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Una Legión de valores

Álvaro Sánchez León

El 28 de enero de 1920 un decreto de dos párrafos del Ministerio de la Guerra dio luz verde el Tercio de Extranjeros, hoy Legión. Entonces, Millán-Astray. Hoy, cerca de 5.000 hombres y mujeres con el firme deseo de servir a la sociedad desde este cuerpo de élite del Ejército de Tierra. El capitán Perales lleva doce años con este uniforme. Desde el Tercio Don Juan de Austria vive entre la tradición y la renovación las esencias de una Legión de valores que son ejemplo de ciudadanía. Mucho más allá de la cabra y de El novio de la muerte, estos militares están cada vez más a pie de calle. Recientemente hemos agradecido su desempeño en la Operación Balmis durante la pandemia y contra los efectos de Filomena. Sostiene Perales que “el cariño y el respeto de la sociedad nos anima a seguir trabajando con abnegación”. 

El capitán Perales tiene 39 años y es legionario desde el 15 de mayo de 2009. Tercio Don Juan de Austria 3º de la Legión. Base Álvarez de Sotomayor. Viator. Almería.

He pedido al Ejército de Tierra hablar con un legionario que me cuente su historia para hacer una radiografía, y me han puesto en contacto amablemente con el capitán Perales, que defiende sus colores con tono firme y voz sincera, aunque un legionario, a veces, me da la impresión, no sabe si la prensa lo acompaña o le prepara una emboscada en sus titulares. No sabe si la prensa busca tambores de guerra o viene en son de paz. Porque la Legión está ahí, siempre, al borde de los tópicos y de las dianas de la inercia en muchas redacciones, aunque la opinión pública aplauda sus pasos, sus desfiles, sus misiones, su relación estrecha con la sociedad, su impronta, su personalidad.

Habla. Pero habla con el manoslibres en mitad de un despacho. Prefiere no dar su nombre civil. Bueno. Yo quiero saber quién es, qué hace, cómo nace un legionario a estas alturas del siglo, a qué se dedican, cómo piensa él y como se ve en el espejo del mundo. Pretendo conocer cómo es la médula espinal del hombre en uniforme y del hombre que cuelga el uniforme y se va a su casa, y se convierte, aparentemente, en un paisano más. Qué tipo de ciudadano es el que se deja las pestañas en este cuerpo. ¿Siguen burbujeantes los valores de la Legión? ¿Son positivos para la sociedad? ¿Qué esencia permanece tintineante a estas alturas de sus cien años intensos de vida?

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Un cuerpo de élite

La Legión es una unidad de infantería con consideración de cuerpo de élite dentro del Ejército de Tierra. Por un lado, unos 3.000 legionarios en dos tercios: el Don Juan de Austria, en Almería, y el Alejandro Farnesio, en Málaga. Sur. Dependiendo de la comandancia de Melilla y Ceuta, otros dos tercios: el Gran Capitán, en Melilla, y el Duque de Alba, en Ceuta. Más sur. Ambas unidades agrupan aproximadamente a 1.600 legionarios.

El 28 de enero de 1920 se publicó el decreto de creación de lo que se llamó Tercio de extranjeros. A penas dos párrafos firmados por el ministro de la Guerra, José Villalba Riquelme.

El 20 de septiembre de ese mismo año se alistó el primer legionario: Marcelo Villeval Gaitán, “un hombre en la madurez de los 30 años, un natural de Ceuta que veía muy de cerca el peligro de la insurgencia rifeña. Fue enseguida ascendiendo a cabo, sargento y brigada por méritos de guerra, lo que indica que era disciplinado y sobre todo valeroso, porque sin valor en la Legión, como en los toros, no había nada que hacer”, reseñaba hace casi un año Luis Reyes Blanc en Vozpópuli. El primer legionario que se alistó en la Península fue Aníbal Calero, aunque no goce de ninguna buena fama.

José Millán-Astray fue el fundador de este cuerpo. Su objetivo era poner en marcha una fuerza de choque para combatir la guerra de Marruecos y reducir las altas bajas de la guerra. En sus filas se alistaron españoles y foráneos en lo que fue Tercio de Extranjeros, después Tercio de Marruecos, después Tercio, y, finalmente: la Legión.

La historia de la Legión se activó primero en Marruecos, después, en la revolución de Asturias de 1934, y en el bando de Franco durante la guerra civil… A partir de la década de los 90 comenzaron las misiones de paz internacionales en los Balcanes, Líbano, Mali, Irak y Afganistán… Y después vinieron también las misiones de asfalto interior. Durante la pandemia, la Legión ha formado parte de los 2.500 efectivos desplegados por el Ministerio de Defensa en la Operación Balmis liderando actividades de desinfección de espacios públicos que la sociedad agradece particularmente. Y también ha sido clave su desempeño y el de la Unidad Militar de Emergencias durante el temporal Filomena. Lejos. Cerca. Desde el sur. Con un norte claro.

Como se observa, la Legión es más que un uniforme, un do de pecho, El novio de la muerte o una cabra. Mucho más.  Sobre todo, la Legión es la suma del talento, la entrega, el honor, el pundonor, la valentía, el servicio, la honestidad, la ayuda y la moral de victoria de cada uno de sus miembros. Con sus nombres, sus apellidos, sus cargos, sus mochilas, sus familias, sus aspiraciones y sus vocaciones tamaño 8×8 Dragón.

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Orgullo de pertenencia

Perales ejerce en el tercio de don Juan de Austria: una unidad administrativa con capacidad para desarrollar misiones operativas que vela también por los aspectos que rigen la vida diaria de las unidades subordinadas. Centraliza la gestión logística, tanto de personal, como de material, los asuntos financieros y los de justicia. Su misión es ocupar y defender el terreno, mediante acciones tanto ofensivas como defensivas caracterizadas por la velocidad, flexibilidad y fluidez en sus despliegues. Pim. Pam. Pum. Listos.

El capitán Perales está “muy orgulloso” de su pertenencia a este cuerpo, que considera “una unidad diferente al resto”. Destaca, sobre todo, “su cohesión y su espíritu de familia”. No hay ascendentes militares en su árbol genealógico, pero desde los catorce años él sabía que su destino era el Ejército, y su vocación concreta, la Legión. “Desde muy joven supe cuál era mi camino, y eso me motivó mucho para estudiar hasta conseguirlo”.

Acabó COU -segundo de bachillerato actual-, superó la selectividad -hoy, EVAU- y la oposición, e ingresó en el Cuerpo de Oficiales del Ejército en la Academia Militar de Zaragoza. Los primeros pasos tuvieron sus “momentos difíciles”, pero “tener una idea clara y rotunda sobre el trabajo que deseamos ayuda a ser consecuente”. Diecisiete años después de aquel primer peldaño, el capitán Perales está agradecido porque desarrollar su vocación en el Ejército le está suponiendo “una gran oportunidad de superación personal”.

“Yo me hice legionario por vocación con la ilusión de servir a la sociedad”. Desde entonces valora “el compañerismo y la unidad. Todos somos uno. Todos tenemos un objetivo común”. “Aquí, cuando se encaja, se vive con mucha naturalidad en un cuerpo con ambiente de familia”.

En este tiempo, el capitán Perales ha estado en dos misiones en Afganistán. Entre acción y acción, “nuestro trabajo diario consiste en estar permanentemente preparados para cuando la nación lo precise”.

Me habla de formación física, técnica, táctica. Instrucción físico-militar. Carreras, circuitos de fuerza, combate, tiro, primeros auxilios, transmisiones, técnica de armamento, técnica de maniobras… Salen al campo. Ponen en práctica lo aprendido. Protagonizan sesiones de adiestramiento en grupo. Están vivos y en punto para cuando haga falta, sin dejar que el óxido de las oficinas se convierta en grasa para cuerpos y mentes tonificados entrenados para estar dispuestos. 

“Yo me hice legionario por vocación con la ilusión de servir a la sociedad”

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Un credo con eco social

Insiste Perales en el equilibrio fundamental entre tradiciones y renovación que afecta al presente y al futuro de cualquier institución centenaria. Porque la Legión tiene 101 años de vida y, por ejemplo, desde mediados de los noventa incorpora mujeres. Hoy ellas son, aproximadamente, un décimo del total. Un décimo que pisa fuerte.

El capitán Perales está en esta unidad después de dos destinos previos. “Pero aquí da igual de donde vengas. No importa tu vida anterior y eso es muy característico de la Legión”. La cosa es que “ser legionario imprime carácter. No se puede ser legionario solo de 08.00 a 15.00. Todo lo que somos tiene su reflejo las 24 horas del día, los 365 días del año. El saber estar, las formas, los principios de conducta se extienden, como no puede ser de otra manera, al resto de nuestras vidas, hasta convertirnos en un ejemplo de ciudadanía. Eso la sociedad lo percibe”.

“No se puede ser legionario solo de 08.00 a 15.00. Todo lo que somos tiene su reflejo las 24 horas del día, los 365 días del año”

Los valores de su desempeño legionario son los mismos que mueven al resto y son tan claros y tan lapidarios que se recogen en un credo propio. La esencia de esta mística sentencia que “el espíritu del legionario es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta”. Esa valentía y esa disposición resultan naturales en un clima de espíritu de compañerismo -“con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre [o mujer] en el campo hasta perecer todos”-, de amistad o bajo el precepto de unión y socorro –“a la voz de ‘a mí la Legión’, sea donde sea, acudirán todos y, con razón o sin ella, defenderán al legionario que pide auxilio”.

El credo legionario incluye el espíritu de lucha, que se resume en que “jamás un legionario dirá que está cansado, hasta caer reventado. Será el cuerpo más veloz y resistente”. Sufrimiento y dureza, porque entre esa cultura innata de la anti queja se detallan la fatiga, el dolor, el hambre, la sed, el sueño… El legionario “hará todos los trabajos: cavará, arrastrará cañones, carros, estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que le manden”, y “cumplirá su deber y obedecerá hasta morir” asintiendo a su espíritu de disciplina. Y eso no es sumisión, sino deseo de servir en 3D y ofrecer a sus conciudadanos la mejor de sus potencias.

Sintetiza Perales este credo hablando de “entrega, amistad, honor, sacrificio, interés social antes que el personal, respeto a las culturas y a otras razas”, unos valores que “la sociedad percibe y, de alguna manera, admira. Sentirnos tan queridos y respetados por los ciudadanos nos motiva a seguir hacia adelante con un compromiso férreo”.

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Esencias y renovación

Perales considera que “la Legión tiene un gran prestigio internacional” y que está “por encima de la política” de turno. Afirma que “cada uno de nosotros notamos el cariño de la sociedad”, más allá de los tópicos que a veces lideran contra el Ejército algunas fuerzas políticas, a pesar de ser, crónicamente, una de las instituciones españolas mejor valoradas en los barómetros del CIS.

En este centenario de vida, la Legión avanza, aunque permanecen algunos estereotipos en el universal mediático. “Nos adaptamos a los tiempos”. ¿Barba larga? ¿Patillas? ¿Pura testosterona? “Evolucionamos buscando siempre el equilibrio con la tradición. Tendremos otro armamento, otro uniforme, otras botas y mejores medios, pero la esencia seguirá siendo la misma”.

Después de diecisiete años en el Ejército, doce de ellos en la Legión, las expectativas laborales del capitán Perales se centran en “mantener el espíritu y no contentarme con hacer solo lo que debo para ir siempre a más”. Este afán de superación permanente es lo que él ve a su alrededor, y por eso me habla de “contagio positivo, porque todo se transmite, entre superiores, mandos, y tropa, porque trabajamos en un clima cercano e intenso”.

“Mis perspectivas de futuro se centran en mantener el espíritu y no contentarme con hacer solo lo que debo para ir siempre a más”

Destaca el nivel de exigencia personal “que se multiplica en el grado de compromiso de toda la Legión”. Destaca el ejemplo de superiores suyos que “siempre han ido dos pasos por delante, pensando en qué hacer para mejorar”. Y también, el ejemplo de los subordinados, “que transpiran una entrega y una disponibilidad totales”.

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Hasta la muerte

El credo legionario incluye un dogma especial: “El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde”.

            -¿Usted no tiene miedo a la muerte?

            -Cuando hago mi trabajo, no me lo planteo. Cualquier militar asume que su misión es por la sociedad y está encima de la propia vida.

Ni siquiera durante la pandemia el miedo a un contagio, a un ingreso, a una UCI, a una pronación inundada de incertidumbre o a un requiescat in pace han paralizado su afán de servicio en modo Legión. La “abnegación es una realidad muy presente en la vida militar”, comenta. No es mala bandera. Según el diccionario de la Real Academia Española, la abnegación es la capacidad de renunciar voluntariamente a los propios deseos, pasiones o intereses en favor de otros. Unos 5.000 legionarios andan por ahí, abnegándose constantemente debajo de sus uniformes. Hombres y mujeres generosos. Como para no agradecer a cada capitán Perales -con sus nombres propios y sus apellidos tras el cargo- de estos 101 años, la calidad sincera de cada acción de una Legión de valores con honores.

Fecha de publicaciónjulio 10, 2021

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