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La actriz de Hollywood que logró uno de los inventos militares más importantes del siglo XX

Álvaro Hermida

Hedy Lamarr pasó de huir del fascismo que se propagaba por Europa en los años treinta a enfrentarse directamente a él, creando nuevas tecnologías militares que siguen usándose hoy día.

Al inicio de la Primera Guerra Mundial, en Viena (que por ese entonces era —junto a Budapest— la capital del Imperio austrohúngaro) nació un bebé que, a lo largo de su vida, revolucionaría el cine erótico en la década de los treinta, huiría de su abusivo marido, triunfaría en Hollywood y, durante la Segunda Guerra Mundial, idearía uno de los avances militares más importantes del siglo XX.

Su nombre era Hedy Lamarr. Hija de un matrimonio judío adinerado (aunque su madre se convirtió al catolicismo y a su hija con ella), descubrió a la edad de 12 años que su pasión eran las artes escénicas. A principio de la década de los treinta (y tras haber ganado un concurso de belleza en su Viena natal) consiguió una serie de papeles de extra en películas como Geld auf der Straße (1930) —’Dinero en la calle’— o ‘Die Koffer des Herrn O.F.‘ (1932) —El traje de baño del Señor O.F.’—, uno de sus primeros papeles con diálogo.

«A toda chica le gusta casarse con un hombre rico. Yo lo hice dos veces»

Pero al año siguiente, Lamarr llamó la atención del cineasta checo Gustav Machatý, que le ofreció el papel protagonista en ‘Extase‘ (1933) —’Éxtasis’—. La película, que narra la historia de una mujer joven que se casa con un hombre muy adinerado pero mayor que ella (que no la desea sexualmente) y escapa de su matrimonio al conocer a un joven y libidinoso ingeniero que se convierte en su amante. La película, con una gran carga sexual, se considera la primera película no pornográfica que representa, a través de un primer plano de la cara de Lamarr, el orgasmo femenino, además de incluir breves desnudos.

Para Lamarr esto resultó un ‘shock’, dado que afirmó que el director la había engañado, diciéndole que «no se vería nada». A pesar del alto contenido sexual (para la época) la película cosechó grandes éxitos. En el Festival de Cine de Venecia, en su edición de 1934, Gustav Machatý ganó el premio a mejor director y el filme fue nominado a la Copa Mussolini a la mejor película extranjera.

Desnudo de Hedy Lamarr en ‘Éxtasis’ (1933).

A pesar de que tanto en Alemania como en Estados Unidos se la catalogó como una película pornográfica (y, por tanto, fue censurada) en el resto de Europa se consideró una obra de arte que recibió amplias y buenas críticas, lo que disparó la carrera interpretativa de Lamarr. Durante los meses posteriores, explica la actriz en su libro autobiográfico ‘ Ecstasy and me ‘ (1966), la actriz interpretó varias obras de teatro aclamadas por la crítica hasta que a finales de 1933 uno de sus ‘admiradores’, el adinerado comerciante de armas austríaco Friedrich Mandl (considerado el tercer hombre más rico de Austria) se encaprichó de ella y la actriz, que nunca negó el atractivo de un hombre adinerado (más tarde afirmaría que «A toda chica le gusta casarse con un hombre rico. Yo lo hice dos veces»), aceptó salir con él a pesar de la férrea oposición de sus padres, que no aprobaban la relación dados los estrechos lazos que unían a Mandl y a Benito Mussolini en primer lugar y a Adolf Hitler más tarde (y eso teniendo en cuenta que el padre del empresario, Alexander Mandl, era judío).

En el mes de agosto de 1933 la pareja contrajo matrimonio (ella, por primera vez, con 18 años de edad y él, por segunda, a la edad de 33). En su autobiografía, la acriz describe a su marido como un hombre controlador, que la tenía como un trofeo y que estaba dispuesto a hacer lo que hiciera falta para que ella no volviera a actuar nunca más. Según la historiadora del cine estadounidense Karina Longworth, tras meses de matrimonio infernal, uno de los asociados de su marido, un oficial británico, llegó por motivos laborales a la casa de la pareja. Como explica la experta, «Cuando Mandl dejó un momento el comedor, Lamarr le suplicó a la visita que la ayudara a escapar, a lo que el oficial británico accedió. A pesar de esto, mientras ella se preparaba para la huida, Mandl apareció en su habitación con un vinilo, que en vez de música, se trataba de una grabación de la súplica que Lamarr le había hecho al oficial británico».

Lamarr, preguntándose cómo sería más fácil destruir barcos nazis. (Flickr)

Finalmente, en 1937, Lamarr consiguió huir tanto de su marido como del país, según su autobiografía, disfrazándose de su criada y llevándose consigo todas sus joyas. La actriz consiguió llegar a París y, de ahí, a Londres. Allí conoció al director de la Metro Goldwyn MayerLouis B. Mayer, que se encontraba en el país «buscando talento europeo». En su libro ‘Una ciudad de redes: un retrato de Hollywood en la década de los 40‘, Otto Friedrich explica que, tras rechazar una oferta de 125 dólares a la semana, Lamarr reservó un asiento en el mismo trayecto con el que Mayer tenía planeado volver a Los Ángeles, y durante este, consiguió convencerle de que subiera la oferta a 500 dólares a la semana. Desde aquí todo fue hacia arriba. Lamarr interpretó papeles en multitud de películas de Hollywood, entre las que destacan ‘Argel‘ (1938), ‘Sansón y Dalila‘ (1949) o ‘La extraña mujer‘ (1946), cosechando gran éxito.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial (y teniendo en cuenta su ascendencia judía), la actriz intentó formar parte del National Inventors Council, una organización federal estadounidense ideada para aglomerar, valorar y facilitar ideas tecnológicas de carácter militar en la lucha contra el fascismo que se extendía por Europa y por el Pacífico. Pero la solicitud de Lamarr (a quien su padre le había enseñado ciencia y tecnología desde niña) fue denegada, alegando que, dada su condición de ‘estrella de Hollywood’, sería mucho más útil si se dedicase a vender bonos de guerra.

George Antheil, coautor de la patente.

A pesar de esto y no poseer ningún tipo de formación académica técnica, Lamarr emprendió una carrera paralela: la de inventora. Esta etapa de su vida es narrada en todo detalle por el autor Richard Rhodes en su libro ‘ Hedy’s Folly: The Life and Breakthrough Inventions of Hedy Lamarr ‘ (‘La locura de Hedy: la vida y las invenciones innovadoras de Hedy Lamarr’). Según comenta, al inicio de su andadura como inventora, la actriz se centró en la mejora de los semáforos y en una pastilla capaz de convertir el agua en agua carbonatada, aunque este último invento fue descrito por la propia actriz como que «sabe a Alka-Seltzer».

A principios de los años 40 la actriz empezó a salir con el magnate Howard Hughes, que sentía una gran admiración por el talento y la pasión por la tecnología que tenía Lamarr. Como narra Richard Rhodes en su libro, durante su relación Hughes puso a disposición de Lamarr a todos sus ingenieros y cuerpo técnico, con la orden de que hicieran todo lo que la actriz les pidiese.

Sigrid Gurie, Charles Boyer y Hedy Lamarr, en ‘Argel’ (1939).

Pero su gran contribución llegó en 1942, cuando ella y un amigo suyo, el compositor George Antheilobtuvieron una patente para un «sistema secreto de comunicaciones», aunque el concepto es conocido como ‘espectro ensanchado por salto de frecuencia’. La idea detrás del invento era diseñar un sistema que permitiera que fuera imposible para el enemigo bloquear, alterar o interferir la señal de radio utilizada para el guiado de torpedos. Esto se logra gracias a un sistema ‘primitivo’ de encriptación en el que tanto el sistema de emisión del guiado y el propio torpedo comparten un código que les permite ‘saltar’ de frecuencia de una manera que solo ellos saben, evitando así interferencias.

Por desgracia, a pesar de la clara utilidad de esta nueva tecnología, el Ejército de Estados Unidos no lo aplicó hasta el año 1962, cuando los nuevos torpedos de la Armada de EEUU incluyeron una versión más refinada de este sistema elaborada por Sylvania Electronic Systems Division pero basada en la patente de Lamarr y Antheil. Como reconocimiento a su invento, en 1997, la Electronic Frontier Foundation les otorgó el premio Pioneer Award.

Este sistema ‘secreto’ de comunicaciones cobró popularidad en los años posteriores tanto para aplicaciones militares como civiles. Gran parte de las radios empleadas por los ejércitos de la OTAN hoy en día utilizan el espectro ensanchado por salto de frecuencia, así como también lo hacen gran parte de los coches, aviones o drones por control remoto

Finalmente, en el año 2000, Hedy Lamarr falleció a los 85 años de edad, tras haber actuado en 35 películas, haber tenido seis matrimonios (poco exitosos, eso sí) y ser una de las más importantes inventoras de la historia.

Fecha de publicaciónabril 15, 2022

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