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Una ‘lavadora’ de sangre que ha salvado ocho vidas

Esther Neila. Valladolid

El Río Hortega aplica una terapia que extrae y oxigena la sangre del paciente cada minuto / Sustituye la labor de los pulmones, que quedan ‘en reposo’ varios días para poder recuperarse 

La vida de Luis Comella llevaba camino de extinguirse (le daban 24 horas, eso lo ha sabido después) cuando los médicos plantearon quemar el último cartucho. Tras una semana en la UCI del Hospital de Burgos, su respiración no mejoraba. Ni los fármacos, ni el respirador ni los cambios de postura surtían efecto: su sangre seguía perdiendo oxígeno. Le ‘enchufaron’ entonces a una máquina que durante seis días oxigenó su flujo sanguíneo fuera del cuerpo, dejando en reposo sus maltrechos pulmones para darles tiempo a recuperarse. Ese aparato, del que «nunca había oído hablar», le salvó la vida a este venezolano afincado en Burgos «con sangre menorquina por vía paterna». Y precisamente de eso, de sangre, va su historia. 

Unos pocos hospitales españoles vienen aplicando en los últimos años esta terapia llamada Ecmo (oxigenación de la sangre por membrana extracorpórea, por sus siglas en inglés). Entre ellos el de Salamanca y el Río Hortega de Valladolid. Hasta ahora se usaba para reparar el daño pulmonar derivado de patologías como la gripe o el asma o para revertir determinadas paradas cardíacas, la más sonada, hace unos meses, la que ‘resucitó’ a una joven que estuvo seis horas sin latidos y con hipotermia en los Pirineos. 

Con la actual crisis del coronavirus, la técnica se ha confirmado como una esperanza para casos comprometidos y se ha aplicado a más de un centenar de enfermos en todo el país en el último mes.

A Luis le intubaron el 31 de marzo.  Cuando despertó, una semana después, le preguntaron si sabía dónde estaba. «En Burgos», respondió. «No, estás en Valladolid», le informaron los médicos del Río Hortega, el único de Castilla y León acreditado para recoger con su equipo móvil a pacientes de cualquier punto de la Comunidad y trasladarlos a sus instalaciones, explica Pedro Enríquez, jefe de servicio de la UCI. 

Desde que comenzó la pandemia, han aplicado esta técnica a once enfermos de Valladolid, Segovia, Soria y Burgos, de los cuales ocho han sobrevivido. 

Durante unos días –una semana es la media– la máquina «suple la función de los pulmones enfermos», explica el intensivista vallisoletano. El primer paso es implantar dos catéteres de gran calibre en sendas venas (suelen ser femorales o yugulares), creando un circuito exterior para la circulación sanguínea. Por una de esas cánulas se extrae la sangre con una bomba centrífuga, la máquina la oxigena y la devuelve al paciente por la otra cánula. Es una especie de ‘diálisis’ que, en lugar de eliminar las sustancias nocivas de una insuficiencia renal, lo que hace es ‘lavar’ el dióxido de carbono del flujo sanguíneo para retornarlo limpio al cuerpo. La máquina ‘recicla’ toda la sangre del paciente (en torno a cinco litros) en algo más de un minuto. 

La técnica es muy invasiva y entraña un alto riesgo de complicaciones. Por eso no todos los pacientes son susceptibles de someterse a ella. Se estudia cada caso y se evalúa la posibilidad de recuperación del pulmón dañado.

«Es una técnica compleja cuyo resultado depende de la adecuada selección de los pacientes», sostiene Enríquez. 

La gran mayoría de los pacientes tratados en las últimas semanas con esta terapia son hombres (la Covid tiene una mayor incidencia en los varones) y las edades van de los 35 a los 65 años. La edad no es en ningún caso un factor determinante para recibir el tratamiento, pero como sucede con otros tratamientos los pacientes jóvenes presentan en general más capacidad de mejoría. 

El tratamiento permite duplicar el pronóstico de supervivencia del paciente. Son casos de daño pulmonar severo donde la probabilidad de morir supera el 80%, y con esta técnica se reduce al 30%. «Son pacientes sobre los que se ha perdido toda esperanza», confiesa Enríquez, al celebrar lo gratificante de los buenos resultados.

La complejidad de la terapia comienza en el mismo momento de la implantación de esos gruesos catéteres, una intervención que se realiza en quirófano y dura unas dos horas. 

Luego, requiere el seguimiento de un equipo orquestado al milímetro que implica a médicos intensivistas, enfermeros, auxiliares, fisioterapeutas y celadores, todos ellos en continuo entrenamiento para poder llevar a cabo una técnica tan especializada. El desarrollo del tratamiento conlleva un sobresfuerzo técnico y humano que ha sido posible incluso en los días más duros de esta pandemia, con las UCI desbordadas y un personal sanitario agotado que, hasta en ese escenario, ha mantenido desplegados todos sus recursos para seguir prestando una asistencia de máximos. 

Imagen asdasdasdasdEl tratamiento, «por su excepcionalidad y su alta complejidad, es y debe ser una terapia concentrada en pocos hospitales» que permita tener un número elevado de casos –al menos 20 al año– para «mantener un elevado nivel de competencia en su manejo» y «que se realice con excelencia científica, técnica y humana», argumenta Enríquez. Entre sus complicaciones potenciales, «la hemorragia es la más frecuente y la infección, la más temida». Por eso «es importante que el equipo tenga mucha experiencia», para «poder detectar problemas de forma muy precoz, cuando son fáciles de solucionar». 

El equipo Ecmo de Valladolid comenzó a funcionar hace dos años y desde hace uno tiene capacidad de viajar con un equipo móvil a otras provincias para recoger pacientes, una «logística delicada» que permite garantizar la equidad en el acceso a las prestaciones con independencia del lugar de residencia. Si llaman de Soria, por ejemplo, en unas horas dos intensivistas están allí, le implantan las cánulas al paciente y lo traen a Valladolid en la UCI móvil. El dispositivo está disponible 24 horas al día los 365 días del año. «Anoche mismo volvimos al HUBU a recoger a un enfermo y, tras la operación, a las cuatro de la madrugada ya estaba en el Río Hortega», relata Enríquez.


LUIS COMELLA «celebrando la vida» tras volver a nacer

Con once kilos menos pero con la misma vitalidad, a Luis Comella le dieron el alta el 15 de abril, tras 23 días ingresado, de los cuales siete permaneció intubado y sedado. Estos días ha vuelto a pasear y a montar en bici, su gran pasión. Y para el próximo año proyecta hacer por tercera vez el Camino de Santiago con su familia para seguir «celebrando la vida» ahora que ésta le ha dado «una segunda oportunidad».

Imagen 20200504_133445Este venezolano, que aterrizó en Burgos hace dos años como presidente del cocedero de mariscos Pescafácil, se deshace en elogios hacia el personal sanitario que le atendió en el HUBU y el Río Hortega. adonde estos días ha enviado langostinos a raudales en señal de agradecimiento. 

«Son mis héroes, me salvaron la vida», resume enumerando a los médicos y a los que limpian, a las que le cogieron la mano y le dijeron lo «majo» que es «con ese acento extraño» o las que le ayudaron a cortarse el pelo antes de salir del hospital mientras él animaba la sesión con música latina. «La gente puede hacer el trabajo bien, con responsabilidad, pero hay una diferencia muy grande en hacer todo eso con amor», reflexiona. 

Fecha de publicaciónmayo 11, 2020

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