martes, 15 junio 2021
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España en Europa. 1945-2000. Del ostracismo a la modernidad

Julio Crespo MacLennan. Publicado: año 2004. Editorial: Marcial Pons. Páginas: 392. Precio: 25€.

La argumentación en la que se basa este ejemplar, queda reflejada en el titulo y para ello, el autor expone a través de historia de España de mediados del siglo XX el cambio de España y su integración dentro del marco Europeo enlazando los útimos años del franquismo y transición.Julio Crespo Maclennan, el autor del libro es licenciado y doctor en Historia por la Universidad de Oxford. Actualmente es profesor de Historia de las Relaciones Internacionales en la IE University y  Santander Iberian Studies Fellow en el St. Antony´s College de la Universidad de Oxford.  Fue agregado cultural y director del Instituto Cervantes en Estambul y en Dublín. Destacar que ha compuesto varios libros y  artículos que tratan sobre la historia contemporánea de España y Europa entre los que resaltamos Forjadores de Europa (Destino, 2009), España en Europa del ostracismo a la modernidad (Marcial Pons, 2004) y Spain and the process of European integration, (Palgrave, 2000). Reseñar que colabora  como articulista en el periódico ABC y en diversas revistas culturales y medios de prensa internacional. En los últimos años se ha centrado en el estudio de la historia imperial europea y el legado de las grandes potencias de Europa en el mundo. En cuanto al contenido del libro, está dividido en siete capítulos  y a su vez en apartados, aparte de la introducción como de un epílogo con el que finaliza el ensayo.  En los que abordan distintos aspectos de la historia reciente de nuestro país. En la propia introducción se detalla el enfoque con el que va a analizar el papel de España en Europa a través del ensayo-histórico. Para ello trata de como España formó parte de Europa desde el punto de vista geográfico, histórico y cultural a lo largo de la Historia. Haciendo hincapié, en que a pesar del gran papel de nuestro país, en la época contemporánea el papel iba a ser de marginación frente al del resto de los países. A tenor de los cambios que se producían frente al poder del Antiguo Régimen con el ascenso de la burguesía, la modernización a través de la industrialización y la llegada del liberalismo. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y el antagonismo de los bloques (democracia frente al comunismo), Europa comenzaría la reconstrucción de su identidad a través de la unificación política y económica con la creación de la Comunidad Económica Europea. Frente a ello, España estaba bajo la dictadura del general Franco, condenada al ostracismo del resto de los países vecinos por el hermetismo del régimen y falta de democracia como de derechos individuales. A lo largo del tiempo comenzará cierto “aperturismo” del régimen para formar parte de las instituciones, caso de la UNESCO y entablar relaciones con el resto de Europa. Pero no será hasta con la llegada de la democracia a nuestro y con la entrada en 1985 en la CEE, en la que comenzaría el progreso y la modernización que aún hoy en día seguimos en pos de la modernidad.    

    La aportación fundamental de esta  obra, viene a reafirmar el panorama de la situación española respecto en el mecanismo europeo.  Partiendo de que, a partir de nuestra tradición histórica, ha sido la que ha determinado nuestra actual percepción como concepción de los hechos ante los cambios producidos desde siglo XX e inicios del XXI. Se pueden resaltar innumerables aspectos de la obra, como es el rigor en cuanto a las fuentes primarias utilizadas por el autor para apoyar su tesis o “completar” los vacios argumentativos de los que los investigadores no consiguieron detallar. Un apartado dedicado a la cronología de los hitos más importantes tanto a nivel nacional e internacional, por lo que resulta muy instructivo para no perder el hilo. Sin duda alguna, el presente libro se configura como una obra de consulta para especialistas como  de inicio para los no especialistas que estén interesados en conocer más de la historia de nuestro país y de cómo poco a poco retoma España su papel dentro de la UE como su propia evolución en el plano político, socioeconómico y cultural. que han sido desplazados por la historiografía y distorsionados culturalmente. Cierto, es que retoma en los capítulos apartados que posterior desarrolla o repite con frecuente, pero correctamente los detalle y desarrolla. Este libro se propone mostrar que Europa fue la clave de la modernización de España desde la posguerra hasta nuestros días, o para mayor precisión Europa occidental, fue el factor exterior que determinó el cambio de la dictadura a la democracia, así como la modernización económica del país y su evolución cultural. Europa occidental, y en concreto la Comunidad Europea, iba a ser el elemento exterior más influyente en la trayectoria política española. La CE condición el ingreso de España a su democratización. Este libro aporta un análisis cronológico de las relaciones de España con Europa occidental, desvelando su actitud ante el proceso de integración europea, explicando su incorporación. Se puede incidir en diferentes aspectos recogidos a lo largo del libro, pero de entre ellos podemos mencionar la crisis final del franquismo. España normalizó en gran medida sus relaciones con Europa a través de la Comunidad Económica Europea y la CSCE. El reconocimiento internacional era reforzado por necesidades económicas. En este ámbito, el establecimiento de relaciones con la Comunidad Europea fue una prioridad de la política exterior franquista desde comienzos de los años 60, aunque tuvo en contra el carácter político del régimen. Los Estados europeos veían como la CSCE tuvo un papel importante para la diplomacia española, no por su funcionalidad sino como  un medio de fortalecer las relaciones políticas con el resto de los países vecinos europeos. Eran conscientes los gobiernos de que el final del régimen estaba cerca, por lo que la  adhesión a la Comunidades Europea comenzaba a plantearse como una posibilidad cercana.  La muerte de Franco en 1975 permitiría el comienzo de una etapa en nuestro país en la senda de la democracia. Desde la Comunidad Europea influiría en el proceso de cambio español, al mismo tiempo que para las nuevas fuerzas políticas dicha adhesión sería el amarre definitivo en un sistema democrático occidental. La adhesión a la Comunidad Europea y de la posterior UE  fue una gran la oportunidad en el  proceso de integrador a los nuevos tiempos y que aún hoy en día continuamos en la modernidad y el progreso. A pesar de la convulsión que vivimos como la crisis económica y política que nos afecta de manera más sensible que el resto de países. Pero viendo nuestro pasado es posible y lo es, que con esfuerzo y unidad de entre todos sin importar la ideología, superaremos la dificultad y revitalizaremos así nuestra incipiente democracia. Ahora, os voy a emplazar a una versión más extendida de la reseña el libro, respetando los diferentes capítulos que alberga la obra y empezando por el capitulo I: España a la búsqueda de su lugar en Europa:Antes de analizar en los siguientes epígrafes como en capítulos la situación de España dentro de Europa,  es difícil sin situarla en su contexto histórico. La falta de europeísmo español se le atribuyó a la situación geográfica de la península ibérica como su interés en las posesiones de ultramar. Pero si se compara con otras naciones periféricas como Inglaterra y Rusia que fueron naciones transeuropeas y aisladas, si que participaron en los principales focos de poder a lo largo del siglo XVIII y XIX. Por lo tanto, la explicación de esa falta de europeísmo no radica solo en su posición geográfica sino en la decadencia sociopolítica. Según el historiador Sánchez Albornoz, los rivales de España en el ascenso al poder propagaron una leyenda negra sobre dicho país, en cuanto a una sociedad tradicional y anclada en las costumbres frente a la modernidad. Incluso en los años noventa existió una influyente literatura donde perduran la ignorancia y los tópicos sobre España.  Pero desde hace unas pocas décadas, la historiografía basada en los tópicos como leyendas sobre nuestro país cambiaría totalmente. Como es el caso de Raymond Carr, el cual explica que los cambios sociales y económicos del siglo XIX fueron dramáticos y de largo alcance como temporales. Palafox y Fusi revisan la historia de la España a partir del XVIII, donde exponen que las características y problemas de España son muy parecidos a los de cualquier país de Europa occidental. En síntesis, la causa es de la incomprensión entre  España y el resto de los europeos y que se debe también a la actitud de los españoles. Así, describe que para España, Europa fue una serie de provincias a las que gobernar mediante la guerra y posteriormente con el declive y pérdida de poder político como de los territorios. Reorientándose hacia América, donde llevar a cabo la implantación de sus costumbres.  No es indudable la marginación de España en Europa a partir del siglo XVIII, a tenor de los cambios tanto políticos como socioeconómicos que se produjeron durante la Revolución Francesa y extendiéndose dichos valores de cambio en el resto de Europa a excepción de nuestro país.Ya a finales del XIX, España tuvo una inestabilidad política que fue solucionada con la Restauración Borbónica, siendo su artífice Cánovas del Castillo, en el que solo una monarquía constitucional reconciliaría la tradición con el progreso, pero no fructificaría en el tiempo por la pérdida de la Isla de Cuba en 1898. Ya en el siglo XX, tras el fin de la Primera Guerra Mundial, España se mantuvo aislada de las luchas, por lo que su papel fue escaso en las posteriores resoluciones. En cambio, surgiría dentro de nuestras fronteras una serie de movimientos culturales por parte de intelectuales como la generación de 1914. El principal representante fue Ortega y Gasset de la idea de una España moderna y situada entre las naciones más avanzadas de Europa. Tras el fracaso de la dictadura de Primo de Rivera y la instauración de la Segunda República, los principales artífices del nuevo cambio político tenían la intención de transformar a España en una sociedad moderna y democrática basada en los valores que imperaban en Europa. Pero a pesar de los intentos, el fracaso de la Segunda República a pesar de los intentos de reformas que suscitaron gran controversia al resto de la sociedad tradicional y de los militares; llevaron a una guerra civil que acabó con la derrota democrática frente al poder autoritario en la figura del General Franco. El régimen de Franco defendía en los inicios el retorno a los principios que habían hecho a España la nación más poderosa del mundo. Principios en consonancia con el fascismo. Tras la Segunda Guerra Mundial, España bajo la dictadura de Franco se vio aislada frente al resto de países tras la caída del nazismo y fascismo italiano (principales y únicos apoyos del Franquismo).  Ciertamente, sintetiza de forma simple los intentos del régimen de acabar con su aislamiento y los intentos de dar una imagen al exterior de un aperturismo a través de reformas internas como de pertenecer a organismos internacionales. Uno de los aspectos importantes que incidieron en nuestra historia a destacar a partir de los años cincuenta sería el PSOE y UGT, que combinaron una intensa actividad antifranquista con el europeísmo, interviniendo en el exilio en numerosos foros. Para el PSOE, el europeísmo fue un medio para hacer antifranquismo. La estrategia de la que partían era la de considerar a Franco  como el mayor obstáculo para el ingreso en España en la futura CEE como en la OTAN; puesto que consideraban que la integración europea  se consideraba esencial para la creación  de una comunidad democrática supranacional para contrarrestar la supremacía de las dos principales potencias. Capítulo II. La España de Franco se abre a Europa, 1957-1970
En este capítulo, comienza con las diatribas de parte de algunos defensores como de los políticos que forman el nuevo gabinete, concretamente el sexto gobierno del régimen de Franco. A tenor de una fecha en concreta, 25 de marzo de 1957, en el que seis de las naciones europeas (Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica, y Luxemburgo) firman el Tratado de Roma que daría lugar a la Comunidad Económica Europea. En el gobierno se enfrentaron dos visiones opuestas: la de los europeístas y los escépticos (caso de Carrero Blanco). Estos últimos defendían las tesis de que la economía española debería ser autosuficiente. También en el ámbito profesional como académicos se discutió el efecto que tendría en la economía formar parte de dicho tratado para algunos sectores era mejor no integrarse para otros todo lo contrario. En cambio los sectores agrícolas como industriales  se mostraron indiferentes, a excepción del sector frutícola valenciano que mostraba su preocupación por la competencia del mercado del Norte de Europa. A tenor de todo ello, Crespo expone que el régimen de Franco era consciente de que el proceso de integración europea afectaría a España de una u otra manera. Al igual que consideraba el Banco de España, siempre y cuando la economía española estuviera preparada para ello (en 1959 se llevó a cabo el Plan de Estabilización  centrado en la política interior). Mientras  España esperaba desde fuera de la órbita europea el devenir de los sucesos sobre el inicio de la CEE, la oposición democrática se reunía en la clandestinidad o en el exilio sobre cómo y cuándo debería formar participar nuestro país en la integración europea. Uno de los grupos más activos y defensores del europeísmo seria el grupo monárquico liberal de Unión Liberal. 

 La visión del resto de países europeos, caso de Alemania y Francia con España era de desconfianza. La diplomacia española era consciente de que debía superar la hostilidad que el régimen de Franco provocaba en Europa y forjar alianzas con las potencias europeas. Para ello se pensó en que una alianza con una de las tres potencias, es este caso de Gran Bretaña permitiría facilitaría la entrada, pero uno de los principales problemas era el conflicto con Gibraltar y el segundo de ellos, tanto para los conservadores como laboristas eran hostiles al régimen. Por lo que se decidió y emplazó a entablar relaciones con Francia y Alemania. Las relaciones francos-hispanas mejoraron respecto al de décadas anteriores a partir de la cooperación con el conflicto colonial del Norte de África. Los intereses franceses en Europa beneficiarían la causa española, ya que De Gaulle defendía el modelo de la Europa de Naciones, en el que cada país mantendría su independencia institucional, pero Francia nunca tuvo intención de apoyar a España en el CEE, pero si de lograr la apertura del país a la Comunidad. La relación en cambio con la Alemania Federal mejoró notablemente por los intereses comunes (flujo de capital alemán).  Tanto Francia como Alemania vieron que aislar a España provocaría el endurecimiento de la dictadura, impidiendo así el desarrollo de relaciones económicas. Por lo que al final ambas estaban dispuestas a apoyar el acercamiento a la CEE. Franco para tener representación diplomática mandó al conde de Casa Miranda a Bruselas, siendo aceptado por el comisario Jearn Rey para mantener en contacto al régimen con la CEE. En 1961, Gran Bretaña solicitó formar parte de la CEE, bajo la tesis en contra de la que propugnaba Gran Bretaña. Y es que el modelo de unificación europeo sería el de integración política y económica, tal y como la propugnaba la CEE. La oposición democrática se mostraba indignada con el prestigio como apoyo que iba teniendo la política económica del régimen de Franco, esto conllevó a que los grupos de oposición coordinaran sus actividades bajo una misma seña. Creándose la Unión de Fuerzas Democráticas (PSOE, UGT, IDC y el PNV). En su programa se recogía el derrocamiento del régimen y establecer vínculos con la Europa comunitaria.  Un hito importante para el régimen sería la solicitud que el 9 de febrero de 1962 entrega el embajador español al secretario del Consejo de Ministros de la CE, solicitando el ingreso en la CEE.  Tal fue el clima que conllevó el anuncio de la solicitud por parte de la prensa internacional, que algunos países como Holanda y Italia se declararon en contra por razones políticas, así como de las organizaciones de izquierda que lanzaron una campaña contra Franco, pasando por las filas socialistas en el Parlamento Europeo de presentar una moción contra la solicitud; tal fueron los argumentos de falta de adopción de valores democráticos por parte del régimen que llevaría a que España perdiera el apoyo de Francia y Alemania. Uno de los sucesos más importantes que marcaria un hito en la historia del europeísmo y tendría consecuencias para el régimen, es el Congreso o Contubernio de Múnich (junio de 1962). Que contaría con miembros de la Unión Española, Democracia Cristiana y el Partido Social  de Acción Democrática. Cierto es que la reacción del régimen no era de prohibición, aunque antes debían saber que tipo de acto o quienes serian los asistentes al mismo. También contaron entre los asistentes  exiliados de socialistas, nacionalistas vascos y catalanes y republicanos, siendo excluidos los comunistas por no compartir la ideología europeísta. En total de los 118 participantes españoles, 80 eran de la oposición interna y 38 del exilio.  De dicho congreso, un aspecto que marcaría el devenir del futuro político español seria la aceptación de los socialistas de la monarquía.  La respuesta del régimen al considerar la asistencia como un acto de rebeldía fue la de severas medidas a través del exilio o ser arrestado al pisar suelo español y confinados en las Islas Canarias, algunos como Gil Robles eligieron el exilio frente a Miralles o Álvarez de Miranda eligieron la vía del destierro.  Tal fue la repercusión internacional que Franco remodeló su gabinete y siendo Fraga ministro de Información y Turismo se dictó la Ley de Prensa (notable reducción de la censura). A través de los tecnócratas que llevaran a cabo un cambio de la política económica se produjo un cambio muy positivo  con un crecimiento rápido con el Plan de Estabilización, afectando a la sociedad con el desarrollo de una amplia  clase media urbana, disminuyéndose la desigualdad social. En lo cultural, gracias al turismo y a las campañas de las estrellas de Hollywood que visitaban España y rodaban películas como El Cid, o de escritores como Hemingway que difundieron los tópicos de la España de la pandereta, la charanga, los toros y los vinos; en conclusión la atmósfera de cambio para el resto de Europa hizo que volvieran a atraer sus miradas sobre España y a retomar las negociaciones para formar parte de la CEE.   Capítulo III. La crisis del régimen de Franco desde la perspectiva europea, 1970-1975El tratado preferencial que firmó España el 29 de junio de 1970 con la Comunidad Europea supuso una victoria de la política europea del régimen que llevaría a la integración en la CEE, en palabras del ministro español de Asuntos Exteriores. Frente a sus palabras, los representantes de la Comunidad Económica Europea que detallaron que no había ningún contenido político ni tampoco suponían una posibilidad de mayor espaldarazo a la integración dentro de la Comunidad. De ello se deduce,  de que  con este acuerdo servía para aumentar las actividades españolas en los asuntos europeos.  En la Cortes Franquistas, se presentaron las medidas que se llevarían a cabo y que supondría para España formar parte de la CEE, para así a obtener el apoyo institucional. El gobierno intentó convencer al país de que el acuerdo conllevaría ventajas y permitiría un aumento de las exportaciones al resto de Europa. Tras el final de la sesión, las Cortes ratificaron dicho acuerdo. Pero las críticas más duras vinieron del ámbito académico, es el caso del catedrático de economía Ramón Tamames, que expuso de que el acuerdo no traería ventajas debido a que el país no estaba preparado por las escasas y poco desarrollo de las infraestructuras. Y que en vez de formar parte de la CEE, la mejor opción seria pertenecer a la UNCTAD y la OCDE. No solo las críticas vinieron del ámbito académico, sino como se venia produciendo hasta ahora con la oposición interna y la de la oposición en el exilio a través de los periódicos de izquierda como Mundo Obrero y El Socialista. Mientras, los nuevos Estados miembros del Mercado Común y que pertenecían a la EFTA, aplicaron los aranceles al resto de los países de la EFTA. Pero debido a la presión de algunos países al tener fuerte vínculos económicos, llegaron a un acuerdo la EFTA y la CEE en la que se eliminarían paulatinamente las aranceles y a terceros países. Por lo que España se veía amenazada por parte de Islandia y Portugal. Así que a pesar de los intentos de compensación en materia agrícola debido a los suscripto con parte de los países de la CEE en política arancelaria, conllevaría a que los apoyos de España ejercido por Francia se vieran alteradas. La diplomacia española hizo un gran esfuerzo por adaptarse a la nueva situación en la CEE, aunque en Europa existía una mayor preocupación porque el régimen de Franco era cada vez más represivo contra la oposición interna y más aún con ETA. La CEE inicio una política de intervención en los asuntos internos españoles a tenor de los escasos derechos humanos que eran respetados por el régimen y por la presión de los grupos europeos de izquierda  sobre las instituciones europeas. El régimen continuó con los mismos derroteros y tras la detención de los militantes de ETA fueron condenados en Burgos en un juicio a pena de muerte, esto conllevaría a que por Europa surgieran voces discrepantes de que las penas de muerte fueran conmutadas en aras de la relación con Europa. El régimen no tuvo más remedio que conmutarlas pero no por ello cambiaria su política de represión, como fue el caso del Proceso 1001, viéndose alterado el juicio por el asesinato de Carrero Blanco el 20 de diciembre de 1973 por los terroristas de ETA. Tras el luto por la muerte de la mano derecha de Franco, surgieron luchas de poder entre las familias franquistas, siendo elegido Carlos Arias Navarro. Éste llevaría a cabo cierto aperturismo a través de un programa de liberalización para la posterior ley para las asociaciones políticas (formación de grupos políticos bajo los principios del Movimiento Nacional).  Respecto a la oposición democrática, desde los años cincuenta los socialistas españoles habían defendido el principio de integración de una España democrática en Europa, pero debido a la falta de medios les habían impedido formar un grupo de oposición unido durante los años sesenta. Y el cambio a grupo de oposición por antonomasia  que experimentaría en los setenta con el apoyo de la Internacional Socialista. Dicho vínculo no fue económico sino también de defensa contra la represión de la policía franquista, caso del juicio contra los líderes socialistas Felipe González, Enrique Múgica y Nicolás Redondo, acusados de asociación ilegal. Los comunistas consideraban a la CEE como una oligarquía capitalista, por lo tanto se mantenían en contra, a excepción del Partido Comunista Italiano que desarrollaría el concepto de “eurocomunismo”, es decir, adaptación de la doctrina comunista a las circunstancias de Europa Occidental y en esta línea fue seguida por PCE bajo la premisa de defensa tanto a España como a Europa frente a la oligarquía y monopolios. Otra fuente de presión europea fue el Vaticano. El Papa Juan Pablo XI continuó con los preceptos de su predecesor. En 1971 fue nombrado como cardenal primado de España el obispo Tarancón, comprometido con el II Concilio Vaticano, era el fiel instrumento de la Santa Sede para trasladar su disconformidad del régimen.  Quedando de manifiesto dicha postura en la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes en la que rechazaba la ideología triunfadora de la guerra civil.  Pero el régimen viendo el cariz y para evitar un enfrentamiento con la Santa Sede y la ruptura de las relaciones no actuaría frente a ellos. En cambio, si que estableció una ley antiterrorista en 1975 restableciendo consejos de guerra y penas de muerte a tenor la situación interna del país. La oleada de protestas contra España llegaron a tal punto que los Estados miembros de la CEE retiraron a sus embajadores en Madrid a excepción del gobierno irlandés. La vuelta a la normalidad tardaría en producirse a pesar del regreso de los embajadores a Madrid y es cierto que posibilitaron la aplicación de sanciones económicas a España pero fue rechazada por los gobiernos de los Estados miembros. Sabemos que se presenta la situación de inestabilidad interna en el que Franco mientras  agonizaba se producía en el Sáhara el conflicto que terminaría con la Marcha Verde y la ocupación del territorio por Marruecos. La muerte del caudillo puso fin a una etapa de autoritarismo y el inicio de un período bajo el sucesor elegido en 1969 como sería el príncipe Juan Carlos, futuro rey Juan Carlos I.  Capítulo IV. La transición a la democracia y las influencias europeas, 1975-1977 Como venía exponiendo el autor en el anterior capítulo tras la muerte del general, el primer paso que se llevó a cabo fue la formación de un nuevo gobierno presidido por Arias Navarro y con la entrada de nuevos ministros de índole reformista. Para la prensa internacional, éste nuevo gabinete presentaba la voluntad reformista que se venia exigiéndole a lo largo del tiempo. La oposición española viendo el cariz que tomaban los acontecimientos se prepararon para el cambio que estaba por llegar. La Junta Democrática (comunistas) y la Plataforma de Convergencia Democrática (socialistas) se unieron en la conocida como “Platajunta”. Y Europa mientras tanto, mantuvo numerosos contactos con los grupos políticos españoles. Un aspecto que se debe conocer, como bien expone Crespo, de cómo las fundaciones políticas alemas estaban vinculadas con los principales partidos de España. Siendo instituciones no gubernamentales financiadas por el Ministerio de Desarrollo Exterior y en parte por el Ministerio de Exteriores y de donaciones privadas. La fundación más importante durante la transición fue la de Ebert, vinculada al SPD vinculándose a América Latina y a socialismo español (PSOE).La fundación Adenauer vinculada a los democristianos alemanes (CDU) apoyo a la UCD de Adolfo Suárez. Por último, la fundación Hanns Seidel, vinculada a la CSU y dirigida por Strauss, mantendría relaciones con Alianza Popular de Manuel Fraga Iribarne. 

 En gran cambio que se venia vaticinando llegaría cuando el rey Juan Carlos nombró como jefe de gobierno a Adolfo Suárez. Nada más ser elegido, prometió establecer un sistema político democrático y para ello llevaría a cabo un referéndum sobre la reforma constitucional como elecciones generales para 1977. Su visión sobre Europa era de formar parte a pesar de no ser un europeísta. Junto con Marcelino Oreja como Ministro de Asuntos Exteriores como del papel fundamental del rey, en tanto que el apoyo a la democratización, hicieron que mejorara la imagen del nuevo gobierno en Europa. Con la ley de Reforma Política aprobada por referéndum con un 94% de apoyo, dejo claro que el camino al cambio estaba en marcha y más aún con la legalización del PSOE y posteriormente del PCE. En las elecciones de 1977, el partido de Adolfo Suárez (UCD) obtendría la victoria con un 47% seguido de los socialistas con el 33% y del PCE con 9% frente al 8% de AP. El nuevo gobierno de Suárez llevaría a cabo una campaña de acercamiento hacia Europa y contando con el apoyo de los socialistas a formar parte de la CEE. No mostraron la misma intención de formar parte de la OTAN por dos razones, la primera de ellas era que la población española asociaba a la OTAN con los intereses estratégicos de los americanos y la segunda de las razones, es que parte de los grupos políticos no apoyaban el ingreso, caso de los partidos de izquierda.  Una fecha clave resulta el 28 de julio de 1977, cuando España solicita oficialmente el ingreso en la CEE, con este acontecimiento, la imagen de España en Europa cambió radicalmente, de cómo un país que paso por una guerra civil, una dictadura;  con el atraso y opresión que conllevo para el país y obviamente para su población, éstos extremos se habían reunificado en pos de la modernidad y la democracia.  Capítulo V. La democracia española ante Europa, 1977-1986
Tras las elecciones de junio de 1977 España se convirtió en una democracia parlamentaria y en vías de consolidación democráticas. Con ello se pretendía recuperar el prestigio de nuestro país frente al resto de países, para así poner fin al aislamiento desde el siglo XIX  y acentuado durante el XX con el régimen de Franco. Para acabar con dicha marginación era necesario incorporar a España a las principales organizaciones internacionales y desempañar un papel activo.  La economía española sufría restricciones sobre todo en el sector agrícola, el sector industrial en crisis, por lo que la adhesión contribuiría a la modernización del sistema fiscal español. Por ello se exigía una respuesta contundente por parte de la CEE por el miedo a quedar rezagado con Grecia y Portugal, ya que estos eran otros de los candidatos a formar parte de la Comunidad Económica.  Como se ha ido describiendo en anteriores capítulos respecto a los grupos políticos afines o no a la corriente europeísta, caso de AP y UCD que apoyarían el ingreso en la CEE (por diferentes motivos) al igual que el PSOE y PCE.  Los partidos nacionalistas y regionalistas que hasta 1978 habían vivido en el exilio retomarían sus reivindicaciones tras la Constitución Española y el modelo de estado territorial basado en 17 comunidades autónomas. Estos partidos, sobre todo del nacionalismo catalán y vasco eran también europeístas, por lo que consideraban a la CEE como el foro para propagar los intereses de sus regiones. Uno de los momentos de debilidad no provendría solo a nivel interno sino de la política europea que se estaba llevando, ya que el presidente español dudaba en formar parte de la OTAN a pesar de que no podía mantenerse en una postura de neutralidad o de indiferencia. Unido de nuevo a los problemas con Francia respecto a la entrada de España en la CEE por la política agrícola, por lo que comenzaría a producirse un viraje a través de una remodelación del gobierno y de encuentros entre los principales países y apoyos para España: Francia y Alemania. Suárez continuaría al frente pero volvió a sufrir ataques sin poder retomar el rumbo a nivel interno. En el País Vasco las relaciones con el gobierno eran más tensas y radicales y más con el grupo terrorista ETA. Junto al problema vasco y catalán en menor medida, la amenaza golpista por parte de los sectores de ultraderecha (desde el momento que el PCE fue legalizado) y de los intentos de Armada de tomar el poder, llevó a Suárez en 1981 a dimitir, siendo sustituido por Calvo Sotelo. Y en el momento de la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo el 23 de febrero de 1981 se produjo el intento de Golpe de Estado por parte del Teniente – Coronel Tejero. En el que la intervención del rey ante la población de que tomando las medidas necesarias se ha puesto fin al intento de golpe de Estado y por la tanto de amenaza del orden constitucional.   

Crespo presenta un aspecto positivo del intento del golpe de Estado,  fue el logró de poner fin a la fase de desencanto que sufría el país y el beneficio del nuevo gobierno de centrar sus esfuerzos en impulsar la transición internacional. Y para ello el gobierno de Calvo Sotelo (viendo que era necesario de estar dentro de una organización para tener más apoyo y agilización ante los problemas con Francia) y la organización a la que ingresaría España sería la OTAN con la firma del Tratado de Washington en 1982, sin tener ninguna objeción ni obstáculo. El ingreso en la Alianza Atlántica a nivel nacional no era bien visto a tenor de las encuestas como de las fuerzas políticas como el PSOE, los cuales anunciaron que en el caso de que llegasen al poder anularían dicho tratado. En octubre de 1982 se produjeron las elecciones generales en las que el PSOE obtendría mayoría absoluta con 202 escaños, seguido de los 107 de AP y los 11 de UCD. La prensa internacional recibió positivamente la llegada al poder de los socialistas. Su programa económico se basaba en la necesidad de fomentar el crecimiento y mejora de los indicadores económicos (dejando de lado el ideal socialista de distribución de la riqueza) contando con Miguel Boyer como ministro de Economía y Hacienda, acérrimo defensor de la economía neoliberal. Se llevaron a cabo varios planes a través de leyes como la Ley de Reconversión Industrial (fin de las subvenciones estatales a las industrias pocas rentables) la UGT comenzó a distanciarse y a formar huelgas. La reforma de las fuerzas armadas amparada al poder constitucional, la reorganización del servicio militar obligatorio. Y el papel de la OTAN, en el que a pesar del rechazo que levantó para los socialistas convocarían un referéndum pero apoyando el sí a la permanencia, ya que pertenecer a dicha institución abría un horizonte profesional para los militares españoles, aumentado su prestigio social y disminuyendo cualquier tentación de golpe de estado.   La principal acción del gobierno socialista fue la entrada definitivamente en la CEE el 12 de junio de 1985 con la firma del tratado en el Palacio Real de Madrid, tras las intensas negociones en materia agrícola como de cuota de pesca con el resto de miembros, las cuales se resolvieron favorablemente. Poniendo punto y final desde los intentos del régimen de pertenecer dentro de la Comunidad Europea.  Capítulo VI. España en la Comunidad Europea, 1986-1992 España está integrada plenamente en la Comunidad Europea como en la OTAN. La democracia estaba consolidada y respaldada por la mayoría absoluta del PSOE. La pregunta que se hace el autor es, qué impacto causó España en la Comunidad Europea y que beneficios supuso para el país. La primera de las cuestiones es que España alteró la política comunitaria junto con Portugal, reforzando la presencia de ambos países en la CE. Debido al nivel bajo de renta económica engrosó la lista de los países pobres y por último, su posición de integración; alterando los conceptos como supranacionalismo o unificación. Y respecto a los beneficios, supuso aceptar una unión aduanera, una política común agrícola, impuestos indirectos (IVA), acuerdos comerciales… es decir, en materia económica supuso pagar un alto precio como seria el caso de la agricultura española y la cuota de pesca, todo lo contrario seria para el estado de bienestar que aumentaría las inversiones en sanidad, educación pública, pensiones y prestaciones de desempleo, equiparándose en muchos aspectos a los de los países más desarrollados. En el ámbito político y en la prensa se iría difundiendo el desencanto que había constituido el ingreso en la CEE, con el alto coste económico y social que los españoles comenzaban a padecer. Otros de los aspectos en los que se incide en este capítulo las relaciones entre España con el resto de los países europeos, como es el caso de Alemania, en el que la relación entre Kohl y González contribuyó a la conversión del PSOE  de su neutralismo a estar a favor de permanecer en la OTAN. Con Francia se llegó a la cooperación en la lucha contra el terrorismo, caso de ETA, que se venían refugiando en Francia.  En cambio con Reino Unido, a pesar de que estaba a favor del ingreso de España debido a que servía a sus intereses económicos. Condicionó su apoyo a que nuestro país levantara el bloqueo sobre el Peñón. Si con los grandes países de Europa las relaciones eran fructíferas con los País Bajos era todo lo contrario, por el aún recuerdo de la intolerancia de España con Flandes, unido a que durante el régimen de Franco no reconoció al Estado de Israel, es ahora con los socialistas cuando se les exigieron que reconociera al Estado de Israel a cambio de su voto. El gobierno de González orientaría su política de defensa hacia la Unión Europea Occidental bajo la premisa, de que España debería participar en todos los foros importantes, caso de UEO. Pero la oposición a permitir la instalación de armamento nuclear en territorio español y sin contribuir militarmente, esto fue mal recibido por los miembros de la UEO, al final tras varias reuniones el gobierno aceptaba la implantación de las bases del Tratado de Roma y la Plataforma de la Haya. Las líneas orientadas del gobierno de González junto con las de la Comunidad Europea se orientaron y fueron llevadas por el gobierno español hacia Hispanoamérica, divulgando el concepto de Hispanidad con el fin de fomentar la cooperación entre esta comunidad de naciones. Felipe González tenía la intención de establecer una relación triangular entre Hispanoamérica, España y la Comunidad Europea y convertir al gobierno español en el portavoz de las naciones hispanas en los consejos occidentales. Se llevaron iniciativas como la creación del Instituto de Cooperación Iberoamericana, con el fin de promover la política democrática en Hispanoamérica y coordinar el desarrollo de programas de cooperación. También se creó el Instituto Cervantes para promover la lengua española y la cultura de pueblos de habla hispana. Gracias a ello, desempeñó España un papel importante durante la solución de las crisis de Nicaragua y Costa Rica bajo la administración norteamericana de Reagan; así como de apoyo diplomático para el grupo de la Contadora (Panamá, México, Colombia y Venezuela) en el que se intentó promover el diálogo regional con estos países para evitar la intervención estadounidense. Los resultados no cumplieron las expectativas. 

 El gobierno de González sería de nuevo el partido más votado en las elecciones generales de 1986 pero sin tener la mayoría absoluta. De esta segunda legislatura destaca como la moneda estatal – peseta- formaría parte del Sistema Monetario Europeo. Esto favorecía el control de la inflación pero el principal inconveniente es que al alinearse a la moneda más fuerte – marco alemán- se debían alinear su política económica con la alemana. Europa viviría una catarsis durante los años finales de los 80 y principios de los 90 a través de la caída del muro de Berlín en 1989, en el que se produciría la unificación de Alemania desde la Guerra Fría. Otros de los aspectos es la desaparición de la URSS, conllevando a que los países del Este formaran una comunidad de Estados independientes y coincidiendo con la cumbre de Maastricht, que marcaria el nuevo rumbo de la Comunidad Europea con el objetivo de llevar a cabo una unión económica y política.  Mientras se producía una guerra civil en el corazón de Europa entre serbios y croatas (problemas provenientes tras la caída del Imperio Austro-Húngaro y el ascenso de los nacionalismos).  Uno de los principales problemas que tendría el gobierno era el envío de tropas como miembro de la OTAN durante la guerra del Golfo (invasión de Kuwait por parte del dictador iraquí Sadam Hussein). La guerra del Golfo podría provocar una subida del petróleo y afectar a las relaciones con el Magreb. El gobierno viendo que esto suscitaría controversia entre la población española intentó que la intervención fuera bajo la UEO. El resultado tras el fin de la guerra de Golfo siendo efímera, y al actuar contra un dictador hizo que el gobierno saliera airoso ante la opinión pública.   Así, desde la incorporación de España a la Comunidad Europea, se vivió una época dorada y Felipe González se consolidó como unos de los grandes estadistas del siglo XX español. El balance del gobierno socialista sería positivo a pesar de los casos de corrupción. El país creció a tal ritmo con el desarrollo de las infraestructuras (AVE) y mejora de la red vial, un estado de bienestar con la creación de la Seguridad Social, el IMSERSO, las prestaciones sociales; así como en la cultura, en el que se inaugurarían el Centro de Arte Reina Sofía, el Auditorio Nacional y el museo Thyssen-Bornemisza. Pero el boom se experimentó en 1992,  año de las grandes celebraciones como  los Juegos Olímpicos en Barcelona, la Exposición Universal de Sevilla y el Quinto Centenario del descubrimiento de América. Situaron a España como país moderno, democrático y dinámico.   Capítulo VII. España y la Unión Europea ante los retos del milenio, 1992-2000 España dejó de atraer la atención de los europeos tras la consolidación de la democracia y la incorporación en la CEE. Por lo que para Europa era visto como un país miembro más. Pero dentro de nuestras fronteras los años 1993-1996 fue el período de mayor crispación política por la recesión económica y los casos de corrupción del último gobierno socialista.  Antes de tratar los problemas internos, es importante centrarse en la política exterior partiendo del Tratado de MaastrichtLa unidad política y monetaria que propugnaba para evitar una Europa de dos velocidades contaría con los problemas de España. Para ello era necesario un plan de ajuste económico para cumplir los planes de convergencia. Dicho plan para lograrlo era necesario de un crecimiento del PIB del 3,5% y la creación de un millón de puestos de trabajos. Pero la inestabilidad económica europea comunitaria conllevaría a una crisis en España por la sobrevaloración de la peseta en el Sistema Monetario Europeo, por lo que se tuvo de devaluar la peseta y unido a la escasa inversión pública.  A pesar de los problemas y siempre reticencias de algunos países (España a pesar de sus problemas fue una acérrima defensora del Tratado) el 1 de noviembre de 1993 la CEE cambió tras la aprobación del Tratado en la UE. Uno de los últimos logros de la diplomacia española del gobierno socialista fue la de aprovechar la presidencia de la UE para estrechar relaciones con EE.UU. Y obtuvo sus frutos con el nombramiento de Javier Solana como secretario general de la OTAN.Tras las elecciones generales de 1993, Felipe González tuvo que pactar con los nacionalistas  catalanes y vascos para poder gobernar. La tónica del PSOE a partir de 1992 era de crisis que terminaría con la derrota en las elecciones generales de 1996 con la victoria de José María Aznar del Partido Popular. La declive como extasis socialista fue debida a la corrupción por la expropiación del grupo de empresas Rumasa y su desmantelación, los abusos de poder por parte del hermano del vicepresidente Alfonso Guerra, que dedicado al tráfico de influencias en un despacho oficial en Sevilla, el caso Ibercorp que implicó al gobernador del Banco de España, el caso Filesa y otras sociedades interconectadas que cobraron a empresas privadas por estudios e informes que no se llevaron a cabo. 

 Otro de los casos sería el caso Roldán, en el que siendo director de la Guardia Civil se autoasigno fondos reservados en forma de sobresueldos. Sin olvidar el caso de los GAL, comando financiado por el gobierno con el fin de luchar contra ETA. La decadencia radicaba en que con la mayoría absoluta del PSOE el Congreso quedó reducida a la de ratificar las decisiones ya previas, el escaso interés de los ciudadanos como de la oposición. Solo a través de la Justicia que desempeñó un papel muy importante como los medios de comunicación, que contribuyó a la hora de investigar y denunciar la corrupción, sobre todo de algunos de los medios de la prensa diaria (ABC, El Mundo y Diario 16) Las elecciones de 1996 supuso el fin del Felipismo y el inicio de una nueva etapa bajo Aznar, aunque sus 156 escaños hizo necesario tener el apoyo de los nacionalistas catalanes (CIU) y vascos (PNV). Una de las primeras medidas tomadas por el nuevo gobierno fue iniciar negociaciones con los sectores sociales más hostiles al nuevo proyecto y para ello firmaría un acuerdo en el que se comprometían a garantizar el sistema de protección social público y el poder adquisitivo de las pensiones hasta el año 2001.  La política de corte neoliberal quedo plasmada con el plan de privatizaciones de empresas públicas: Repsol, Gas natural, Argentaria y Telefónica. Con ello aspiraba a modernizar el sector público y reducir el déficit para cumplir con los criterios de la moneda única. Respecto a su política europea era en líneas generales muy parecida a la del PSOE, con la diferencia de que se acercaba más al concepto de la Europa de las naciones que al modelo supranacional defendido por el PSOE.  Era partidario de encomendar a la OTAN la misión de garantizar la seguridad de Europa como fomentar las relaciones entre Europa y América y el Mediterráneo.  Si para el PSOE su política clave fue la entrada en la CEE, para los populares la clave era la unión monetaria para éxito de su mandato. Y así seria en 1999 en que la UE acordaría como moneda única – el Euro-. En los últimos años del siglo XX se produjeron conflictos europeos e internacionales en los que España se vería inmersa. Durante la crisis de Iraq (nov.1997- febr.1998) España apoyó la intervención militar de los EE.UU y Gran Bretaña y permitiendo el uso de las bases españolas. La misma tónica de apoyo fue tomada por el gobierno durante la crisis de Kosovo.  Así como de problemas internos en el caso de los nacionalistas vascos, donde ETA intensificaría su acción violenta en lucha por la independencia y el apoyo de la izquierda radical vasca, provocando la polarización de la sociedad vasca. El caso más llamativo fue el atroz asesinato del concejal popular de Ermua Miguel Ángel Blanco, y en el que millones de personas se lanzaron por todo el país con el grito de “Basta Ya”, surgiendo así el “espíritu de Ermua”. Tras las nuevas elecciones de 2000, en el que el PP obtendría mayoría absoluta, y a pesar de comentar en la campaña electoral la aspiración de hacer de España una nueva sociedad de la información y del conocimiento. Pero la España de inicios del siglo XXI era todo lo contrario, era una cultura mediocre, donde los medios de comunicación fracasaron en su misión de difundir la cultura del conocimiento. Lo único positivo era las importantes figuras de las ciencias y letras que daría nuestro país.  Los españoles ante la Europa del milenio Se establecen las conclusiones sobre el papel de España en el nuevo siglo, partiendo de que las naciones europeas se encuentran ante la dificultad de mantener su proyecto nacional y la identidad de sus culturas ante la construcción de la Unión. Los gobiernos europeos no muestran gran preocupación por el aumento de nuevos países miembros con respecto a la soberanía de  cada país. Y hace hincapié de cómo los gobiernos de España llevaban tiempo mostrando preocupación por su papel ante los nuevos retos europeos, en el que con grandes esfuerzos se ha convertido en uno de entre los cincos grandes países de la UE. En la economía experimento un notable aumento como desarrollo en un nivel cerca de países como Italia o Francia. En educación se lograron importantes avances, con un aumento de la escolarización pero no así se resolvieron los problemas estructurales de las universidades, las cuales estaban degradadas frente a las del resto de Europa, un profesorado endogámico y con escasos criterios de selección para el alumnado.  No se puede terminar sin hablar de la clase política que supo ponerse a la altura de las naciones europeas.  

Fecha de publicaciónmarzo 03, 2021

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