desafío’. | Foto: Carmen Castellón

En ese momento de enorme tensión dentro de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad se producen dos desviaciones claras, con sentencias condenatorias de los tribunales. La primera de ellas son los GAL, los Grupos Antiterroristas de Liberación.

Cuando voy a mi primer destino en Vizcaya, en 1987, el GAL ya había dejado de actuar, justo en ese año, con lo cual, profesionalmente, no tuve que hacer frente a esas acciones que, como nadie discute, eran absolutamente ilegales. Pero le diré dos cosas. La primera es que, ahora, con el tiempo que ya ha pasado y con ETA derrotada, es muy fácil opinar, pero hay que ponerse en aquellos años. Había que estar allí en el año 83… Y no intento justificar nada, sólo pretendo comprender lo que ocurrió. De hecho, y es lo segundo que quería decirle, el GAL le hizo más daño a la lucha contra ETA que a ETA. Piense que el GAL le dio la excusa al mundo etarra para equiparar a unos y a otros, y eso fue terrible. Pero, insisto, no justifico nada, ni uno solo de los más de veinte asesinatos de los GAL, aunque sean una cifra insignificante al lado de los casi novecientos asesinatos de ETA. Y nadie aplaudió a los muertos de los GAL, como sí ocurría con los de ETA… Los GAL fueron juzgados y condenados y por esa acción fueron a la cárcel guardias civiles, policías, secretarios de Estado y hasta un ministro.

La segunda desviación de la que le hablaba en la lucha contra ETA sí le afecta a usted personalmente: las denuncias de torturas. Usted fue condenado por torturas a un etarra, primero con una sentencia muy dura de la Audiencia de Vizcaya, que redujo sustancialmente el Supremo hasta que el Gobierno de Aznar le concedió el indulto.

Es evidente que se cometen errores, que hay cosas que se hacen mal, y siempre se deben asumir y hacernos esa autocrítica. A partir de ahí, es absolutamente falsa la generalización que se hace en el mundo de ETA. Los abogados de los terroristas siempre, por sistema, han denunciado torturas pero, de las miles de denuncias que se han puesto, y que se han investigado en los tribunales, sólo hay unas veinte condenas. Y vuelvo a lo que le decía antes, hay que ponerse en aquellos años, en la tensión diaria, el dolor por tantos atentados, el estrés diario y los traumas; imagine todo eso y entenderá que la actuación, en ese aspecto de malos tratos, de los policías, los ertzainas y los guardias civiles en la lucha contra ETA, ha sido un ejemplo de contención. Aquí no ha habido nunca venganza, nadie al que le hayan matado a un hijo, ha cogido su pistola y se ha ido a un local de Herri Batasuna a matar gente. Todo eso, que sí ha existido frente a otros terrorismos en Europa, no se ha dado en el País Vasco. Me recuerdo un día, tras el atentado de la Casa Cuartel de Vic, recogiendo, entre las ruinas, los trozos de una niña asesinada, hija de guardia civil. Cuando al poco detienes al terrorista y lo tienes delante, ya le digo que hay que tener mucho aplomo, mucha profesionalidad, para no dejarse llevar por el impulso que salía de las entrañas. ¿Se han cometido errores? Sí, y me hago esa autocrítica, pero durante 50 años la constante ha sido una lucha impecable, ejemplar, contra ETA.

¿Es cierto que el terrorista de ETA, cuando es detenido, se ‘derrota’ al instante, como se dice en la jerga policial?

Está documentado, por archivos intervenidos a ETA, que en el ‘manual’ de actuación de la banda se le exige a los terroristas que siempre denuncien torturas en caso de detención. Pero le diré más, y eso lo he vivido yo en numerosas ocasiones: cuando deteníamos a un terrorista, se llegaba a un pacto, ellos delataban a otros miembros a cambio de poder denunciar torturas, porque así mantenían el paripé y no les podían culpar de haber provocado la detención. Para salvar la cara ante los suyos de haberlos delatado, se justificaban con las torturas.

Ilustración de los momentos tras el atentado de la Casa Cuartel de Zaragoza

Ilustración de los momentos tras el atentado de la Casa Cuartel de Zaragoza.

En 1987, que es el año que usted se incorpora a su primer destino en la Guardia Civil, se produce el atentado de Hipercor y el de la Casa Cuartel de Zaragoza. ¿Fueron un punto de inflexión dentro de ETA, por el asesinato de tantos niños?

Yo me crie en una casa cuartel con sacos terreros en las ventanas… El de Zaragoza no era, desde luego, el primer atentado contra una casa cuartel, pero sí el que nos demostró que ETA ya no tenía medida. La casa cuartel de Zaragoza la destruyeron entera; de hecho, hubo que derruirla por completo después. Tenga en cuenta que ese año, 1987, eran los prolegómenos de la negociación de Argel y ETA, siempre que ha negociado con un Gobierno, ha seguido la misma estrategia: poner muertos encima de la mesa. Por lo demás, a ellos no les importó que muriesen niños. En el atentado de Hipercor, le echaron la culpa a la Policía de no haber desalojado a tiempo y en la casa Cuartel de Zaragoza culparon a la Guardia Civil porque decían que usaban a sus hijos como escudos humanos. Ningún resquemor, ningún dolor.

“ETA, siempre que ha negociado con un Gobierno, ha seguido la misma estrategia: poner muertos encima de la mesa”

¿Y el atentado de Miguel Ángel Blanco, que fue diez años después, en 1997? Entonces, al menos, sí que se produjo una contestación social inédita hasta entonces.

Fue el asesinato anunciado de un chaval joven, con una cara amable, inocente como ninguna, aunque todas las víctimas sean inocentes. Pero allí estaba su cara y el anuncio de las horas que faltaban para que lo matasen. Fuera de España, tras aquel atentado, ya no había nadie que pudiera dudar de quién era ETA e, internamente, dentro de España, especialmente dentro del País Vasco, ya no había excusas para rebelarse contra ETA, pero ya le dije antes que, al poco, volvieron los silencios. Dentro de ETA, el asesinato de Miguel Ángel Blanco no provocó nada; en todo caso, satisfacción porque era la ‘venganza’ por la liberación de Ortega Lara, nueve días antes.

Instante de la liberación de Ortega Lara. | Imágenes sacadas de la serie documental ‘El Desafío: ETA’

Nunca podrá nadie imaginar el secuestro de Ortega Lara, durante 532 días, en un zulo subterráneo de tres metros y medio. Y todo estaba perdido, ya se daba por imposible cuando el capitán de la guardia civil le pidió al juez media hora más para seguir buscando. Usted era aquel capitán…

Sí, pero aquello fue un trabajo de muchísimos guardias civiles, la mayoría de Intxaurrondo. Mi trabajo era acompañar a la comisión judicial durante la búsqueda y el registro. Yo conocía la investigación, meticulosa, y sabía que estaba allí, aunque no lo encontrásemos. Hay momentos de desmoralización cuando pasan las horas y no somos capaces de encontrar el zulo, pero entonces, de nuevo, repasábamos nuestras certezas, y sabíamos que tenía que estar allí, que había que insistir, aguantar. Cuando, al fin, lo encontramos y Ortega Lara salió de aquel agujero, con cara de náufrago, con ojos de náufrago, muy débil, muy deteriorado… ¿Qué animales podían haber hecho aquello? En fin, habíamos devuelto a la vida a alguien que estaba muerto, porque estaba sentenciado y porque él mismo ya pensaba en quitarse la vida, no podía más, estaba al límite de su aguante. Cuando salimos de la nave, nos montamos en el coche y pusieron la radio: era el programa de Carlos Herrera dando la noticia y comenzó con el himno de la Guardia Civil… Eso no se puede olvidar nunca.

Ilustración del zulo donde tenían retenido a Ortega Lara

Ilustración del zulo donde tenían retenido a Ortega Lara

¿El punto de inflexión de la Guardia Civil en la lucha contra ETA fue la información que facilitaban los infiltrados?

Pasamos de los primeros años, hasta los años 80, en los que la Guardia Civil estaba a merced de ETA, a los últimos años en los que, con la cantidad de información que teníamos, nos podíamos permitir hacer intervenciones ‘quirúrgicas’: deteníamos sólo a quien nos interesaba para que ETA siguiese creciendo en el sentido que queríamos y poder derrotarla completamente. La información fue la que permitió que se pasara de esos años en los que ETA mataba como quería, y la reacción era torpe o ninguna, a los últimos años de dominio gracias a que comprendimos que para acabar con ETA teníamos que trabajar en Francia. Gracias a mi condición de bilingüe en francés, yo lideré aquel grupo que llegó a reunir a trescientos guardias civiles trabajando en Francia, codo con codo con la Policía francesa. Ahí es donde le ganamos a ETA, trabajando en la retaguardia, que es donde estaba la cúpula.

¿Cuántas personas ha llegado a tener la Guardia Civil infiltrada en ETA?

Menos de los que hubiésemos querido y muchos más de los que ellos piensan. El número no se lo puede decir porque si ellos lo saben, y tachan a los que conocen, sabrían los que aún quedan en activo…

En esto que ahora se llama ‘el relato’, hay un sector de la clase política y de la sociedad vasca que quiere vincular el final de ETA con acontecimientos como la Conferencia de Paz de San Sebastián de 2011, en la que intervino hasta Kofi Annan.

Uno a uno, hemos ido acabando con todos los comandos de ETA y con todos los jefes de ETA hasta que en 2009 ya no le quedaban jefes ni terroristas cualificados, tampoco le quedaban explosivos y apenas tenían armas… A partir de ahí, lo que se quiera escenificar, pues bien, vale, me da igual, porque ya hemos acabado policialmente con ETA. No le presto atención ni a los paripés ni a los intentos por dignificar la derrota, que fue una derrota policial sin paliativos. Yo sé que hay gente interesada en maquillar la derrota, que el mito de ETA, esos gudaris vascos que se enfrentaron a un dictador, no acabara en una derrota apabullante frente a guardias civiles y policías de Salamanca, de Badajoz o de Sevilla. Por eso, porque conozco a los terroristas y a su entorno, sabía que nunca iba a haber una declaración expresa de rendición. Pero ya le digo, como profesional de las Fuerzas de Seguridad, a mí eso me da igual.

“Ninguna negociación política nos ha beneficiado porque el único resultado ha sido que los terroristas se veían revestidos de autoridad”

¿De qué han servido las negociaciones políticas?

De las tres negociaciones que ha habido, con Felipe González, con Aznar y con Zapatero, sólo se contó con las fuerzas de seguridad en la primera, pero en un plano operativo, nunca de asesoramiento político, obviamente. Todo Gobierno tiene la obligación de intentar solucionar los problemas y no tengo ninguna duda de que siempre lo hicieron con la mejor voluntad. Otra cosa es que pudiesen prosperar, porque ETA sólo tenía una ‘oferta’ de negociación: ‘o cedes en todo o seguimos matando’. Por lo tanto, al final todos los intentos de negociación fracasaban porque se topaban con el muro del terrorismo. En fin, digo lo mismo que en otros temas, que a toro pasado es fácil decir cosas, pero que, sentado eso, está claro que ninguna negociación política nos ha beneficiado porque el único resultado ha sido que los terroristas se veían revestidos de la autoridad de haber sentado a negociar, cara a cara, a un gobierno legítimo y democrático.

Manuel Corbí en su domicilio tras la entrevista

Manuel Corbí en su domicilio tras la entrevista. | Foto: Carmen Castellón

¿Usted se cree el anuncio del ‘fin de la actividad armada’ que hicieron en 2011 o debemos mantenernos siempre en guardia contra ETA?

Me creo lo que le decía antes, que han sido derrotados y no tienen nada. Y después de lo ocurrido, después de lo que ha sido ETA en el País Vasco, y con los cambios sociales que ha habido, ¿quién se mete ahora a organizar de nuevo un grupo terrorista? Lo cual no quita que mañana, un iluminado coja una pistola y diga que ETA ha vuelto… Pero no, ese es otro riesgo que siempre existe, pero nunca será la ETA que hemos conocido. Eso nunca volverá.

“Ahora que se ha acabado ETA, yo, personalmente, veo correcto el acercamiento de los presos a las cárceles vascas”

Comenzamos hablando de la sociedad vasca… Dígame una cosa más: ¿cómo se recompone? ¿Se debe perdonar?

El perdón es algo individual y, como sociedad, a lo que debe aspirar es a que se cumpla la ley. Las leyes son las que regulan nuestra convivencia y a ellas debemos limitarnos. Se lo digo porque a mí no me duele que un terrorista cumpla su condena y salga de la cárcel; al revés, es el ejemplo de que se cumplen las leyes y de que otros, cuando lo vean salir después de 30 años, saben a lo que se exponen.

Me alegra que remarque el cumplimiento de la ley porque, por ejemplo, nunca he entendido que, una vez derrotada ETA, que no se haya acabado con la dispersión de los presos etarras. Es lo legal, pero incluso como gesto de victoria…

Ser magnánimos con el vencido, se refiere… Digo lo mismo: tiene que cumplirse la legislación y el Estado está obligado a cumplirla. No puede haber un recluso beneficiado por ser terrorista ni perjudicado por ser terrorista. La sociedad vasca, que en su día calló ante los crímenes, para mí no tiene legitimidad para hablar a favor de los terroristas, pero por encima de todo eso está la ley penitenciaria. Si en su día, se alejó a los presos por terrorismo de las cárceles vascas porque era conveniente para la lucha antiterrorista, ahora que se ha acabado ETA, yo, personalmente, veo correcto el acercamiento siempre que se explique bien por qué se hace, que es en aplicación del régimen penitenciario una vez que se ha acabado la excepcionalidad, y que eso no afecte al cumplimiento de la condena y en las mismas condiciones que cualquier otro recluso con la misma pena impuesta.

Fecha de publicaciónnoviembre 02, 2020

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