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Jörg Schneider: el hombre que tumbó el Muro de Berlín con una máquina de escribir y papel carbón

C. Jordá

Un capítulo ignorado del final del Muro de Berlín es que la primera protesta masiva en la RDA se convocó con una máquina de escribir y papel carbón.

Nadie podría haber imaginado a mediados de los años 80 el colapso de los países comunistas, la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y de todo el Telón de Acero a continuación. De hecho, si en los primeros días de aquel inolvidable año alguien lo hubiese pronosticado lo más probable es que lo hubiesen tomado por bromista o incluso por loco.

Pero las primeras señales estaban ahí, aunque nadie pudiese pensar que lo eran, lo que parecía imposible de hecho estaba empezando a ocurrir y tomó un giro sorprendente hace justo 30 años: el 7 de octubre de 1989. En este reportaje les contamos como.

1989: el Telón de Acero empieza a rasgarse

Durante el primer semestre de aquel año algunas cosas habían empezado a cambiar en Europa del Este y, sutilmente, el Telón de Acero empieza a rasgarse: en Polonia el régimen comunista del general Wojciech Jaruzelski era incapaz de contener la pujanza del sindicato Solidaridad de Lesh Walesa y tuvo que llegar a acuerdos con la oposición, e incluso a convocar unas elecciones semilibres en junio, que perdió de forma abrumadora.

En Hungría nuevos líderes socialistas están empezando tímidas reformas e incluso, a partir de agosto y del famoso Picnic Paneuropeo, se permitió a los ciudadanos de la RDA que utilizasen su frontera con Austria para cruzar al Oeste.

En Checoslovaquia, en un clima que empezaba a cambiar -y que acabaría con su propio régimen comunista sólo meses después- miles de refugiados de la RDA que habían acampado alrededor de la embajada de la RFA en Praga lograban la autorización para pasar también a la RFA.

Algo se estaba moviendo en lo que todavía parecía inamovible, el Muro de Berlín que se pensaba que estaba construido para siempre empezaba a resquebrajarse.

Las primeras protestas en la RDA

En Alemania del Este también había todo un movimiento fruto de la falta de libertades, por supuesto, y también por la terrible situación económica y social. Incluso se habían dado ciertas muestras de descontento ante las falsas elecciones que se celebraron en mayo de ese mismo año, en las que la burda manipulación electoral del régimen se hizo más evidente que nunca.

Pero hasta el mes de octubre de 1989 toda esta oposición se mantenía, en cierto modo, subterránea: se limitaba a pequeñas protestas y a numerosos encuentros «de oración» en iglesias de todo el país, que se habían convertido en un oasis de libertad.

Probablemente los más significativos de estos encuentros eran los que se celebraban todos los lunes en la Iglesia de San Nicolás de Leipzig desde hacía años. Estas Oraciones por la Paz como se llamaban, fueron creciendo hasta empezar a preocupar al régimen que, ya en la primavera de 1989, había empezado a poner trabas a su celebración lo que, por supuesto, no hizo sino hacerlas más populares.

Plauen, inesperado escenario de la primera protesta masiva

Sin embargo, el primer estallido verdaderamente masivo de toda esa tensión no tuvo lugar en Leipzig, como la mayor parte del mundo cree, sino en Plauen, una pequeña ciudad 130 kilómetros al sur, muy cerca de la antigua frontera entre la RDA y la RFA.

Las ciudades fronterizas eran las peor tratadas por el régimen comunista de la RDA, tal y como nos cuentan testigos de los hechos durante una visita a Plauen con un grupo de periodistas internacionales: «La mayor parte del dinero se iba a Berlín, lo que quedaba se repartía en las demás ciudades grandes y aquí no llegaba nada, porque no querían que la gente viniese a vivir cerca de la frontera».

Además, para que la situación aún estuviese más enrarecida la ciudad contaba con unos enormes acuartelamientos -hoy convertidos en bonitas zonas residenciales- tanto de soldados de la RDA como de la URSS, con entre 2.000 y 4.000 soviéticos estacionados permanentemente allí.

Jörg Schneider: un héroe con máquina de escribir y papel carbón

En ese ambiente un joven de 22 años llamado Jörg Schneider tuvo una idea realmente llamativa: se puso a hacer pequeños folletos para convocar a sus vecinos a una manifestación. Por supuesto, en la Alemania comunista tener algo como una fotocopiadora o una simple multicopista era imposible, así que se puso a hacerlos con lo que tenía: una máquina de escribir y papel carbón, escribiendo y copiando una y otra vez el mismo mensaje.

Jörg Schneider tituló sus hojas mecanografiadas como una «llamada de la Iniciativa para la Transformación Democrática de la Sociedad» y eligió como fecha para su convocatoria el sábado 7 de octubre, que era fiesta nacional en la RDA, ya que se celebraba el 40 aniversario de la creación de la dictadura comunista títere de la URSS.

Con su método tan rudimentario Schneider hizo unos doscientos folletos y, ayudado por unos amigos, el 3 de octubre los repartió por la ciudad. A partir de ese momento corrieron de mano en mano como la pólvora: «Todos los habíamos visto o conocíamos a alguien que los había visto, todos sabíamos que la manifestación estaba convocada», nos dice una vecina de Plauen testigo de los hechos.

La primera gran marcha en la RDA: 15.000 personas en la calle

Por supuesto, la Policía buscó al autor de los folletos, pero la suerte se puso del lado de Jörg Schneider y sus amigos: «Llovió mucho y los perros no pudieron encontrar un rastro», nos cuentan.

El resultado superó cualquier expectativa: entre 10.000 y 15.000 personas llenaron las calles de Plauen, una ciudad de unos 60.000 habitantes. Y eso a pesar del enorme despliegue de fuerzas de seguridad: «Vinieron camiones con soldados que aparcaron en los patios de las escuelas, había helicópteros y muchísimos policías, las carreteras para llegar a Plauen estaban cortadas».

Como muestran las únicas imágenes grabadas del acontecimiento, rodadas a escondidas por un habitante de Plauen que se jugó la vida con ello, la policía trató de disolver la manifestación con cañones de agua, hubo violencia y detenciones, pero era tal la avalancha de gente que se vieron desbordados, no se atrevieron a disparar sobre la multitud y la inmensa mayoría de los manifestantes volvieron sanos y salvos a su casa.

El ejemplo para 9 de octubre en Leipzig

Pese a que lo ocurrido fue, por supuesto, silenciado por los medios de información controlados por el régimen, la noticia corrió de boca en boca por toda la RDA y llegó, especialmente, a Leipzig.

El hecho de que en Plauen hubiese habido una gran protesta y no se hubiese vivido una masacre fue clave para que en Leipzig mucha gente se sintiese impelida a salir a la calle y también para que hubiese un poco menos de miedo.

El resultado fue impresionante: la habitual Oración por la Paz de los lunes se convirtió aquel 9 de octubre en una gigantesca manifestación con decenas de miles de personas en el centro de la ciudad, en la que de nuevo las fuerzas del orden del régimen comunista se vieron superadas.

Tras la espoleta encendida en Plauen por Jörg Schneider y el estallido en Leipzig toda la RDA se llenó de protestas masivas y pacíficas. El frágil armazón que sostenía el régimen se vino abajo y sólo un mes después, el 9 de noviembre de 1989, el Muro de Berlín caía en un momento inolvidable. Tras él, los diferentes gobiernos comunistas de Europa del Este cayeron como fichas de dominó y se rasgó definitivamente el Telón de Acero, tal y como lo había bautizado Churchill a la impenetrable frontera que dividía al viejo continente en dos.

Y todo gracias, en buena medida, a un hombre de una pequeña ciudad que sólo tenía una maquina de escribir y papel carbón. Hoy, ni siquiera el pequeño monumento que recuerda aquella manifestación en el lugar en el que se celebró recuerda su nombre.

Fecha de publicaciónjunio 10, 2019

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