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Un cura en el frente

Elisa Álvarez Espejo

HOGAR NAZARET es una casa rescate en el Amazonas (Perú) donde más de 300 niños víctimas del maltrato vuelven a la vida gracias al tesón del sacerdote español don Ignacio Doñoro. Después de participar en misiones de paz en Bosnia y Kosovo como capellán de la Guardia Civil, lo dejó todo por estos niños. Con el lº Premio Internacional, dotado con 17.000 euros, adquirirán la maquinaria necesaria para trabajar la tierra y autoabastecerse.

Acudí a El Salvador como comisionado de un proyecto de ayuda humanitaria», cuenta el padre Ignacio Doñoro (Bilbao, 1964), y allí descubrí algo que nunca hubiera imaginado: vendían niños para el tráfico de órganos. Supe que un menor de 14 años iba a ser vendido por sus familiares por no tener para dar de comer a sus cuatro hermanas. Me adelanté haciéndome pasar por traficante de órganos. Barba de unos días, pinta desaliñada, camiseta vieja, zapatillas, malos modos. ¿Cuánto pedís? «25 dólares», me contestaron. Aterrorizado pagué, subimos a la furgoneta y pisé el acelerador. Me volví hacia el niño y le dije: Soy sacerdote, no tengas miedo, ¿cómo te llamas? «Manuel», me contestó. Ese nombre significa «Dios está con nosotros», le dije, nadie más te va a tocar ni a hacer daño».

Antes de ser testigo de este terrible suceso y vivir en la selva del Amazonas en Perú, el padre Ignacio Doñoro estuvo en la guerra. Participó como capellán en misiones especiales de ayuda humanitaria internacional en Bosnia y Kosovo. La primera fue en Trebinje, en 1997. «Cuando llegamos a Bosnia, teníamos órdenes de no salir del acuartelamiento por motivos de seguridad y, como no había ninguna distracción que no fuera estrictamente militar, empecé a organizar unas charlas, que llamaron las catequesis del Páter y a las que se apuntó prácticamente todo el mundo, incluidos doce soldados que se declaraban ateos. Una vez allí, les expliqué a todos que los que estaban sin bautizar iban a poder recibir el Bautismo, los que no habían hecho la Comunión iban a poder prepararse para hacerla y lo mismo a los que no estaban confirmados. En una semana se creó un ambientazo tremendo. Me hice muy amigo de los chicos ateos, a los que yo les daba, primero la catequesis, y después, ellos la daban a su vez a doce grupos diferentes (éramos tantos que se me ocurrió dividirlos). Como mis doce discípulos. Salió todo espectacularmente bien. Fue pasando el tiempo y cuando faltaba un mes para que recibieran los sacramentos, casi ninguno de los soldados se había confesado. Entonces, decidí levantarme a las cinco de la mañana y confesar durante todo el día hasta las dos de la madrugada. Dormía tres horas al día durante un mes. Fue un milagro resistir aquello, pero había muchas vidas rotas, mucho que escuchar, mucho que recomponer.PUBLICIDAD

Desde el punto de vista humanitario, la intervención de los militares españoles fue espectacular. Tanto que los americanos, que también tenían una base en Trebinje, se dirigieron a nuestro general para pedirle el manual de instrucciones para tratar a la población. «¿Cómo que un manual? No tenemos», dijo él. «Pero ¿cómo hacen para reunir a los niños y jugar con ellos?, ¿cómo consiguen los juguetes y la ropa?», insistía el americano, «nos gustaría copiar esas actuaciones en el Ejército americano». «Les aseguro que no existe ese manual por el que pregunta. Es que los españoles somos así«.

El padre don Ignacio Doñoro.
El padre don Ignacio Doñoro.

EN OTRA GUERRA

Desplegable

El padre Ignacio Doñoro se ordenó sacerdote a los 25 años. A los 28, por oposición, fue nombrado capellán de la Guardia Civil, participando en multitud de misiones humanitarias. En 2011 pidió la excedencia para fundar Hogar Nazaret.PUBLICIDAD

La segunda misión de paz en la que estuve fue en Kosovo en 2000 y una tercera en 2008. En ambas se creó un clima de aprecio entre los soldados y yo. Les quería mucho y ellos a mí. En la primera conocí a Antonio, un soldado de Sevilla de veintiún años que tenía muchísima gracia hablando. Me contó que no había hecho la Primera Comunión y me preguntó qué tenía que hacer para recibirla. Le dije que bastaba con venir a las catequesis. La preparación de Antonio fue algo muy sonado dentro del destacamento porque tenía muchos amigos. Aquellas catequesis se convirtieron en unas charlas profundísimas en las que reflexionábamos sobre el Evangelio y rezábamos juntos. Antonio era como una planta que, según le echas agua, va creciendo más y más. Hizo la Comunión, y como no teníamos medios para una celebración especial, le pedí al destacamento americano celebrarlo en su base y que ellos cubriesen los gastos de la comida. Dos veces durante la misa miré a Antonio y lo vi tan emocionado que pensé que no parecía una persona, sino un ángel.

Poco después de volver a España, me llamó porque echaba de menos nuestras charlas y para contarme que se encontraba mal. Murió una semana después de leucemia. Yo tuve una infección rara, provocada, estoy seguro, por el disgusto de lo de Antonio. Tengo la convicción de que el Señor lo había preparado para que hiciera la Primera Comunión, que era su gran deseo, y llevárselo al cielo».

El padre Ignacio Doñoro participó en multitud de misiones humanitarias.
El padre Ignacio Doñoro participó en multitud de misiones humanitarias.Hogar Nazaret

A lo largo de esos años el padre Ignacio estuvo también en Tánger, Mozambique, Colombia y El Salvador abriendo casas de rescate para niños en riesgo de extrema pobreza. Pero sería aquel encuentro con el niño Manuel, del principio de este relato, sentenciado a muerte por sus padres, junto al del cardenal africano y el de una ministra socialista, lo que definitivamente cambiaría su vida y le llevaría a hacer realidad Hogar Nazaret, en Perú, donde vive desde 2011.

«El día del rescate de Manuel, -retoma la historia-, vi en ese niño la mirada de Dios, y en ese momento cambió mi vida porque entendí que había más manueles en el mundo y Dios me pedía rescatarlos.

Mis niños podrían ser portada de cualquier telediario de las barbaridades que han sufrido. Cuando llegan a Hogar Nazaret lo primero que hago es llevarles al médico. «No hay nada que hacer», me dice el doctor. Pero cuando vuelvo a los ocho meses no da crédito y llorando me pregunta: «pero, ¿qué ha hecho?» Amarlos, contestoDON IGNACIO DOÑORO

Mi encuentro con el Cardenal Robert Sarah fue a la vuelta de un viaje a Mozambique. Por segunda vez pidió verme, la primera me conformé con enviarle una carta. No sabía qué podía querer de mí un cardenal con fama de santo, o mejor, sí lo sabía y temía escuchar lo que me iba a pedir: que hiciese Hogar Nazaret. Yo podía fácilmente conseguir dinero para los niños de las distintas misiones. Nadie me decía que no, porque lo fácil es dar dinero, si lo tienes, lo difícil es darse a uno mismo. Pero no lo dejé todo hasta mi encuentro en Kosovo con la ministra de Defensa Carme Chacón en 2009. Era chiquitita y ese día lo parecía aún más con un chaquetón prestado que le llegaba hasta los pies. Debajo de ese chaquetón había una persona espectacular. Me cogió del brazo y después de hablarme durante largo rato de su hijo Miguel y de su marido, me dijo: «Me han contado que estás ayudando a muchos niños, ¿no te gustaría dedicarte totalmente a esto? Me da la sensación que lo de ser capellán militar es solo una tapadera». Le contesté que mi sueño era llegar a coronel y con mi sueldo sostener la casa y a los niños, pero que todo requería su tiempo. A lo que ella me contestó con la misma fuerza que el cardenal Sarah: «Estás equivocado. ¿Qué pasaría si mañana te mueres?» Me quedé traspuesto. «Pide una excedencia militar antes de que Zapatero me cese como ministra, así podré intervenir si hay algún problema. Los sueños ¡hay que hacerlos ya!» Dios se sirvió de ella -la misma mujer que había eliminado los símbolos religiosos del Ejército-, para que yo hiciese Hogar Nazaret.

Una de las casas de los niños de Hogar Nazaret es una réplica del Cortijo El Chamorro en Sevilla.
Una de las casas de los niños de Hogar Nazaret es una réplica del Cortijo El Chamorro en Sevilla.Hogar Nazaret

Pedí una excedencia que me concedieron y me fui a Perú, a Puerto Maldonado, la antesala del infierno, con una situación de minería ilegal, prostitución, droga y sobre todo tráfico de personas. Después de un tiempo en el que, hasta intentaron matarme, me fui a la región de San Martín, donde vivo ahora».

Algunos de los niños de Hogar Nazaret.
Algunos de los niños de Hogar Nazaret.Hogar Nazaret

Allí el padre Ignacio empezó de nuevo Hogar Nazaret y puso en pie, hace tres años, seis casas donde acoge a 300 niños. Él vive en la suya, las niñas en Bellavista y los niños en Carhuapona, donde también ha montado una escuela de fútbol. Para atenderlos sólo contrata a mujeres. Las historias de cada uno de ellos, algunas contadas en su libro El fuego de María (a la venta en Amazon, 15,15 euros. Cómpralo aquí), son tan espeluznantes que podrían ser portada de cualquier telediario. Esos niños han sufrido lo indecible, vienen rotos, resucitan con el cariño del sacerdote, una buena alimentación y mucho ejercicio. «Lo primero que hago con ellos es llevarlos al médico. Siete de hemoglobina, infecciones horrorosas, carne purulenta…, el doctor dice: no hay nada que hacer. Me encanta volver con ellos a los 8 meses y decirle: aquí los tiene. El médico se echa a llorar y me pregunta, ¿qué ha hecho? ¡Amarlos! Es Dios quien hace el milagro. El que no crea en Dios que venga a Hogar Nazaret. Aquí devolvemos a los niños la dignidad y trabajamos para que sean personas felices. A la vez tratamos de encontrarles una estabilidad futura fiable, con algún pariente que con garantía y seguridad pueda hacerse cargo de ellos. Tenemos dos máximas: El perdón nos libera y se enseña a amar, amando. Hace poco recibieron unos terrenos, en los que el sacerdote ha montado una explotación agropecuaria para cultivar, mantener ganado y autobastecerse. «El objetivo, además, es obtener ingresos con los excedentes de producción. Ya empezamos a sembrar y en muy poco tiempo -las condiciones climatológicas ayudan, hemos tenido resultados».

El padre Ignacio con el tractor que adquirió con donaciones la última vez que estuvo en España en 2020.
El padre Ignacio con el tractor que adquirió con donaciones la última vez que estuvo en España en 2020.Hogar Nazaret

Con el premio TELVA adquirirán maquinaria para el cultivo de arroz. «Este proyecto también servirá para enseñar a la gente de aquí a aprovechar correctamente los recursos naturales de la zona». Cuando le pregunto si es feliz, no lo duda. «Mi felicidad es la felicidad de la Persona a la que amo y estoy seguro de que Dios sonríe cuando mis niños sonríen». (hogarnazaret.es)

Este premio está patrocinado por Inditex (9.000 euros), Allfunds (6.000 euros) y Unidad Editorial (2.000 euros).

Fuentetelva.com
Fecha de publicaciónmayo 25, 2021

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