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La odisea del solitario acorazado confederado que desarboló a una flota «yankee» de madera

César Cervera

Con 80 metros de eslora y capacidad para 320 tripulantes, el «ironclad» imponía con su mera presencia, sin que se pudieran intuir desde fuera los graves fallos estructurales que le hacían lento e iban a acelerar su final en cuanto entrara en combate.

Lo sorprendente de la Guerra de Secesión americana no es por qué perdió el Sur, sino cómo lograron aguantar tanto tiempo en pie, a pesar de que las infraestructuras, el tejido industrial y los mejores recursos militares se encontraban en el Norte. Las soluciones ingeniosas y el talento de algunos de sus generales, véase la campaña de Robert E. Lee, sostuvieron durante cuatro años un conflicto que, por cifras, podría haber acabado en menos de un año. Es el caso del uso de «ironclads», barcos acorazados, para contrarrestar la desproporción de medios navales a disposición de los ejércitos de Abraham Lincoln. «[…] una nave como esta (un barco acorazado) podría recorrer toda la costa de los Estados Unidos, impedir todo tipo de bloqueo y enfrentarse, con una posibilidad de éxito favorable, a la totalidad de su flota», apuntó Stephen Russell Mallory, secretario de Marina confederada.

Un barco contra toda una flota, proponía. Y el 21 de abril de 1861, los confederados se hicieron con los astilleros de la Armada de Gosport, en Portsmouth (Virginia), cayendo en sus manos todo lo necesario para fabricar un «ironclad». Valiéndose de los restos hundidos de una fragata a vapor llamada «USS Merrimack», los ingenieros sudistas reflotaron el barco, rebajaron el nivel de su cubierta inferior y establecieron un blindaje de 61 centímetros de madera y 10 centímetros de hierro. El ángulo inclinado de su casamata (el refugio acorazado situado en la cubierta) estaba pensado también con fines defensivos, para desviar todos los disparos.

Su punto fuerte, no en vano, estaba en su potencia ofensivo. Como explica John V. Quartein en un artículo publicado en la Revista Desperta Ferro (Nº. 2 de Historia Moderna), el acorazado contaba con los mejores cañones pesados disponibles: una batería de costado de 6 Dahlgrens de ánima lisa de 9 pulgadas, dos cañones navales Brooke de ánima estriada de 6,4 pulgadas y otro Brooke de ánima estriada de 7 pulgadas montado en una plataforma giratoria a cada extremo de la casamata. En previsión de que habría carencia de munición, los confederados colocaron un ariete de hierro forjado de 680 kilogramos con el que «cargar a otros barcos como si fuera una bayoneta de la infantería».

El «CSS Virginia» contra el mundo

Tras numerosos retrasos, el 17 de febrero de 1862, el arma definitiva de los confederados fue fletado con el nombre «CSS Virginia». Con 80 metros de eslora y capacidad para 320 tripulantes, el acorazado imponía con su mera presencia, sin que se pudieran intuir desde fuera los graves fallos estructurales que le hacían lento e iban a acelerar su final en cuanto entrara en combate. Así y todo, el capitán a su mando, Flanklin Buchanan, descrito por los suyos como «tan indómito y valeroso como Nelson», buscó rápidamente un objetivo con el que mostrar el poder ofensivo del acorazado. Solo un mes de salir de los astilleros, el 8 de marzo, el «CSS Virginia» puso rumbo al cabo de Newport News, dispuesto a luchar contra todo lo que se pusiera en su camino.

Ya durante esta travesía Buchanan se percató de lo lento y poco maniobrable que era el acorazado, con un calado tan profundo que en algunos tramos tuvo que ser remolcado por otro barco confederado. El «CSS Raleigh» y el «CSS Beaufort», dos importantes buques de la flota confederada, acompañaron al «ironclad» en esta aventura y fueron testigos de su entrada triunfal en el cabo de Newport News. Cayó con estrépito sobre dos barcos unionistas allí estacionados, el «USS Congress», de 52 cañones, y el «USS Cumberland», de 24 cañones. El «Congress» se defendió como pudo, pero todas las balas rebotaron en el acorazado como «guijarros»; y al final fue una bala roja (balas calentadas previamente) la que incendió a esta fragata. Herida de muerte, el barco unionista quedó varado y terminaría rendido y hundido esa jornada.

Del mismo modo, las contramedidas del «USS Cumberland» se mostraron insuficientes cuando el acorazado confederado embistió a la corbeta en un costado. Al comenzarse a hundirse la corbeta, el «CSS Virginia», con su espolón enganchado, tuvo que poner a sus motores al máximo para evitar irse con ella, lo cual al final logró «dejando el aguijón en la herida». El placaje con el espolón y los disparos de «balas y obuses que atravesaban los costados de madera del “Cumberland” como si fueran de papel…» dejaron un balance de 121 muertos en la corbeta, que pronto se fue a pique. Sin mencionar dos transportes de la Unión destruidos en la costa y un tercero capturado.

Así las cosas, el «CSS Virginia» registró importantes daños tras este primer combate. Los enemigos apuntaron en sus disparos al único punto que parecía realmente vulnerable, esto es, las portezuelas de los cañones, con el objetivo de que algún cañonazo entrara en la casamata. Varias portezuelas quedaron arrancadas y el comodoro Buchanan fue herido en un muslo cuando disparaba a la orilla desde lo alto de la casamata, aunque al final del día el «Virginia» era, sin lugar a dudas, dueño y señor del cabo. Catesby ap Roger Jones, oficial ejecutivo del herido Buchanan, asumió el mando y se enfrentó a una nueva amenaza en la tarde de ese 9 de marzo. Otros tres veleros de la Unión, el «USS Roanoke»el «USS St. Lawrence» y el «USS Minnesota», trataron de sumarse a la lucha procedentes de dos fuertes cercanos. Sin embargo, quedaron encallados en el peor momento, lo que aprovechó el acorazado para bombardear a estas fragatas a distancia.

«Una tapa de barril flotante»

Al amanecer del día siguiente, el «Virginia» y varios barcos confederados de apoyo se percataron de que una de las fragata de la Unión aún seguía encallada donde la noche anterior. Estaba el acorazado a punto de destruir el «USS Minnesota» inmóvil, luego de impactarle dos obuses de lleno, cuando la llegada de un invitado inesperado puso fin a la marcha imperial del destartalado «ironclad». El ingeniero jefe del «Virginia» describiría la irrupción del «USS Monitor», un precario acorazado de la Unión, como «una tapa de barril flotante con una caja de queso encima […] y audazmente nos hizo frente».

El «USS Monitor» era un acorazado de menor tamaño, menos blindaje y una artillería más limitada que su rival, pero su mayor velocidad y su innovador diseño, a cargo del inventor sueco-norteamericano John Ericsson, le hacían un enemigo rocoso. Si el acorazado confederado tenía su punto fuerte en su blindaje, el original diseño del «ironclad» le daba una fortaleza casi indestructible. Virtualmente estaba sumergido en el agua, pues solo su torreta giratoria –equipada con un cañón dahlgren de ánima lisa de 11 pulgadas– y la cabina del piloto sobresalían de la cubierta. En este sentido, la torreta tenía 20 centímetros de blindaje de hierro, más que el blindaje de su rival, y su giro a vapor ofrecía una puntería asombrosa para unos proyectiles capaces de traspasar las placas de metal del acorazado confederado. El oficial al frente del «USS Monitor», el teniente John Lorimer Worden, era tan intrépido como el diseño de la nave, descrita por uno de sus oficiales como «la más extraña que jamás había visto».

Cuando se produjo el inesperado choque entre el «USS Monitor» y el «Virginia»el acorazado de la Unión pagó a su némesis con la misma moneda que este había empleado contra los barcos de madera. Los sudistas iban equipados con proyectiles y balas rojas en previsión a luchar contra veleros, no contra acorazados, por lo que todos sus disparos a distancia fracasaron incluso cuando apuntaron a las portezuelas de sus cañones, como el día anterior habían hecho contra él. Y si sus enemigos al menos habían destrozado sus portezuelas, en el caso de los disparos al «USS Monitor» se logró poco, pues la torreta giratoria se movía demasiado rápido. La otra baza ofensiva del barco confederado, placar con su espolón, resultó también imposible, dada la mayor velocidad del «Monitor».

No obstante, en el interior de el «Monitor» también se vivieron problemas derivados de utilizar tecnología experimental en un combate real, como relata Sumner Beese en su texto « CS Ironclad Virginia y US Ironclad Monitor» (1996). El sistema de giro de la torreta no funcionó bien debido a que el agua oxidó el mecanismo y, además, la comunicación entre la cabina del piloto y la torreta también supuso un problema a la hora de acertar en su potente pero único disparo.

La llegada del acorazado confederado salvó al encallado «Minnesota» de ser hundido, no así de un remolcador que acudió a ayudarlo y recibió un disparo en la caldera que resultó crítico. Pero lo que no logró fue penetrar en la gruesa piel del «Virginia», ni siquiera cuando una fuga de agua –provocada por la rotura el día de antes del espolón– afectó a sus motores y le inmovilizó durante varias horas. Para cuando pudo liberarse el «ironclad» confederado, Roger Jones ordenó embestir al «Monitor», al cual golpeó de refilón, en una maniobra kamikaze que dejaron más dañado aún los motores del «Virginia».

El final de una breve rivalidad

Al igual que en una pelea entre topos, los dos acorazados siguieron disparándose sin acierto varias horas más. En un momento dado fue el propio «Monitor» quien cargó contra la hélice del «Virginia» y también falló. Lejos de su objetivo, el acorazado de la Unión quedó a merced de los cañones confederados y sufrió un disparo a bocajarro en la cabina del piloto, justo cuando Worden miraba desde dentro. El teniente al mando de la nave quedó cegado y tuvo que delegar el mando, en un momento de indecisión que hubiera bastado al «Virginia» para tomar definitivamente a su presa original, el «Minesota», sino fuera por el cambio de mareas. El pesado acorazado puso rumbo al río Elizabeth sin haber acabado su propósito. El reemplazo de Worden decidió no seguirle.

El empate entre ambos acorazados favoreció, a nivel general, al «Virginia», pues había tomado a esas alturas con bastante facilidad Hampton Roads y barrido del cabo a las fragatas de madera que allí se encontraban. Su maniobra, además, retrasó las operaciones que el general de la Unión George Brinton McClellan llevaba a cabo en tierra y contribuyeron a su posterior derrota. Con muy poco los confederados infligieron un alto daño en la flota enemiga. Otra cosa es que el «Monitor» se revelara como una suerte de kriptonita para aquel acorazado que la Marina sudista había estimado decisivo. Mientras existieran ambos, ninguno de los dos bandos podrían cobrar ventaja en lo que a lucha acorazada se refería. Cada uno retrataba mejor que nada los puntos fuertes de cada bando: el ingenio y la modernidad de los unionistas; frente al aprovechamiento de los recursos sudistas.

No en vano, ninguno de los dos sobrevivió a 1862. El «Virginia» sería hundido por su propia tripulación en mayo de ese año, con el fin de evitar que cayera en manos enemigas cuando se perdió la ciudad de Norfolk. Su enorme calado, inadecuado para la navegación del río James, forzó esta decisión. Y en el caso de su némesis norteño, el «Monitor», pereció a causa de una tormenta el 31 de diciembre en el cabo Hatteras.

Fuenteabc.es
Fecha de publicaciónseptiembre 08, 2018

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